Sabemos que el mundo es pasajero y nada de lo que hay en el vale la pena, pues nuestro Señor es EL VERDADERO y es quien nos da todo lo que necesitamos. Muchas veces oímos que es necesario tomar cuidado con nuestras elecciones, pues ellas pueden intervenir en el resto de nuestras vidas. También oímos que necesitamos estar todo el tiempo oyendo la voz de nuestro amado Señor, siendo sensibles al Espíritu por medio de invocar Su nombre. No obstante, sabemos que nuestra carne no se convierte y siempre debemos tratarla. Es por esto que surgen estas preguntas: “¿Y si caigo? ¿y si peco? Siempre escuché las dulces Palabras de mi Señor durante toda mi vida y, ahora, después de todo eso, ¿todavía caigo? ¿Todavía peco?  ¿Todavía hay cosas en el mundo que me atraen? ¿Por qué pasa eso?”

Joven, esto sucede porque somos humanos y, en el mundo, realmente, existen cosas que atraen nuestra carne y el enemigo está las 24 horas trabajando para hacernos pecar contra Dios, pues él sabe que nuestro futuro es reinar con el Señor. Nosotros gobernaremos el mundo venidero –lo que él siempre quiso ser, seremos nosotros (Hb 2:5-8). Satanás sabe que su tiempo se está acabando y por eso quiere hacernos caer.

Entonces, ¿qué haremos? Purifica tu conciencia día a día. ¿Cómo? Juan escribió: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn 2:1). Muchas veces, al sentir la reprobación del Espíritu, viene el acusador para condenarnos (Ap 12:10). Por tanto, recuerde que el arrepentimiento proviene de Dios, generando vida y que las acusaciones provienen de Satanás, generando muerte. Tenemos la sangre de Cristo que nos limpia de todo y cualquier pecado (1 Jn 1:7); por eso no permitas que el enemigo te acuse y te condene diciendo que no eres merecedor del perdón de Dios y que tu lugar es en el “barro”. Hay una autoridad espiritual dentro de ti que puede callar la boca del diablo (Mt 18:18). ¡La sangre de Jesús es poderosa! Él quiere y puede perdonarte. De lo contrario, no habría ningún sentido de Su muerte en la cruz (Flp 2:8).

Pero joven, no te engañes pensando que ahora puedes pecar y después es sólo aplicar la sangre. ¡No es tan así! El perdón viene a través de tu confesión y arrepentimiento (1 Jn 1:9). Si no hay arrepentimiento, ¿cómo habrá perdón? Si vuelves a las mismas prácticas y piensa: “ah, después aplico la sangre”, no estarás valorizando lo que Cristo hizo por ti. Nuestro arrepentimiento tiene que ser de 180 grados.

Entonces, “¿cómo sabemos si recibimos el perdón de Dios?” ¡Es simple! Sentirás paz y alegría en tu interior. Y además, ¡habrá un cambio de actitud! El Señor no recordará más nuestros pecados, todo será borrado (Hb 8:12). “¿Pero si mi pecado trae consecuencias graves y altera todo el plan de Dios en mi vida? ¿Y si no consigo levantarme?” Joven, ¿te has arrepentido? Si es así, el Señor es fiel y justo. No te olvides que ¡después del arrepentimiento todo es perdonado y olvidado! No estamos diciendo que no existirán consecuencias. No es eso. Pero cuando nos volvemos al Señor, hay un cambio. Toda nube de maldición es transformada en bendición (Ne 13:2) y sus consecuencias serán usadas para tu crecimiento de vida. Pues “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro 8:28).

Joven, el Señor no dijo que no caerías, sin embargo, Él siempre manda alguien para levantarte (Sal 37:24). Por lo tanto, ¡sólo quedamos en el suelo por elección! Por eso, ¡no te aísles! porque ahí sí que no habrá nadie cerca para ayudarte (Ec 4:10).

“¿Y aquellos sufrimientos y decepciones diarias que nos desaniman en medio del camino?” Ellos siempre aparecen, ¿no es verdad? Y parece que cuanto más consagrados, más atacados somos. No es que parece ser así, sino que realmente es así. A veces, no entendemos el motivo de pasar por ciertas situaciones. Siempre preguntamos a Dios el porqué de aquel tormento o tentación. Sin embargo siempre hay un objetivo – ¡nada de lo que Dios hace es en vano! ¡Todo tiene un propósito! Cree: si estás pasando por algo así, es para que haya crecimiento y maduración dentro de tu ser. Dios necesita que adquieras experiencias para que, en el futuro, puedas ayudar a otros. Puedes tener certeza que cada situación levantada es necesaria, pues a través de ella aprendemos a confiar más en Señor y depender más de Él (1 Pe 4:12-13).

Jesús es maravilloso y no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. ¡Él nos conoce completamente! Por tanto, quédate tranquilo: existen sufrimientos necesarios, sin embargo, hay algunos que tu los eliges. Joven, presta atención a esto y toma mucho cuidado con tus elecciones (1 Co 10:12-13). No te olvides de que nuestro Señor nos dijo: “no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Jn 2:1). Por lo tanto, si te encuentras en esta situación, ¡no demores! ¡Aplica la sangre de Jesús rápidamente y vuelve para el Señor! ¡Aleluya!

Traducción del artículo “E se eu cair?” (Blog Eu vos Escrevi).

Português

English

Anuncios