Joven, ¿ya has escuchado hablar sobre la historia de Daniel? Él fue un joven inspirado en su visión espiritual, fe y oración. A su historia se la cuenta a partir de su conexión con Judá. El no era un joven cualquiera de aquella tribu. Él y sus amigos pertenecían a la nobleza, ellos se destacaron, eran jóvenes sin ningún defecto, de buena apariencia, instruidos en toda sabiduría, dotados en la ciencia y en el conocimiento. Eran jóvenes notables. ¿Qué te parece ser alguien con las mismas características de Daniel?

Abre tu corazón y verás que es posible obtener esas virtudes.

En el capítulo 1 del libro de Daniel, vemos que esos tres jóvenes fueron llevados a la Babilonia, al palacio real, para aprender la cultura y la lengua de los caldeos. “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos (…) (Daniel 1:3-4).

Daniel y sus tres compañeros fueron entrenados por tres años, pero ellos tenían la firme determinación de no dejarse influenciar por el ambiente de Babilonia. El ambiente allí era totalmente diferente, tanto en la manera de vivir, como en la dieta, pero Daniel continuó viviendo según lo que Dios le había determinado.

¿Y tú, joven? ¿Has dejado que el mundo te domine o eres un joven decidido por Cristo?

Vemos, detrás de esa situación, a Satanás queriendo transformar a esos jóvenes en caldeos. No sólo trató de cambiarles la manera de vivir y la alimentación, sino que también cambió sus nombres originales por nombres caldeos (v.7). Ahora el alimento era caldeo, la religión reinante era caldea y hasta sus nombres eran caldeos.

Los nombres hebraicos de éstos cuatro jóvenes eran: Daniel, Ananías, Misael, y Azarías; nombres relacionados con Dios. Daniel significa “Dios es el juez”, Ananías significa “Jehová es benigno”, Misael significa “quién es como Dios” y Azarías significa “Jehová es mi socorro”. Sin embargo, sus nombres fueron cambiados a nombres caldeos: Beltsasar, Sadraque, Mesaque, y Abede-nego, los cuales significan, respectivamente, “príncipe de Bel”, “iluminados por el dios-sol”, “quién es como diosa saque” y “siervo fiel del dios-fuego”.

La artimaña de Satanás era unir a esos jóvenes a los ídolos en sus nombres, en la educación, en la dieta y en la manera de vivir.

En el versículo 5 leemos: “les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey”. El fino banquete del rey y el vino simbolizan las cosas del mundo. En el versículo 8 leemos: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey”. Daniel y sus tres compañeros no quisieron contaminarse, porque no querían tener nada que ver con los ídolos. Eso es lo vemos en 1 Corintios 10: 18-20 “Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes del altar? ¿Qué digo, pues? ¿Qué el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios”.

Por lo tanto, tenían solamente una opción: no comer para no ser contaminados. Si hubiesen comido, tendrían parte con los ídolos. No les fue fácil vencer.

¿Y tú, joven, cual tiene sido su dieta espiritual?

¿Cómo te has alimentado? ¿Estás siendo uno más en la multitud? ¿O eres un joven que busca satisfacción en Cristo?

Nuestro Dios es aquel que se alegra con el corazón que es correcto ante Él. El cuidado de Dios proporcionó a Daniel, y a sus compañeros, una persona compasiva cuidase de ellos. Si el jefe de los eunucos no les hubiera escuchado, hubieran quedado sin alimento. Pero Dios proporciono todo. De la misma manera, no tengamos miedo a persecución de las situaciones. Al principio, el jefe de los eunucos dudó que la apariencia de Daniel a sus compañeros fuese saludable, si es que no comían de aquella comida. Pero Daniel confiaba en su Dios y pidió que lo observasen por diez días, durante los cuales solamente comieron legumbres y bebieron agua. Fue así como el eunuco vio la apariencia de ellos y la de los jóvenes que comían de los banquetes finos del rey, y percibió la diferencia. ¡Joven, cree!

Aceptemos la situación en la que el Señor nos colocó y confiemos en Él.

 Jóvenes fuertes que vencen el maligno y el mundo:

Daniel y sus tres compañeros eran fuertes y debemos ser como ellos.

No seamos influenciados por las situaciones externas. La primera epístola de Juan 2:12-13 nos muestra tres grupos de personas en la iglesia “os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros padres porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros hijitos, porque habéis conocido al padre”. Los hijitos son los recién salvos. El problema básico de ellos, el pecado, ya fue resuelto. El segundo grupo son los padres, son los más adultos, los que tienen más experiencia, que conocen aquel que existe desde el principio. Los jóvenes, por lo tanto, son los que vencen al Maligno, pues son los más tentados por él.

El versículo 14 repite: “Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, habéis vencido al maligno”. Los jóvenes pueden ser fuertes porque la palabra de Dios permanece en ellos. No importa cuán difícil sea la situación, exterior, si la palabra permanece en ellos, vencen al Maligno.

El versículo 15 aun dice: “no améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama el mundo, el amor del Padre no está en Él”.

El mundo es lo más difícil para los jóvenes vencer, pues son fácilmente atraídos por éste. Que el Señor nos guarde hoy, especialmente a los jóvenes, de la atracción del mundo.

Daniel y sus compañeros vencieron. A pesar de comer legumbres y beber agua, Dios les dio mejor apariencia de los que comían los banquetes del rey y bebieron de su vino. Además de eso, Daniel y sus tres compañeros fueron llevados a la presencia del rey. Y cuando éste los examinó, los encontró más inteligentes que todos los magos y encantadores que había en todo el reino (“pero a Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños”-v.17). Dios le dio espíritu de sabiduría y de revelación. En Daniel 4:8,9,18, Nabucodonosor dice que Daniel tenía el espíritu de dioses santos. Lo que él tenia, en verdad, era el espíritu de sabiduría y de revelación de parte de Dios.

Fiel a la visión

Veamos ahora el ultimo versículo: “Daniel continuó hasta el primer año del rey Ciro”. ¿Por qué este versículo está aquí? Para mostrar que Daniel continuó hasta el final del cautiverio. Él fue llevado cautivo en el año 606 a.C y continuó hasta el primer año del rey Ciro, 536 a.C. Probablemente, fue él quien llevó al rey Ciro a la visión de la reedificación del templo.

Daniel fue un vencedor. Permaneció fiel al Señor y a su propósito en los setenta años de cautiverio, desde el comienzo hasta la orden para la restauración del templo.

Que todos seamos los “Danieles” de hoy.

(Texto extraído del capítulo tres del libro: “Daniel: o Destino do Governo Humano.”)

Autor: João Lucas Martins

Traducción del artículo “Vida de Daniel (1) – Um Exemplo de Jovem Separado Para Deus!” (Blog Eu vos Escrevi).

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