“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.” (2 Ts 3:5)

En un día animado, en otro, desalentado. En un día amable, en otro, malhumorado. En un día tranquilo, en otro, agitado. ¿Quién no conoce personas así? -si es que no eres una de ellas-.Nuestros sentimientos y las circunstancias a nuestro alrededor son variables, pero nuestra vida con Dios no puede ser de esta forma. Muchos, al oír una palabra en una conferencia, por ejemplo, tienen el fuerte deseo  de practicarla, pero luego se desaniman. Hay también aquellos que dejan de ir a una reunión de la iglesia por no estar sintiéndose bien ese día y con el tiempo hasta paran de reunirse. No obstante, Dios quiere llevarnos a ser firmes, estables, constantes como Cristo. ¿Pero cómo eso puede volverse una realidad en nosotros? Apenas por la fe; pues vivimos por fe (Hb 10:38), y no por sentimientos.

La fe es recibir algo como una verdad inalterable. Después de creer, aquello es un hecho inmutable para ti. No hay mas cómo cuestionar, dudar o calcular si va a dar cierto. ¡Eso acabó! Ahora, lo que tienes que hacer es sólo esperar por la manifestación de ese hecho. Esa debe ser nuestra actitud para con la Palabra de Dios. En la Palabra leemos que para Dios no hay nada imposible y que un poco de fe puede mover montañas (Mt 17:20). Para eso necesitamos creerlo. Leemos,  también, que Su Espíritu habita en el interior de aquellos que creen en Él (Rm 8:14). Es la Palabra de Dios quien lo dice. Es un hecho, independientemente de tus sentimientos. También necesitamos creer que este mismo Espíritu, que está en nuestro interior, es el que nos hace obedecer a la Palabra de Dios. El Señor nunca dijo que debemos servirlo en función de nuestros sentimientos cambiantes, sino que vivimos por fe. La Palabra dice que no dejemos de congregarnos (Hb 10:25), y ella no hace excepción para cuestiones sentimentales.

Debemos recordar a cada momento que nuestros sentimientos, además de ser influenciados por nuestra vida humana caída, también pueden ser afectados por Satanás. Por lo tanto, es de gran importancia estar vigilantes, buscando estar en nuestro mejor estado de comunión con el Señor. Este debe ser nuestro padrón. Si hoy me desanimé aunque sea un poco con la vida de la iglesia con relación a ayer, necesito buscar inmediatamente la presencia del Señor, contemplando Su palabra. ¡Esto es seguridad para nosotros!

Cuanto más conozcamos a nuestro Dios, más confianza en Su Palabra tendremos. Necesitamos tener la práctica de orar y leer la Palabra todos los días. Esto hará nuestra fe crecer.

Traducción del artículo “Constantes como Cristo” (Blog Eu vos Escrevi).

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