“Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová” (1 Sm 2:1a). ¿Sabías que la Palabra de Dios está llena de misterios? Y ¿cómo podemos revelarlos? En el libro “La Oración de Ana” descubriremos que al leer la Palabra con oración ganamos el Espíritu de sabiduría y revelación, y que los misterios son descubiertos través de una lectura saludable.

La Biblia es como un gran mapa de la caza del tesoro ¡y nuestro mayor tesoro es la vida contenida en cada palabra escrita en ella! ¡Y es por esta vida que somos alimentados! (Ef 1: 16-17). Al leer la Biblia, hoy encontraremos el “maná”. El maná en el Antiguo Testamento, fue usado por Dios para anunciar a Cristo como nuestro verdadero alimento que bajó del cielo para sustentar a Su pueblo. Este mismo maná está presente hoy en la Palabra de Dios (Juan 6: 31-35). Al leer Su Palabra encontramos dos aspectos del maná: el “maná visible”, que es la Palabra de Dios escrita, y el “maná escondido”. ¿Te acuerdas de que al principio hablamos de descubrir los misterios de la Palabra de Dios? Es a eso que se refiere con el “maná escondido”, al cual lo encontramos detrás de cada una de Sus palabras, que es la gracia de recibir una porción especial (Apocalipsis 02:17). Y, por supuesto, ¡ambos son necesarios para suplir nuestra vida! Eso es lo que nos enseña el libro “La Oración de Ana” y nos anima a hacer lo mismo. Vamos a aprender a comer, masticar y convertir Su Palabra viva en nuestra oración.

Cuando oramos, nos damos cuenta de que nuestra oración se convierte cada vez más profunda y llena de significado espiritual, alcanzando profundamente el corazón de nuestro Señor, ¡adquiriendo así una gran intimidad con Dios! Día a día Su vida se incrementará en nosotros y aprendemos a alegrarnos en el Señor en cada situación. Pero ¿cómo podemos regocijarnos en el Señor? ¿qué debo hacer para que eso ocurra? Una vez más ¡oración! Muchos de nosotros nos regocijamos porque recibimos regalos, elogios o escuchamos una canción… todo esto alegra nuestros corazones, pero estas cosas son fugaces y, por lo tanto, también nuestra alegría. ¡En este libro aprenderemos a regocijarnos en quien es VERDADERO, que JAMÁS PASARÁ y es SIEMPRE NUEVO! No debemos regocijarnos en lo que Él nos da, sino en ¡quien es nuestro amado Señor Jesús para nosotros!

Al hablar con Dios, sólo tienes que abrir tu corazón a Él, ¡Ana lo hizo! Dio todo su dolor y angustia de corazón a Dios, pidiendo ayuda a gritos. ¿Tú crees que Dios ya no lo sabía todo? ¡Por supuesto que lo sabía! Pero Él quiere y necesita escucharnos. ¡Dile todo al Señor sin miedo y sin reservas! Cuando Ana le dijo todo a Dios, ella conoció más al Señor y ganó más intimidad con Él (Salmos 25:14).

Pero, ¿cómo Ana supo que Dios la escuchaba y que estaba siendo contestada? Simple: ella vio la necesidad de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Ana tenía una comunión tan íntima con el Señor que tocó el corazón de Dios. Su primera oración era simple, como todos nosotros en general empezamos nuestra oración, presentando nuestro deseo a Dios. ¿Qué fue lo que ella presentó? Su profunda tristeza de no ser capaz de generar un niño acompañado de un deseo de tenerlo. Así que cuando ella empezó a orar, ella permitió ser conducida por el Espíritu; fue guiada y percibió la necesidad que la familia tenía de tener un descendiente de preservar la herencia. Y como el Espíritu guió todo, ella descubrió que tenía no sólo una necesidad, sino que Dios también la tenía. En esa época se necesitaba un rey para gobernar al pueblo de Dios, y sería a partir de su hijo, Samuel, de quien el rey surgiría. Ana le pidió un hijo porque sabía que Dios también tendría que cumplir Su plan. Fue por eso que consagró a su hijo al Señor e hizo un voto de decidir no pasar la navaja sobre la cabeza del niño. ¡Oración respondida! La oración que empezó con una necesidad personal, se amplió a la familia y, finalmente, ¡llegó a la necesidad de Dios! Así como Ana, el Señor Jesús también fue suplido.

Joven, en ese momento es posible que estés sintiéndote estorbado por muchas informaciones que el mundo transmite. Tal vez no estés pudiendo profundizarte en la grandeza de Dios y la mayor dificultad es separar un tiempo para hablar con Él. Por lo tanto, te proponemos un desafío ¿aceptas? ¿Qué te parece ir a la “montaña”, un lugar donde puedas estar solo y orar, clamar para pedir ayuda, al igual que Ana, presentando todo a Dios? Ora creyendo que todo ya está hecho (Mc 11:24). ¡Persevera! No te rindas, porque Dios te hablará… Él siempre responde. Siempre que toquemos en la necesidad de Dios y se encuentre camino en nosotros para que se pueda cumplir, seremos contestados. Permítete conocer a Dios profundamente. El libro “La oración de Ana” cambiará tu forma de orar y de leer la Palabra de Dios. ¡Probarás el tamaño de la riqueza que Cristo tiene para ofrecerte! ¿Dejarás pasar esta oportunidad? ¡Jesús es el Señor!

 

Datos del Libro

Título: La Oración de Ana

Editora: Árbol de la Vida

Páginas: 69

Primera edición: mayo/1999

Mensajes dados por el hermano Dong Yu Lan en Marzo/1994 en la ciudad de Cuiabá, MT.

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