Texto inspirado en el librete “El casamiento de los sueños de Dios” de la Editora Árvore da Vida.

Hablar sobre casamiento hoy en día es muy polémico, pero si nos volvemos al real sentido y origen del casamiento, no hay cómo cuestionar. Por eso, vamos a ver un poco de lo que la Biblia dice a respecto de ese asunto.

LA IMPORTANCIA DEL CASAMIENTO

Bien al inicio de la Palabra de Dios vemos la construcción de la relación entre el hombre y la mujer: el matrimonio.

“Y dijo Jehová Dios: no es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. (Gn 2:18)

Este versículo muestra el sentimiento de Dios en relación al vivir matrimonial. Dios ama a la familia, fue Él quien la creó y la hizo con un propósito a cumplir, como dice en Génesis 1:28:

“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Por el contrario, Satanás insatisfecho, corrompió el matrimonio que Dios hizo. Eso lo vemos en el capítulo tres de Génesis. Esa actitud del enemigo de Dios sólo viene a confirmar la importancia de un matrimonio que agrade el corazón de nuestro de nuestro Padre. Porque si no, ¿por qué él se importaría en destruir algo que no le fuese prejudicial? Por tanto, si Satanás sabe el valor de un matrimonio unido por Dios, mucho más nosotros, Sus hijos, que Lo amamos, necesitamos valorizar esa unión que el Señor creó.

Hoy vemos mucho el empeño de Satanás en destruir los matrimonios y familias. El divorcio se volvió algo común, pero no es normal: Dios nos afirma que la unión conyugal es para siempre (Mt 19: 3-10). Nosotros, los cristianos, necesitamos defender la preservación de la familia, hoy tan abatida y cada vez más débil. Los jóvenes, principalmente, deben tomar la actitud de seguir los ejemplos que se nos fue dejado en la Palabra de Dios de cómo prepararse y ser una esposa o un marido según el corazón de Dios.

ISAAC Y REBECA

Les quiero hablar de una linda historia de amor de la Biblia y que puede servir de gran ayuda y ánimo para muchos que desean casarse algún día. En la historia de ellos, veremos cómo Dios actúa: Él no se limita a lo que vemos, ni a las reglas y conceptos humanos. Nuestro Dios va más allá, mucho más.

Ya te habrás preguntado: “¿Con quién me casaré? ¿Con él? ¿Con ella? ¿Con alguien más?”. Los padres también suelen preocuparse con los futuros conyugues de sus hijos. Amados, no podemos entregarnos a la ansiedad, pues ella, muchas veces, nos hace buscar con los ojos naturales aquello que sólo los ojos espirituales pueden.

Ahora vamos a conocer quiénes fueron Isaac y Rebeca, y cómo Dios actuó en sus vidas.

Ustedes ya habrán escuchado de la historia de Abraham y Sara; la parte de la cual hablaré comienza en Génesis 15. Vamos a refrescar nuestras memorias: Dios prometió darles un hijo a pesar de que Sara era estéril. Dios también prometió que haría de Abraham una gran nación. Entonces, el hijo prometido por Dios nació y se llamó Isaac. Sin embargo, para que el Señor cumpliese Su promesa, Isaac tendría que crecer, casarse y tener hijos, es decir, formar una familia.

Existe una diferencia en la vida de Isaac: el ambiente en que creció era saludable. Eso era porque su padre era un hombre que aprendía cada día a creer más en Dios y que aprendió a confiar más en el Señor. Con eso, Isaac tenía un buen ejemplo en su casa. Otro ejemplo era su madre, que respetaba tanto a su marido que lo llamaba de “señor” (1 Pe 3:6). Isaac aprendió a confiar en Dios y a ser sumiso a Él.

CONSEJO: Nosotros, hoy, aunque no tengamos un buen ejemplo en casa, tenemos la Palabra de Dios repleta de ellos.

Cuando Isaac creció se volvió un joven maduro que necesitaba casarse. ¿Sabes lo que él hizo? Nada. Quien hizo algo fue su padre.

“Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac” (Gn 24:1-4).

En esos versículos vemos a un siervo de Dios, que era Abraham, tratando con mucha seriedad la cuestión del casamiento. Abraham pidió al siervo en quien más confiaba para cumplir la misión de buscar una esposa para Isaac. ¿Será que tratamos este asunto con la misma seriedad? ¿Será que llevamos un vivir de sumisión y fe al punto de que, en el momento correcto, saber exactamente cuál es la voluntad del Señor a respecto de nuestro casamiento? El matrimonio no es un juego. Por el contrario, fue establecido para cumplir la voluntad de Dios en la tierra, por eso no podemos tener un vivir descuidado y tratar el matrimonio como algo descartable.

Otro punto importante para observar en esos versículos es que el conyugue necesita ser de la “parentela”, es decir, de la misma familia. En este caso, de la familia de Dios, nacidos del mismo Dios, que habla la misma lengua y que sabe el mismo propósito del matrimonio, que no es sólo para satisfacer el uno al otro, sino que, principalmente, satisfacer al propio Dios. Un matrimonio con alguien que no tiene la misma visión es buscar lucha y problemas, ya que visiones diferentes causan serios conflictos. Eso es yugo desigual. No es eso lo que Dios quiere. Él desea que tengamos harmonía en nuestros hogares, que hagamos lo correcto, lo adecuado.

Lo que sigue a ese texto bíblico es que el siervo de Abraham le cuestiona sobre la posibilidad de que la novia no quiera ir con él al encuentro con Isaac para casarse. Sin embargo, Abraham sabiamente respondió diciendo que Dios mandaría a un ángel en la delantera y que prepararía una esposa para que Isaac, y que, si no era de esa forma, el siervo quedaba libre de ese juramento (Gn 24:5-8). ¡Cuánta fe!

El siervo también preguntó si debería llevar a Isaac hasta la mujer, sin embargo, Abraham no quería que su hijo fuese hasta aquella tierra que era idólatra. Joven, ¿estás yendo al mundo a buscar alguien con quién casarte? ¡No lo hagas! Quien prepara a la persona correcta y la lleva hasta ti es el Señor. Preocúpate en SER preparado por el Señor, para que, en el futuro, en el momento que Él quiera, tengas un matrimonio saludable y evites traumas y problemas graves que sólo manchan el propósito de Dios para ti.

¡AHHH, LA PASIÓN!

coração¿Recuerdas que te hablé sobre la ansiedad? Entonces, hay algo que se llama “pasión”, que causa mucha ansiedad y acaba llevándote a tomar decisiones precipitadas. No dejes que eso te suceda, no busques consejos en personas inmaduras ni tampoco hagas lo que piensas, impulsado por tus emociones. Ten comunión con hermanos maduros y busca orientación. Son muchos los jóvenes que erran por no buscar ayuda correcta en el momento de las elecciones.

QUIEN ES MADURO, ORA

Continuando la historia, el siervo de Abraham acató las orientaciones de su señor y partió a su viaje. Fuera de la ciudad, ¿sabes lo que hizo? Oró (Gn 24:11-13).

Él no quería errar, y allí donde estaba había muchas mujeres que iban a sacar agua del pozo. Mas él fue sabio y oró para que la elección no venga de sí mismo. La oración nos indica el camino, nos indica la voluntad de Dios.

Además, en el versículo 4, el siervo pide una señal: la mujer que le ofreciere agua y también saciar la sed de sus camellos, esa sería la elegida.

LAS CARACTERÍSTICAS DE REBECA

Él continuaba orando cuando Rebeca apareció, quien era alguien especial. El siervo lo reconoció y fue a su encuentro. Él le pidió agua y ella actuó de la forma que él le había pedido al Señor (versículos 15-21).

Rebeca tenía características peculiares. Ella era hermosa, útil, dispuesta, virgen. Ella tenía el don de servir y no era perezosa, pues le dio agua a los camellos sin que le fuese solicitado, tarea que, seguramente, no era fácil.

Otro aspecto importante era la hermosura de ella. Proverbios 15:13 dice que el corazón alegre hermosea el rostro. Tú, niña, ¿piensas que lo que te hace bonita es tu maquillaje y tus ropas? Pues te mintieron. Tampoco insinuarte a los chicos te hace bonita. Ahora ustedes, los muchachos, no son sus músculos ni su tipo de vestimenta que los harán especial o bonito.

Aquellos que tienen en su corazón el deseo de construir una familia como Dios manda, no deben darle tanta importancia a la apariencia. Eso es sólo un detalle. Lo que es decisivo al escoger a alguien es la consagración, el disfrute, el crecimiento espiritual y el amor a Cristo. Alguien con esas características es lindo y atrae al mejor tipo de persona, atrae a aquella persona que fue separada por Dios para ti.

ESTÁS SIENDO OBSERVADO

¿Cómo ha sido tu postura delante de Dios? ¿Delante de los hermanos de la iglesia? ¿Delante de tus familiares?

Tu postura define al tipo de persona que atraes. Ten la postura correcta y serás observado por alguien especial. No pienses que no estás siendo observado. Alguien puede estar evaluándote para ver si eres la persona correcta, separada por Dios para casarte con él/ella. Esa persona quiere saber si eres la respuesta a sus oraciones.

olharCon cada actitud puedes plantar buenas o malas impresiones, y así, aproximar o alejar a alguien. Pero no bases tus actitudes sólo por querer agradar a alguien, sé correcto delante de Dios para agradarle a Él, principalmente. Si agradas al Padre, ciertamente agradarás a tu futuro compañero o compañera.

ELLA PASÓ LA PRUEBA

Continuando la historia, el siervo aprobó las actitudes de Rebeca y le dio presentes. También pidió para que fuese hospedado, preguntando si había lugar y quiénes eran sus padres (vs. 22-25).

Algo importante a observar, es que Rebeca rápidamente le ofreció abrigo al siervo, mostrando que su padre tenía total confianza en ella al punto de dejar que ella tomase una decisión así. Probablemente, esa confianza fue conquistada por causa de su carácter. ¡Punto para Rebeca!

CARACTERÍSTICA DE UN SIERVO: GRATITUD AL SEÑOR

El siervo se quedó maravillado con Rebeca. Ella tenía tantas cualidades que él bendijo al Señor (vs. 26-27). Necesitamos ser gratos al Señor cuando Él atiende nuestras oraciones. Por más de que nuestras oraciones sean respondidas con un NO, aun así, es un motivo de alegría pues significa que el Señor nos está cuidando. Entonces, agradece, pues eso agrada a nuestro Dios y muestra que ya alcanzamos cierta madurez espiritual.

LA APROVACIÓN DE TODOS: INDÍCIO DE ALGO IMPORTANTE

Rebeca, por su parte, corrió hasta su casa para contarles todo lo que había sucedido. El siervo explicó para Labán, hermano de Rebeca, y para Betuel, su padre, de lo que él fue a hacer allí. ¿Sabes lo que dijeron? “De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte ni malo ni bueno” (vs. 28-50).

Un principio importante: la aprobación de los padres. No cometan el error común de los jóvenes: la independencia. Sean cautelosos en todo, rodeándose por todos lados. Los padres y hermanos responsables celan en oración por nosotros. Por eso debemos honrarlos, pedirles consejos y bendición.

¡NIÑA, PÓNTE EL VELO!

Bueno, todos concordaron… hasta Rebeca lo hizo. Ella juntó sus pertenencias, se despidió de su familia y se fue con el siervo. Al llegar al destino final, Rebeca vio a Isaac de lejos, y cuando estaba más cerca, se cubrió con un velo (vs. 65). Fíjate su actitud. Rebeca no se descubrió a fin de mostrarse, sino que se recató al punto de cubrirse.

Ella colocó en práctica lo que dice en los versículos del 3 al 7 de 1 Tesalonicenses 4:

“Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y en honor; no en pasión y en concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno véuagravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”.

            ¿Sintieron el peso de esas palabras? Pues entonces tomémosla como instrucción y principio.

Otra cosa, el velo representa la sumisión. Rebeca sabía que Isaac encabezaría el matrimonio, por tanto, su cabeza debía salir de escena. ¿Entendieron? Qué buena onda ¿no? Sigamos el ejemplo de esta joven sabia.

¡PACIENCIA, JOVEN, PACIENCIA!

Continuemos, pero ahora hablemos del tiempo. No sabemos por cuánto tiempo Rebeca esperó, pero creo que, si fuese importante, esa información indudablemente estaría en la Biblia. Sin embargo, no está.

Por tanto, quiero decirles que no se preocupen con el tiempo de espera. Preocúpense por sus actitudes, su postura y relación con Dios, pues esos ítems mostrarán si estamos listos o no para recibir a la persona preparada por Dios para nosotros y, así tendremos un matrimonio que agrade al Señor. Sé paciente y deja que Dios trabaje en ti y todo sucederá naturalmente.

DIOS SABE ESCOGER ¡DÉJALE HACERLO!

Un detalle más: confía en la elección de Dios. Es decir, no confíes en tus habilidades de elección, pues no nos conocemos ni a nosotros mismos, mucho menos al prójimo. Seamos simples como Rebeca, que tuvo la seguridad de que Dios había cuidado todo. Él sabe lo que necesitas, lo que puedes soportar y lo que te gusta. Y estoy segura que el Señor nos quiere agradar, al igual que un padre que se alegra en agradar a su hijo; a uno que Le agrade.

Déjenme hablarles un poco sobre Isaac. Podemos ver en los relatos bíblicos, que él era una persona tranquila y que, en esa cuestión de su casamiento, él confiaba en su padre. Aplicando eso a nuestra experiencia, Abraham representa a Dios, quien es el que elije lo mejor para nosotros. Seamos obedientes y sumisos a nuestro Dios, como Isaac lo hizo, reconociendo Su obra en nosotros y para nosotros. Mientras esperaba por Rebeca, Isaac meditaba en el campo. ¡Mira que linda su actitud! No se dejen llevar por las ansiedades, esperen en oración.

CONCLUSIÓN

Para terminar, cuando Isaac y Rebeca se encontraron, ellos se casaron y él la amó (vs. 66-67). Es decir, todo salió perfecto. Jóvenes, deseen eso para ustedes. Busquen en Dios ser personas iluminadas, puras y llenas de las características de este matrimonio.

weddingLa palabra está llena de orientaciones: es un manual completo de comportamiento. Seamos sabios, jóvenes diferentes, que agraden a Dios y que forman matrimonios que expresan a Cristo en esta era. Matrimonios en los cuales Dios puede contar para confiarles Sus consiervos.

Era eso lo que les quería decir. Espero que haber podido expresar el sentimiento que el Señor me dio para alertarlos y ayudarles a tener un casamiento de los sueños… ¡de Dios!

Autora: Sara Meneses

Traducción del artículo “Casamento dos sonhos – Deixe Deus escolher com quem você irá se casar!” (Blog Eu vos Escrevi).

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