“Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, Y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva” (Job 14:7-9)

El maravilloso contenido del libro “¿Hay esperanza para mí?”

En el prefacio hay la siguiente frase:

“Si eres un joven cristiano desalentado, espero que sepas que todavía hay esperanza. Si eres un joven que prefiere elegir al mundo y no al Señor, te informamos de que todavía hay esperanza. Si crees que Dios no está interesado en tu vida, no desistas de ella – ¡todavía hay esperanza! Si no quieres conocer a Dios y piensas que tu vida está muy buena, te afirmamos una vez más: ¡todavía hay esperanza!”

Nuestro camino cristiano no es fácil; el Señor nunca dijo que lo sería. ¡Pero no te desanimes, joven! El Señor te escogió. Él quiere darte una viva esperanza; sólo necesitas querer alcanzarla.

A veces puedes pensar que no has recibido realmente al Señor, porque no te sientes diferente, sigues siendo la misma persona, te gustan las mismas cosas … ¡joven, no desistas!

No hay necesidad de sentir algo cuando recibimos al Señor como nuestro Salvador. Somos regenerados al recibirlo, pero la regeneración está conectada a nuestra fe, no a nuestros sentimientos y emociones. ¡Basta creer!

Una vez que somos regenerados tenemos un cambio en nuestras vidas, queremos vivir una vida digna de un hijo de Dios, sin pecado. Pero la verdad es que nos aferramos mucho a lo que sentimos, lo que hacemos, lo que podemos hacer.

Estamos tan arraigados a nuestro propio ser que no podemos vivir según la voluntad del Padre. Por nosotros mismos no podemos agradar a Dios.

Su única intención es que tengamos un vivir de dependencia en Él, viviendo por medio de Su vida en nosotros. Para vivir una vida según la voluntad de Dios, debemos darle lugar en nuestro ser.

Dios NUNCA esperó que cumpliésemos Su voluntad. Lo que Él quiere es que vivamos por Su vida y permitamos que Él mismo cumpla Su voluntad en nosotros.

Entonces uno se pregunta: “¿Cómo Dios vivirá por mí?”

A partir del momento en que realmente abres tu corazón a Dios, Él ocupará lugar, llenándote con Su propia vida.

Si no le permites entrar a Dios, quiere decir que estás lleno de ti mismo. Es imposible llenar un vaso que ya está lleno, ¿verdad? Pero si permites que el Señor te vacíe, Él mismo llenará tu ser con Su propia vida.

No tenemos que buscar ser llenos, sino vaciados, porque es la responsabilidad del Espíritu Santo el llenarnos, y la de vaciar es la nuestra.

Después de estar llenos del Señor, sentimos la necesidad de hablar de esa vida a otras personas. Pero cuando hay oportunidades, resulta que tenemos vergüenza: imaginamos que las personas pensarán algo malo de nosotros y mucho más si son personas cercanas, como nuestros amigos, por ejemplo. Y el libro nos dice que:

Debemos estar más preocupados por el destino de las personas que por ver si les agrada o no oír el Evangelio.

Es nuestra responsabilidad predicar el Evangelio a las personas que nos rodean. Todas las personas tienen el derecho de elegir la vida, y esto depende si le hablamos o no sobre la Palabra.

Nosotros, jóvenes, somos muy atraídos por las cosas del mundo, nos preocupamos por lo que vamos a hacer en el futuro, con nuestros amigos… Todo el mundo nos dice que somos como niños y tenemos que disfrutar de la vida.

Decimos que no vamos a caer en las trampas del enemigo, pero cuando nos damos cuenta, ya no estamos viviendo por la vida del Señor, y nos encontramos haciendo todo lo que queremos. En realidad, no confiamos verdaderamente en el Señor. Cada vez que entregamos nuestras cosas al Señor, las tomamos de nuevo, por temor a la manera en que actuará; diferente a como actuaríamos.

Joven, quien garantiza nuestro futuro es el Señor. No hay que tomar nuestra vida de Sus manos, por tener miedo de lo que Él puede hacer. ¡Debemos confiar! Él es Dios y no hay otro.

Tenemos que ser atentos con nuestra vida espiritual. Satanás nos rodea todo el tiempo, quiere aprovechar cualquier lugarcito descubierto que le damos para apartarnos del Señor.

Joven, ¿eres atento? ¿Estás teniendo cuidado con tu vida espiritual? Si tenemos miedo de que roben nuestras posesiones materiales, ¿por qué no tendríamos miedo que Satanás robe nuestra mayor herencia, que es el Señor?

En Apocalipsis 3:11, leemos: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.”

¿Realmente tenemos al Señor como nuestro tesoro? Si lo cambio tan fácilmente por otras cosas, si no Le damos prioridad, es porque todavía no es nuestro mayor tesoro.

Joven, pongamos más atención en nuestro vivir. ¿Has valorado al Señor? ¿Temes que el enemigo pueda llegar y tomar tu corona? ¡Oh, Señor Jesús! Qué Cristo sea tu mayor tesoro, querido joven.

Si después de todo esto todavía dices que reconoces lo que dijimos, pero no logras cambiar, tengo una noticia para darte: ¡HAY ESPERANZA PARA TI!

Todo lo que necesitas hacer es beber y alimentarte de Cristo y estar bajo Su luz. El Señor es la vida, y todo lo que se refiere a la vida debe ser experimentado. Joven, ¡tienes que probar a Cristo! No podemos limitarnos a conocer toda la Palabra, ¡disfrutémosla!

Por último, abre tu corazón y ora:

“Señor, aquí estoy con todas mis debilidades y defectos. Necesito mucho de una experiencia viva Contigo. Señor, quiero tener más contacto con Tu persona en Tu Palabra y en mi espíritu. Quiero probarte de manera viva. Quiero echar raíces. No deseo ser un cristiano superficial. Quita las rocas que aún están dentro de mí. Señor, quiero beber el agua viva. Quiero comer el pan vivo. Dame de comer y dame de beber.”

¡Qué Jesucristo sea el Señor de tu vida! ¡Él es definitivamente la esperanza que necesitas para salir de ese agujero y realmente disfrutar de la vida!

“En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues, aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quién ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta; oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” (Isaías 12:1-6)

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¡Jesús es el Señor!

Autora: Ana Carolina da Silveira

Traducción del artículo “Há Esperança para mim?”: Um livro para quem quer sair do buraco.” (Blog Eu vos Escrevi).

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