¿Oración? Sí… ¡antes de todo! Lee el post y descubre la diferencia entre oración, súplica, intercesión y acciones de gracia. ¡Serás inspirado a orar más!

Este texto fue inspirado en el librete “Antes de todo… ORACIÓN” de la Editora Árbol de la Vida. Son 32 pequeñas páginas que  nos llevan a orar más.

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Lea el libreto “Antes de todo… ORACIÓN”, de la Editora Árbol de la Vida

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” 1 Timoteo 2:1

Sabemos que un vivir cristiano normal es basado en la comunión diaria con Dios, esto es, por medio de la ORACIÓN. Es así como sabemos la voluntad de Dios para cada decisión que debemos tomar. Sin embargo, el mundo predica lo contrario: predica que debemos ser  despreocupados y ligeros en las decisiones. Una vez que nuestra intimidad con Dios es ejercitada, entendemos que el tiempo del Señor Jesús no es el mismo que el nuestro y que muchas veces Él permite ciertas situaciones para que estemos más cerca de Él.

En la primera epístola que Pablo escribió a Timoteo, él habló sobre un ítem muy importante de la iglesia: la oración. Pablo dijo: “Antes de todo”. Por tanto, uno de los ítems primarios que necesitamos en la vida de la iglesia es la oración. Todos necesitamos tener el ministerio de la oración. Debemos ser capaces de levantar las manos y orar a cada momento. La oración debe volverse un hábito.

El ministerio de la oración

Necesitamos ejercer el ministerio de la oración que se desenvuelve a partir del don de la oración. Orar es un don de todos los que son salvos, ya que recibimos dones del Espíritu Santo. Entre los dones que recibimos, hay uno muy espontáneo, que es el de orar. Por tanto, todos los santos, después de ser salvados, oran. Sin embargo, algunos oran solamente cuando tienen necesidad. No es que esté mal, pero no es suficiente. Debemos siempre ir delante del Señor y orar. Cuando oramos, ejercitamos nuestro don. Cuanto más usamos nuestro don, más gracia se nos es añadida. La gracia es el Hijo de Dios concedido a nosotros gratuitamente. Cuando oramos continuamente, el Hijo de Dios nos es concedido gratuitamente.

Oraciones

En 1 Timoteo 2:1 leemos: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres”. Súplicas y oraciones son diferentes. Las oraciones son para Dios, sin embargo, las súplicas son a favor de nuestras necesidades.

Gran parte de nuestro contacto con Dios son súplicas. Cuando oramos, la oración es para Dios, es un beneficio y un beneficio de Dios. Las súplicas son para nuestras necesidades, a nuestro beneficio. Cuando oramos, nos aproximamos a Dios, y Él atiende también nuestras súplicas.

Aproximarse a Dios

En verdad, Dios desea que nos aproximemos a Él por medio de la oración. Dios creó al hombre porque quería que el hombre Le hiciera compañía. Cuando habló a respecto de Adán, de que no era bueno que el hombre estuviera solo, y que le haría una ayuda idónea (Gn 2:18), Él mostró que no solo el hombre necesitaba de compañía, sino que Él mismo la deseaba. Según nuestro concepto natural, el hombre tiene necesidad de Dios; sin embargo, debemos saber que Dios también necesita de nosotros como compañía, complemento y par, para auxiliarlo. Dios ama estar con el hombre.

Cuando el hombre comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y se escondió, Dios fue a buscarlo. Al preguntar “¿Dónde estás tú?”, Dios buscaba la presencia del hombre. Esto muestra la necesidad de Dios. Él quiere la presencia del hombre creado. La oración es nuestra ida a Dios para que Él tenga nuestra presencia.

Súplicas

Si no tomamos la iniciativa de buscar vivir en la presencia de Dios por medio de la oración, Él levantará situaciones que nos harán volver a Él para suplicar. A veces cuando Dios nos bendice materialmente y tenemos abundancia, nos olvidamos de Él y dejamos de orar. Como cuando los hijos de Israel se olvidaron de Dios, Él permitió que se levantara un Faraón que usó su astucia y no permitió que el pueblo de Israel se multiplicara. Entonces los hijos de Israel fueron puestos bajo capataces de obras que los esclavizaron para edificar ciudades para el Faraón (Ex 1:8-11). En tales sufrimientos, los hijos de Israel clamaban. Su clamor subió a Dios, y Él vio su condición (2:23-25). Si no fuera por esas circunstancias, tal vez jamás suplicarían a Dios.

Vemos entonces que la oración no tiene como único fin el satisfacer nuestras necesidades, sino mucho más, las necesidades de Dios. Muchos santos oran preocupados únicamente por satisfacer sus necesidades y cuando no las tienen más, dejan de orar. Esto es anormal. En este caso, Dios es forzado a levantar circunstancias en la familia o en el trabajo, para llevarlos a suplicar.

Intercesiones 

Dios desea que nos aproximemos a Él y que Lo contactemos más, por eso Él coloca en nosotros otro encargo: la intercesión. Por la intercesión, no sólo oramos por nuestras necesidades, sino también por las necesidades de los otros. Cuando intercedemos por los hermanos y hermanas, vamos delante de Dios y, al ver eso, Dios se pone feliz. Por lo tanto, necesitamos interceder por los otros.

Acciones de gracia

Además de interceder, también debemos agradecer; de eso se tratan las acciones de gracia. Debemos agradecer a Dios por todo lo que Él hizo: por las oraciones oídas, por las súplicas respondidas, por as intercesiones atendidas. Ya sea súplicas, oraciones, etc…

Intereses de Dios

En nutras oraciones debemos priorizar los intereses de Dios. Esa es la oración que el Señor nos enseñó en Mateo 6:9-13. En los versículos 9-10 leemos: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Colocarlo en primer lugar en nuestras vidas es lo mejor que podemos hacer, pues así estaremos santificando Su nombre y, consecuentemente, nos santificamos también.

Conclusión

Querido joven, tener un vivir de oración no es en un abrir y cerrar de ojos. No es simple. Es necesaria una búsqueda, es necesario entregarse a Él todos los días. Vivir por la fe va en contra nuestra voluntad natural. Es contra todos nuestros conceptos carnales. Sin embargo, una vez que experimentamos la buena, perfecta y agradable voluntad de Dios, descubrimos que el mundo no tiene sabor, que ¡solamente en la presencia de Jesús tenemos la verdadera alegría! Por medio de la oración podemos contactar a Dios y tenerlo como nuestro mejor amigo. Experimenta orar, no sólo cuando estés a solas con Él, sino también cuando estés atareado y sentirás la paz que el mundo no te puede dar. ¡Oh Señor Jesús! ¡Oh Señor Jesús! ¡Oh Señor Jesús!

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33

Recuerda: No hay una fórmula para orar. Simplemente ora. ¡Se autentico! Ábrete al Señor. Cuando oramos, estamos declarando que el Señor tiene total libertad en el cumplimiento de Su voluntad en nuestras vidas. Joven, ¡deja que el Señor actúe! Entrega todo en Sus manos y cree que Él hará lo mejor para ti. ¡Él te ama!

Texto inspirado en el libreto Antes de Todo…Oración, de Dong Yu Lan – Editora Árbol de la Vida.

Traducción del artículo “Antes de tudo… Oração! (32 pequenas páginas que inspiram a orar mais)” (Blog Eu vos Escrevi).

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