En este artículo trataremos el andar de los hijos de Dios, pero primero… ¿qué es ser un hijo de Dios?

  ¿Qué es ser un hijo de Dios?

 El apóstol Juan comienza el tercer capítulo de su primera epístola así: “Mirad cual amor nos ha dado el Padre al hacernos hijos de Dios, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.” (1 Juan 3:1). Cuando creemos en nuestro corazón que Jesús, el hijo de Dios, vivió como hombre, murió para salvarnos, y fue resucitado por el Padre de entre los muertos, y con nuestra boca lo confesamos como Señor, somos salvos (Romanos 10:9-10). A partir de ahí, pasamos a ser hijos de Dios.

Lamentablemente, el termino “hijo de Dios” fue desvalorizado hoy en día, y muchas personas tiene el concepto de que todos son hijos de Dios. Por ejemplo, en algunas situaciones es común que las personas usen la expresión “hijos de Dios” para decir que son dignas de algo. En realidad todos fuimos creados por Dios y somos Sus criaturas. A la luz de la verdad vemos que “a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12). ¡Hijos son aquellos que reciben a Cristo y creen en Su nombre!

El andar de los hijos de Dios – La Epístola de Efesios

 Creo que tú, que estás leyendo este texto, ya eres un hijo de Dios (si no, ¡aún hay tiempo de buscar al Señor y ser salvo!). En los primeros tres capítulos de su epístola a los Efesios, Pablo presenta una visión macroscópica del plan eterno de Dios -el cual es celestial y elevado. A partir del capítulo 4, comienza a desenvolver la práctica de esa visión. Pablo comienza hablando sobre andar de modo digno por la cual fuimos llamados (vs. 1). En ese versículo andar significa practicar, refiriéndose a nuestro vivir.

En su tercera epístola, Juan dice que no tenía mayor alegría que el saber que sus hijos andaban en la verdad. Así vemos que debemos andar según el llamamiento que recibimos, es decir, tenemos que tener un andar digo de alguien que es hijo de Dios. En los versículos del 18 al 21 de Efesios 5, vemos que tenemos que tener ese andar en el vivir de las reuniones de la iglesia; del versículo 5:22 al 6:4, vemos ese andar en el vivir familiar; del 6:5 al 9 vemos sobre el vivir social; y del 6:10 al 20, en el vivir de la batalla espiritual. Es decir, en todo momento de nuestra vida debemos tener un andar digno de la vocación a la cual fuimos llamados.

Pablo nos muestra, en el libro de Efesios, los 5 aspectos del andar de los hijos de Dios: andar en la gracia, andar en la verdad, andar en el amor, andar en la luz y andar en el espíritu.

 1- Andar en la gracia:

En Efesios 4:7 dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Junto a éste y el versículo 1, percibimos que necesitamos de la gracia para practicar la Palabra. Del versículo 11 al 13 se nos muestra que el propio Señor Jesús, por Su gracia nos concedió dones con el fin de que seamos perfeccionados. Perfeccionamiento significa volverse perfecto. El Señor quiere que nos volvamos perfectos en nuestro andar (Gn 17:1). Él mismo nos concede gratuitamente lo necesario para que ese proceso ocurra, pues solamente Él es perfecto. Eso es gracia: no somos capaces pero ¡Él nos suple!

 Muchas personas se esfuerzan innecesariamente en busca de la auto-perfección. La verdad es que por su propio esfuerzo, ningún hombre es capaz de alcanzar ese objetivo. Si quieres ser perfecto, necesitas de la gracia de Cristo; ¡sólo por medio de Él y de Su gracia es posible! (Si quieres saber más sobre el tema, recomendamos el libro: “La Búsqueda de la Auto-perfección: ¿Una Ilusión Cautivadora?” – Editora Árbol de la Vida).

2- Andar en la Verdad:

 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles que andan en la vanidad de su mente, […] y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Ef 4:17, 24). La palabra “vanidad” significa “hueco”, “sin contenido”. El vivir de los gentiles, de aquellos que no temen a Dios, es sin contenido. La vida de una persona así es sin contenido, que tiene como fin a ella misma, es vana y de pura apariencia.

“Verdad” también puede ser traducido por “realidad”. Un hijo de Dios no puede vivir de pura apariencia. Infelizmente, cuando están con los hermanos, muchos jóvenes se comportan de manera digna de ser llamados hijos de Dios, pero fuera de la presencia de los hermanos son totalmente diferentes y tienen actitudes inadecuadas. El testimonio de esos jóvenes no va de acuerdo con su filiación. Eso es vivir en apariencia, en andar en vanidad como los gentiles.

Joven, si ese es tu problema, necesitas ser renovado (vs. 23-24). Gracias al Señor porque Él mismo es la verdad (Juan 14:6). Él siempre está dispuesto a concedernos perdón y llenarnos de Él mismo. Si quieres tener un vivir de realidad, busque llenarse del Señor, pues Él es la propia verdad.  

3- Andar en el amor:

 En Efesios 5:1-2a leemos: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor.” Ese versículo nos muestra que andar en amor es tener una vida de sacrificios a favor de los otros, como también Cristo la tuvo. En la primera epístola de Juan, especialmente en el capítulo 4, vemos lo que es el amor. El versículo 19 nos muestra que “nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” y el 20 “el que no ama a su hermano a quien ha visto ¿cómo puede amar a Dios a quién no ha visto?”.

Andar en amor es amar a Dios y a las personas. Ese amor no viene de nosotros mismos, ya que somos incapaces de amar verdaderamente a las personas. El Señor Jesús nos amó y dio su vida por nosotros. Conocemos ese amor, nos rendimos a Él, por eso amamos a Dios y a aquellos que están a nuestro alrededor.

Como ya dijimos, al creer que Jesús, por amor, murió por nosotros, nos volvimos hijos de Dios. Un hijo tiene la vida del padre, de aquel quien lo generó. Nosotros tenemos la vida de Dios y Dios es amor (1 Juan 4:8). Andar en amor es dejar que el amor de Dios crezca en nosotros, llevándonos a amar más a las personas, a tener compasión por ellas, y hasta a morir para que conozcan y tengan también ese amor. Alguien que ama de la manera que Dios ama (vs. 11) “es sufrido, benigno, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Co 13:4-7).

Joven, quizás pienses que ese es un padrón muy elevado de amar y que es imposible amar de esa forma, mas al final de este texto verás que es posible cumplir todos esos “andares”.

 4- Andar en la Luz:

 “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef 5:8). Dios nos libró del imperio de las tinieblas (Col 1:3). El mundo es el imperio de las tinieblas, en el no hay luz y las personas andan sin saber para dónde van. Cuando andamos en un lugar sin luz, no vemos lo que está en nuestra frente ni tampoco dónde estamos pisando. Es así como viven las personas que están en el mundo. Nosotros somos hijos de la luz, pues Dios es luz (1 Juan 1:5); no podemos andar en tinieblas como lo hacíamos antes.

 Hoy en día, el mundo -el sistema creado por Satanás para dominar a las personas y cegarles el entendimiento- dicta reglas que están afectando cada vez más la moralidad y la ética. Vemos que todos aceptan tales reglas y siguen su curso, pues están ciegos, en tinieblas. No debemos luchar solamente por la ética y la moral, sino que debemos ser la luz del mundo (Mt 5:14). Es la luz quien reprueba a las tinieblas.

El Señor Jesús nos dice en Juan 8:12 que Él es la luz del mundo y que quien Lo sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida. Nosotros tenemos a Cristo, la luz, en nuestro interior. Si vivimos en Él según Su palabra, seremos la luz del mundo y aquellos que viven en tinieblas verán algo diferente en nosotros. Seremos personas totalmente diferentes. Joven, tu deber es llevar luz, el Cristo que hay dentro de ti, a las personas que viven en tinieblas con el fin de que ellas también reciban la luz de vida. Tu deber no es educar a los que están en el mundo para que vivan de acuerdo a los preceptos morales y éticos cristianos, sino a llevar la propia luz a exponer aquello que está escondido por las tinieblas ¡para que las personas tengan al Señor como luz!

 5- Andar en el Espíritu:

 En el punto 3 dijimos que al final del texto verías que es posible cumplir todos esos “andares” y andar como un hijo de Dios. Bueno, éste es el último punto en el cual hablaremos de andar en el espíritu.

Antes que nada, conviene destacar que, si bien, por un lado es posible cumplir todos los lados mencionados, por el otro, es necesario dejar en claro que aunque nos esforcemos al máximo, no conseguiremos andar según lo que fue hablado en los puntos anteriores por nosotros mismos; como hombres somos incapaces de hacerlo. Aún así, la palabra nos dice que  Dios es amor (1 Juan 4:8) y luz (1 Juan 1:5). Jesús también nos dice que Él mismo es la verdad (Juan 14:6). Vemos en Efesios 2:4-9, que la gracia es un don de Dios que se nos fue concedido por la fe en la obra hecha por Su Hijo, Jesucristo.

Creemos que Cristo es Dios y que en Él podemos disfrutar del Dios Triuno, pues Dios hizo que en Él se convergiesen todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra (Ef 1:10). Si hay alguien capaz de andar en la gracia, en la verdad, en el amor y en la luz, ese alguien es Cristo, porque en Él están todas las cosas. ¡Él mismo es la gracia, la verdad, el amor y la luz! Además, es por medio de Cristo que Dios dispensa todas Sus bendiciones, todo lo que Él es (Ef 1:3).

Gálatas 4:6 nos dice que por ser hijos “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. Andar en el espíritu es la consumación de los 4 tipos de andares. En nuestro corazón está el Espíritu del Hijo, del Consolador, que está en nosotros y nos enseña todas las cosas (Juan 14:16-26). Porque Él vive, nosotros también vivimos. Si es Él quien vive en nosotros (Gl 2:20), entonces viviremos en la gracia, porque Él es quien nos concede la gracia; viviremos en la verdad porque Él es la verdad; viviremos en la luz porque Dios, el Padre, es luz, y, siendo Él y el Padre uno (Juan 10:13), Él mismo es la luz del mundo; y, de la misma forma, viviremos en amor porque Dios es amor. Sí, amaremos a las personas como Él nos amó, porque ese amor no proviene de nosotros, pero sí del propio Dios (1 Juan 4:7).  ¡No somos nosotros mismos, sino Dios en nosotros!

Joven, quizás al mirarte a ti mismo te sientas incapaz. Pero, como leímos: sí, eres hijo de Dios y ¡Cristo habita dentro de ti como vida! Cuanto más crece esa vida, más andarás como un legítimo hijo de Dios, pues es la vida del Hijo que está creciendo en ti. Tu anhelo debe ser con que esa vida crezca día a día mudando tu interior y también tus actitudes exteriores.

Poco a poco serás transformado y conformado a la imagen de Cristo. Tus compañeros de trabajo o de la escuela percibirán ese cambio, pues tu serás la luz para ellos. Tu familia verá que hay algo diferente, tus padres notarán que estás amándolos más, que estás más paciente, más obediente.

Por fin, tu vivir será de un legítimo hijo de Dios y, además de volverte una persona más agradable, serás un joven en quién el propio Dios se agrada. Alguien a quién Dios mira dice “¡éste es mi hijo amado en quien me complazco!”.

Joven, que tu deseo sea que Cristo crezca en ti. De esa forma, serás un joven que anda según la voluntad del Señor, y que, por sobre todo, agrada al Padre. Es posible, ¡tu lo consigues! ¡Permítete ser guiado por el Espíritu de Dios y andarás de modo digno de ser llamado hijo de Dios!

Texto escrito con base en la parte 4 de la “Introducción” de la carpeta del CEPPEV en Belo Horizonte.

 Traducción del artículo “Você anda como um filho de Deus?” (Blog Eu vos Escrevi).

Português

English

Anuncios