Perdonar viene del latín “perdonare” (de per [para] + donare [dar]), o sea, perdonar, en su origen, significa “dar”. Perdón es el acto por el cual una persona es libre de cumplir lo que era su deber u obligación para con quien lo demandaba; absolución.

El perdón de Dios para el hombre

El mayor modelo de perdón que tenemos es el propio Señor Jesús. No hay ejemplo más excelente que ese. Dios entrego a su único Hijo, “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7). En este versículo vemos la palabra “redención”, que es lo mismo que perdón. Y, con la sangre, podemos lavarnos de todo pecado:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

El Señor Jesús, de hecho, perdona nuestros pecados. ¡Es tan completo Su perdón que Él se olvida de todo aquello que ya confesamos! Es importante resaltar que no es que el Señor tenga una mala memoria, sino que Él libera a la persona perdonada de la deuda de su pecado, es decir, deja de atribuir la culpa de este pecado perdonando a esa persona.

Miqueas 7:18 nos dice: “¿Quién, Dios, como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia”.

¡Y no termina ahí!

Continúa en el versículo 19: “Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.  Este es el perdón de Dios para con el hombre. Él tiene placer en esto y no guarda rencor, tampoco heridas.

Por causa del infinito amor y misericordia que el Señor nos tiene, puedes arrepentirte, confesar tus pecados delante de Él y serás perdonado. Gracias al Señor podemos recibir de gracia este perdón.

El perdón del hombre para su prójimo

Querido lector, vamos a hablar ahora del perdón del hombre hacia su prójimo.

¿Cuál ha sido tu actitud para liberar el perdón hacia tu prójimo? ¿Él perdón está en tu corazón?

Diversas veces, nuestra actitud delante de un conflicto entre perdonar o no a alguien es de analizar bastante la situación, ver quién esta cierto o errado, buscar la mayor cantidad de justificativas para defenderse, a fin de mostrar que tiene total razón. Ahí está el peligro en todo esto: el orgullo. Esta es la mayor dificultad para liberar el perdón.

Cuando no hay perdón, todo sentimiento malo se desenvolverá hasta volverse un gigante dentro de ti. Al principio, tales sentimientos son como el enojo, rencor, tristeza, dureza de corazón y van ocupando cada vez más espacio dentro de ti.

¿Hace cuánto tiempo no pides perdón a alguien?

El perdón es renunciar a si mismo y a su opinión. Nosotros tenemos tendencia al individualismo, egoísmo, mientras que el perdón exige salir de nuestra condición y alcanzar al otro. No es una actitud fácil. Sin embargo, el Señor habla de ser imitadores de Él: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Ef 5:1).

¿Hicimos algo para merecer el perdón de Dios? Absolutamente no. Por lo tanto, nuestro ofensor tampoco necesita hacer algo para merecer nuestro perdón.  Es importante que cada uno se vea siendo perdonado por Dios al perdonar a su prójimo (Mt 6:14-15).

Observe los siguientes versículos, de cuando Pedro pregunto a Jesús sobre la cantidad de veces que debía perdonar a su hermano:

“Entonces se le acerco Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?  Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

Al decir que debemos perdonar “setenta veces siete”, el Señor estaba diciendo que debemos perdonar siempre, sin desfallecer.

¿Sabe lo que sucede cuando no perdonamos a alguien?

Cuando no perdonamos a alguien, el propio enemigo de Dios se aprovecha de eso, porque él no quiere que te humilles y pidas perdón a tu prójimo. Segunda de Corintios 2:10-11 nos habla de eso: “Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”.

Por tanto, cuando liberamos y recibimos el perdón, un enorme peso es sacado de nosotros, ¡somos realmente liberados! El perdón va más allá de una buena actitud entre las personas y de disculpar a alguien. Es más profundo, ¡es expresión del amor de Dios! Necesitamos del perdón y no podemos vivir sin él.

Un ejemplo bíblico de un hombre que perdonó a sus hermanos es el de José. A los diecisiete años fue vendido como esclavo por sus hermanos (Gn 37:28). Lo llevaron a Egipto, sirvió como esclavo, fue encarcelado y castigado injustamente; sin embargo, en el tiempo de Dios, fue exaltado y se volvió gobernador de Egipto.

En ese periodo, la toda la tierra sufría hambre (Gn 41:57), excepto Egipto, que había almacenado mercaderías durante los siete años de “vacas gordas”. Entonces, los hermanos de José fueron a comprar cereales a él, sin cualquier sentimiento de rencor, vio el arrepentimiento de ellos y los recibió con lágrimas de afecto:

“Y se echó sobre el cuellos de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él” (Gn 45:14-15).

José demostró cariño por sus hermanos y los recibió con un abrazo, pues vio que todo aquello estaba en los propósitos del Señor.

Perdón: y ahora, ¿qué hacer?

Si has sido tocado y te recordaste a alguien a quien quieres pedir perdón, has una oración de manera que abra, totalmente, su corazón para el Señor y se libere de todo orgullo que le impide liberar el perdón.

No importa si crees que tienes toda la razón, “antes ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdono a vosotros en Cristo” (Ef 4:32). El perdón no viene por merecimiento, sino por un acto de compasión y benignidad.

Experiméntalo tú mismo, no dejes pasar un día sin perdonar a tu prójimo y permite que el poder redentor de Dios transforme tu vida.

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Además de eso, queremos saber tu opinión al respecto de este texto, por eso, deja tu comentario abajo. Cuéntanos una experiencia que el Señor te dio sobre el perdón. ¿Cómo te has sentido después de perdonar? Leeremos todos los comentarios y responderemos siempre que es posible. Esperamos tu participación.

¡Jesús es el Señor!

 

Autora: Isabela Costa

Traducción del artículo “Libere o perdão: o que te impede de perdoar?” (Blog Eu vos Escrevi).

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