Muchas veces cuando vemos la vida del Señor Jesús y su período como hombre aquí en la tierra, pensamos que Él era una persona sin debilidades ni voluntades. Pensamos que nunca llegaremos a alcanzar su grado de consagración porque Él, claro, como hijo de Dios, como Dios mismo, estaba lleno de cualidades y aptitudes que un ser humano normal no podría alcanzar jamás. Pero déjame decirte algo: ¡nosotros también somos hijos de Dios! Jesucristo vino a la tierra no solo para morir por nuestros pecados, mas también para demostrarnos que ¡es posible! Él pasó y sintió todos los dolores, situaciones y demás, al igual que nosotros. Él tenía debilidades, voluntades y deseos, pero nunca se dejó dominar por ellos.

¡Él era una persona, no un robot!

¿Aún no me lo crees? Leamos los siguientes versículos:

“Entonces Jesús les dijo (a sus discípulos): Mi alma está muy triste, hasta la muerte, quedaos aquí y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre Su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”  -Mateo 26:38-39

Aun así, para terminar de convencerte que realmente es posible, te contaré la historia de una persona que en su juventud estaba lleno de pecados, pasiones, que le gustaba beber en exceso, tenía compañías inadecuadas, le gustaba las apuestas, robaba, estafaba y engañaba hasta a sus mejores amigos. Ahora me preguntas, ¿una persona así ganó la entrada al reino de los cielos? . Cuando esa persona dio lugar a Dios en su vida, Él comenzó a hacer su obra y rescatarla de ese lugar en donde estaba. Con el tiempo esa persona se volvió un ejemplo de consagración y fe, para mostrarnos que ¡es posible! Señoras y señores, con ustedes: George Müller.

La historia de George Müller

Para los que no conocen su historia, George Müller nación en 1805, en Prusia y su niñez y juventud carecieron de enseñanza e influencia cristiana. No tuvo Biblia para leer. Su padre le daba a él y a su hermano demasiado dinero, considerando que eran solamente unos jóvenes: eso les permitió seguir en sus hábitos pecaminosos. Sin embargo, después de un tiempo, George se propuso estudiar con empeño, y al fin llegó a aprender seis idiomas, incluyendo hebreo, latín y griego.

Su padre le animó a estudiar Divinidad en la Universidad de Halle, puesto que eso le serviría a George para darse una vida cómoda y fue así que comenzó a estudiar en un seminario teológico. Aunque era un estudiante religioso, no tenía conocimiento alguno del significado de la salvación, más bien continuaba su vida pecaminosa. Aunque sí, tenía deseos en su corazón de transformarse; pero sus esfuerzos para ese fin repetidamente fallaban.

Muchas veces, pasa en la mayoría de los jóvenes, creemos en Dios por causa de nuestros padres. Vamos a la iglesia los domingos por tradición y tenemos la Biblia como un libro más en nuestras bibliotecas. Decimos ser personas de fe, pero solo como un título y, al igual que George, hasta seguimos con nuestros malos hábitos que no van de acuerdo a la fe que profesamos. Hay veces que hasta intentamos cambiar, pero nuestros esfuerzos son inútiles y terminamos haciendo lo mismo de siempre y hasta adquirimos hábitos peores. Si ésta es tu condición, continúa leyendo y ve cuál fue el secreto que ayudó a George durante toda su vida.

Cuando tenía casi veinte años, fue invitado al hogar de unos creyentes, un sábado por la noche, para asistir a un culto de oración. La reunión consistía de lecturas bíblicas, oración y lectura de un sermón escrito. La misma dejó una gran impresión en George, y se fue a su casa con gran gozo en su corazón. Dios había comenzado una obra de gracia en su corazón, y éste fue el comienzo de un cambio en su vida: rompió las amistades pecaminosas, y comenzó a leer la Biblia y a orar.

El resultado de esto”, dijo George, “fue que la primera tarde que me encerré en mi cuarto para entregarme a la oración y meditación sobre las Escrituras, a las pocas horas aprendí más de lo que había aprendido durante los varios meses anteriores. Pero la diferencia particular era que recibí genuinas fuerzas para mi alma…”

¡He aquí la llave del éxito! Leer la Biblia y orar. 

La Biblia es la palabra de Dios y –todo el deseo de Su corazón, todo pensamiento divino lo podemos encontrar en la Biblia. Ella viene de Dios por medio del Espíritu y Dios usó algunos hombres para hacer que esa palabra sea registrada y, hoy, esté a nuestra disposición (2 Pe 1:21). Con respecto a la oración, orar antes y también durante la lectura es muy bueno. Transformar las palabras de la Biblia en nuestra oración es algo agradable, precioso y, sobretodo, muy saludable. Leer la Biblia de esta manera nos ayuda a extraer la vida y el Espíritu que hay en la palabra.

Esta práctica saludable que George aprendió en su intimidad con el Señor sirvió para entender los planes que Dios tenía reservado para él en su vida. Al aprender que el hecho de hacer de los versículos bíblicos su propia oración, al identificarse con el sentimiento de los autores en aquel momento, le daba “genuinas fuerzas para su alma”, él se animaba cada vez más a continuar practicándolo.

Una vez que encontramos algo tan precioso que nos ayuda a conectarnos más con Dios, a conocerlo más, a entender Sus planes para con nosotros, y que nos haga sentir de tal manera que solo Cristo puede hacerlo… ¡jamás lo dejaríamos ir! Solo debemos aprender a valorizar Su palabra y el tiempo que pasamos con Él en oración.

Al volver de un viaje, George les sugirió a sus compañeros que se reuniesen por las mañanas, de las seis a las ocho, para orar y leer las Escrituras, y para compartir lo que el Señor les estaba mostrando. Él relató que varias veces, en las tardes, después de un tiempo de lectura, encontró “una comunión tan dulce con Dios” que siguió orando hasta la medianoche, y, luego fue al cuarto de otro hermano, donde pasaron como dos horas en oración. Estando así, demasiado lleno de gozo para dormir, se quedaba despierto hasta las seis de la mañana, para orar con sus compañeros.

George experimentó de meditar, orar y leer la Biblia y sintió que él no podía quedárselo solo para él, que algo tan precioso necesitaba ser compartido. Así que decidió llevar a sus amigos más cercanos a tener comunión con Dios. ¡Qué maravilloso!

Muchas veces llamamos a nuestros amigos para ir al cine, ir a fiestas, pero recuerda lo que el apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 6:12: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todo me convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.”. Esto quiere decir que pasar el tiempo con amigos no es algo malo, pero ¿qué hacen cuando están juntos? ¿será que estás llevando a tus amigos más cerca de Dios o más lejos?

Si realmente quieres a tus amigos, una demostración de afecto no es pagarle la entrada a una fiesta, pero sí lo es llevarlo a orar. George vio que orar y leer la Biblia le hacía tan bien que quiso compartirlo por amor a Dios y por amor a sus amigos. Con el tiempo, esos “amigos” se volvieron sus compañeros espirituales.

No mucho después de dejar la escuela, le pidieron que pastorease una iglesia en Teignmouth. Siendo un pastor joven, llegó a darse cuenta que él no sabía cuál era el mejor texto para la congregación. Comenzó con el hábito de ir al Señor en oración, para decidir cuál texto debía usar. A veces estaba de rodillas durante largo tiempo antes de que Dios le diera un texto apropiado. Si nada venía a su mente, calmadamente seguía leyendo las Escrituras hasta que un texto le era traído a su memoria. También, hubo veces cuando tuvo que ir a los cultos sin texto alguno, pero lo recibió de Dios unos pocos minutos antes de predicar. El Señor siempre le fue fiel cuando él lo buscaba en oración.

¿Lindo no? “Ser guiado por el Señor”, pero… ¿qué significa realmente? En el caso de George, él comenzó a buscar el direccionamiento del Señor cuando necesitaba dar una palabra en la iglesia, pero ¿cómo puedo aplicarlo en mi vida cotidiana? Mira, en Romanos 8:14 dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”  El ser guiados por Dios es algo que está dentro nuestro, está dentro de nuestro “ADN espiritual”, sólo que debemos aprender a escucharlo.

George aquí nos da la llave de todo, una vez más: leer la Biblia e ir al Señor en oración. Esta es la forma para que conozcamos cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida. Cada vez que leemos la Biblia o escuchamos una prédica, debemos orar para que Él hable con nosotros. Con ese corazón abierto, es más que seguro que algo de lo que estás escuchando o leyendo te “tocará” y se quedará rondando en tu cabeza. Cuando eso sucede, ora a Dios por ese sentimiento y pregúntale cuál debe ser tu actitud para con esa palabra que recibiste. Es importante, también, que lo pongas en práctica. Sólo conocer Su palabra es algo objetivo y teórico. Sin embargo, debemos llevar esa palabra a nuestra experiencia subjetiva diariamente para así conocer cada vez más la voluntad de Dios en nuestras vidas. Al conocer Su voluntad, es solo cuestión de poner en práctica lo que se nos fue dicho y listo: ¡así seguirás el direccionamiento del Señor!

Meditar en la palabra y orar fue el alimento principal para la fe extraordinaria de George Müller.

Con el tiempo, las dificultades ya no eran un problema para él, sino que agradecía al Señor por una oportunidad más para depender de Él y para dar testimonio a las personas sin fe, que Dios sí existía.

George Müller: un hombre de fe por un abrigo

George no fue reconocido como un hombre de fe por haber hecho milagros ni por haber estado al borde de la muerte por el evangelio, sino por haber construido un abrigo para niños huérfanos en Inglaterra; él y su esposa, en el año 1836, establecieron en su propia casa una especie de albergue para treinta niñas. La obra continuó creciendo, al punto que fue necesario construir un edificio distinto, terminado en 1849, con capacidad para 300 niños y niñas. Veintiún años después, cerca de 2.000 niños estaban hospedados en unos cinco hogares de este tipo. La obra de Müller fue prueba de la providencia de Dios supliéndole en todo momento. Muchas veces, careciendo de alimentos que dar a los niños, recibía apenas horas antes donaciones anónimas para los mismos. En aquellos hogares, los niños recibían una buena educación, alimentación y vestido, llevándose consigo Biblias cuando partían de los mismos.

Él nos demostró que es posible vivir por fe, vivir pura y exclusivamente por la provisión del Señor. Él mismo había confiado en Dios y en Su palabra, y había probado Su fidelidad; y a los temerosos, quería animarles a hacer lo mismo. Si ellos le podían observar a él, un hombre sin muchas cosas materiales, establecer y mantener un orfanato por medio de oración y fe, ciertamente ellos se animarían igualmente a confiar en el Señor. Y, posiblemente, los inconversos se convencerían de la realidad y veracidad acerca del vivo y genuino Dios. Y, claro, en su corazón estaba también el deseo de ayudar a los huérfanos, no solamente en aliviar su necesidad material, sino que también, guiarlos al camino de Dios. Y así lo hizo. 

Joven, Dios no pide mucho de ti, Él solo pide que le tengas fe. Que confíes en Él. Sabes, la capacidad para ser un vencedor está dentro de ti, aun así, no eres tú: ¡es Jesús! Nosotros tenemos un Dios poderoso que creó los cielos y la tierra, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos y que dio la capacidad a George para que venza todos sus obstáculos. ¿Hay algo imposible para Él? Si Dios está contigo… ¿quién contra ti? Conéctate con ese Señor maravilloso invocando su nombre “¡OH SEÑOR JESÚS!” y demuestra tú también que ¡ES POSIBLE!

Si has pasado por una prueba de fe, al igual que George, me gustaría que puedas compartir con nosotros tu experiencia así otros jóvenes pueden ser animados a depositar su confianza en Dios al leer tu testimonio. ¡Deja tu comentario!

Texto original en español

Autora: María Paula Ñañez

Traducción para el portugués “George Müller: Um Grande Testemunho de Que É Possível

Português

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