Buscar

Os he escrito

osheescrito

mes

febrero 2016

LIBERA EL PERDÓN: ¿QUÉ TE IMPIDE PERDONAR?

Perdonar viene del latín “perdonare” (de per [para] + donare [dar]), o sea, perdonar, en su origen, significa “dar”. Perdón es el acto por el cual una persona es libre de cumplir lo que era su deber u obligación para con quien lo demandaba; absolución.

Seguir leyendo “LIBERA EL PERDÓN: ¿QUÉ TE IMPIDE PERDONAR?”

Anuncios

Buena Nueva de Gran Alegría – ¿Por qué leer ese libro?

Buena Nueva de Gran Alegría. Éste es un libro de sólo 77 páginas, 17 crónicas con palabras muy prácticas, objetivas y antes de finalizar el capítulo hay una pequeña oración que te ayudará a absorber aún más su contenido. Fin.

¡No, espera ahí! Sonó muy aburrido, ¿no? Ni si quiera me dio ganas de leerlo. Mmm, bueno, déjame intentarlo nuevamente:

¡¡ BUENA NUEVA DE GRANDE ALEGRÍA !!

Seguir leyendo “Buena Nueva de Gran Alegría – ¿Por qué leer ese libro?”

¿Enfrentar o huir? – Sepa cómo reaccionar frente a las situaciones

El mundo está hecho de momentos, emociones, sentimientos… pero ¿cómo reaccionar frente a todo lo que nos rodea? ¿Qué actitudes debemos tomar? Veremos el momento adecuado de enfrentar y huir de aquello que el mundo nos ofrece. El mundo nos fascina con muchas cosas, pero ¿cómo hemos reaccionado? Sepa más leyendo este texto. ¡Buen disfrute!

Existen muchas cosas en el mundo nos rodea: entretenimiento, vivienda, alimentación, vestuario… Sabemos que todo eso hace parte de las necesidades del ser humano. Pero ¿hasta cuándo todo eso nos es lícito?

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas me convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar por de ninguna.” (1 Co 6:12)

Enfoquémonos en la en la palabra“dominar”. En el momento en que pasamos a ser dominados por algo (aun siendo lícito), comenzamos a vivir según aquello. Quizás tu pienses: “Ah, pero eso no tiene nada que ver…” o “eso no resultará en nada…”, pero eso puede generar no muy buenas consecuencias. ¡Y es eso lo que veremos a partir de ahora!

Pablo tenía una fuerte base para su comunión con Dios. Veamos lo que dice 2 Corintios 1:12: “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros”. En ese versículo, Pablo da testimonio de su conciencia. Por tener una conciencia pura, él podía tener comunión con Dios sin ningún problema. Pablo poseía sensibilidad para discernir la voluntad de Dios en su vida.

Pero, al final, ¿qué es la conciencia? Conciencia es el más íntimo sentimiento de nuestro espíritu que aprueba o reprueba las cosas que hacemos. Es el “sí” o el “no” dentro nuestro.

Pablo podía discernir a través de su conciencia si lo que él hacía era de la voluntad del Señor o no. ¿Y tú, joven? ¿Cómo está tu conciencia? ¿Cuándo fue la última vez que has consultado al Señor sobre tus intenciones o de tus ganas de hacer algo? ¿Puede oír el “sí” o el “no” de Dios? ¿Has tenido sensibilidad como para discernir si tu voluntad era también la voluntad del Señor?

Recuerda que el enemigo de Dios también es tu enemigo y él quiere dominarte y neutralizarte. Por lo tanto, en el momento en que comienzas a ser dominado por algo, necesitas volverte al Señor, arrepentirte y confesar. Así la Sangre se te aplicará y serás libre nuevamente. Pero si tu conciencia no está funcionando bien, serás dominado por las situaciones. Hasta las situaciones lícitas nos pueden esclavizar.

Enfrentar a los GIGANTES, a las acusaciones y a los sentimientos malignos

Joven, necesitas percibir tu importancia para Dios. Tu puedes hacer la diferencia en la historia de la humanidad. Necesitas buscar en Dios la sabiduría para lidiar con cada decisión, pues eres Su hijo y Él te considera muy importante. Recuerda que el enemigo también te considera así. Como en un juego de fútbol, él marca al mejor jugador: TÚ. Todo el tiempo él quiere impedir que metas el gol de vencer sobre las circunstancias del día a día.

Hoy, el campo de batalla es tu mente. Cuando la suciedad comienza a entrar en tu mente, un poquito hoy, un poquito mañana, un poquito después, ésta comienza a ensuciarse. Una conciencia contaminada se vuelve insensible, cauterizada. Es eso que Satanás quiere que suceda contigo: que cometas pecados y te apartes de la comunión con Dios. Por eso, ¡no aceptes las habladurías de Satanás!

Un ejemplo de la Biblia fue David. Cuando David enfrentó al gigante Goliat, él no se fijó en la diferencia de tamaño entre ellos. David no fue con sus opiniones formadas, con sus estrategias. ¡Él fue con la Palabra! ¡Fue confiando en el Señor! Antes de derrotar físicamente a Goliat, lo reprendió verbalmente diciendo:

“Tu vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” (1 Sm 17:45)

Por eso, ¡rechaza toda maldición que el sistema satánico ha lanzado contra ti! ¡No aceptes las acusaciones de pecados ya perdonados y olvidados por el Señor! Derrota a Satanás con la Palabra. Quédate seguro que, si ya te has arrepentido cabalmente, el Señor ya se ha olvidado de tus pecados… En Isaías 43:25 el mismísimo Señor dice:

“Yo soy el que borra tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.”

Aun así, no podemos confundirnos. No podemos salir enfrentando todo lo que Satanás nos lanza. Sí, necesitamos enfrentar las acusaciones, sentimientos malignos y tentaciones. Pero existen situaciones que no podemos enfrentar. Existen situaciones que exigen que huyamos.

Huir de las pasiones juveniles

Sabemos que todo ser humano tiene necesidades de satisfacción. Fuimos creados con un cuerpo, un alma y un espíritu y es verdad que queremos sentir satisfacción en las tres partes de nuestro ser. Pero eso sólo será legítimo si lo es en Dios, para Dios, de acuerdo a la voluntad de Dios.

Aun así, el curso de este mundo es manipulado por Satanás para destruirte, para contaminar tu mente diciendo que “no tiene nada que ver”. Sexo, por ejemplo. Espero que sepas que el sexo es algo necesario para el hombre, y lícito, también. Sin embargo, Dios hizo el sexo para el momento correcto: el matrimonio (solamente en el matrimonio).

En el mundo, el sexo fuera del matrimonio es normal, común. Pero tú, como hijo de Dios no puedes conformarte con esa situación. ¡Renueva tu mente! ¡No sigas los patrones del mundo!

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, perfecta y agradable.” (Rm 12:2)

Cuando vengan los deseos, cuando las tentaciones sexuales se te aproximen ¡HUYE!  No intentes encararlos como un valiente. Has como Timoteo: huye de las pasiones juveniles (2 Tm 2:22). Recuerda que aún eres carne y que puedes pecar a cualquier momento. Por eso, haz también como José y HUYE.

José fue tentado por la esposa del faraón Potifar. ¿Qué hubieras hecho en esa situación? ¿Te hubieras entregado a la mujer más “codiciada” del reino? ¿Hubieras aprovechado la oportunidad? Pero, ¿qué hizo José? ¿Será que él pensó que era el momento correcto para satisfacerse? ¡NO! Él huyó porque confió que el Señor tenía lo mejor para él.

“Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió”. (Gn 39:12b)

 José tenía una visión, una meta. ¿Y tú? ¿Qué te ha guiado en este mundo? ¿Tus amigos? ¿Internet? ¿Tus deseos?

La historia del Titanic nos enseña a disminuir la velocidad en dirección al pecado

 La historia del Titanic es muy conocida gracias a su éxito en los cines. Aquel transatlántico representa bien el curso de este mundo. Era un navío bonito, enorme y seguro que brindaba todo tipo de confort a las personas. Ellas estaban allí disfrutando de una vida sin Dios. En la noche del náufrago, llegaron cinco avisos sobre la proximidad a los icebergs. Pero el capitán del navío ordenó que siguiesen a 22 nudos de velocidad, cerca de 44 km/h, una velocidad espantosa para un navío. ¿Por qué lo hizo? Porque confiaba en que nada sucedería.

¿Cuántos jóvenes piensan de esa manera? El iceberg, por cierto, era mayor que el navío. El capitán del navío no prestó atención en la profundidad del iceberg, sino que sólo pensó en aquello en que sus ojos veían. ¿Cuántas veces pensamos así? Pensamos que “no tiene nada que ver”: un pecado aquí, otro allí, pero no sabemos el valor real de la profundidad del problema. ¿Cuántos jóvenes se permiten envolverse de forma muy próxima y peligrosa con personas del sexo opuesto, confiando que a la hora clave serán capaces de controlarse? ¿Por qué pensamos que eso sucede con otros y que jamás sucedería con nosotros? Auto-confianza. Necesitamos saber que fallamos y que podemos caer en cualquier momento. ¡No somos mejor que nadie!

Repentinamente, el bloque inmenso de hielo apareció en frente del navío. Cuando dieron la orden de inversión de máquina, ya era muy tarde: la velocidad del navío hizo que avanzasen contra el iceberg.

En cada reunión que participamos, en cada lectura de la Biblia que hacemos con fe, hay una alerta de Dios: Reduce tu velocidad en dirección al pecado. Arrepiéntete mientras haya tiempo.

Para y piensa: ¿Cómo estás viviendo? ¿Cómo has navegado por el mundo? ¿Con qué velocidad te aproximas a las situaciones que pueden llevarte al pecado? ¿Qué tipo comunión tienes con Dios? ¿Cómo está tu conciencia?”. Ten cuidado, porque cuando aparezca un enorme bloque de hielo en tu frente, quizás no tengas tiempo de escapar. Por eso, date cuenta que el Señor te está advirtiendo. Por Su misericordia, Él te está advirtiendo. No te engañes: si no cambias tu ruta, al aparecer el problema, te hundirás.

HUIR O ENFRENTAR: ¿QUÉ HACER?

Todos somos débiles, por eso invocamos el nombre del Señor. No hay otro camino que no sea el del invocar el nombre del Señor y de buscar reconocer Su voluntad para nosotros. Si realmente no quieres caer en esa corriente, entonces necesitas invocar el nombre del Señor, tener comunión con Él para no ser engañado, para no ser llevado por el mundo. ¡Oh, Señor Jesús! ¡Oh, Señor Jesús!

Ese es el deseo del mundo: echarnos a perder y luego tirarnos. Pero Dios siempre tiene lo mejor para nosotros, ¡no te lo olvides! Aún si ya te has envuelto sexualmente con alguien, sin haber estado casados, o sólo se hayan besado… ¡Aún hay esperanzas para ti! ¡Arrepiéntete y vuélvete al Señor mientras haya tiempo!

Aprovecha este momento para arrepentirte: “Señor, ¡perdóname! Perdóname por no haber escuchado tus palabras, las ayudas de los hermanos. ¡Perdóname por haber sido tan negligente! Necesito de un cambio espiritual. Llévame a ser un joven como David, que no acepta las acusaciones y maldiciones para mi vida. Enséñame, también, a ser un joven decidido por Cristo, como José. Reconozco mi incapacidad, por eso declaro que te necesito. ¡Limpia mi conciencia! ¡Guíame! ¡Lávame! ¡Renuévame! ¡Oh, Señor Jesús!”.

¡Joven, Jesús te ama! Sabemos que tener un vivir de santidad a los ojos del mundo es imposible, pero ¡no te desanimes! ¡No estás solo! Cada uno de nosotros tenemos una dificultad a ser tratada por el Señor. Pero no la uses para dar lugar al pecado. ¡Se un joven firme en el Señor! ¡No te envuelvas con ningún tipo de impureza que el mundo te brinda! Sé cómo José y David: temerosos del Señor.

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón limpio invocan al Señor”. 2 Tm 2:22

 (Texto inspirado en el capítulo 2 del libro: “Camino a la Victoria” – Editora Árvore da Vida).

Autor: Mariana Frigulha

Seguir leyendo “¿Enfrentar o huir? – Sepa cómo reaccionar frente a las situaciones”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑