Querido joven, ¿estás disfrutando de la serie? En el último post hablamos sobre la importancia de tener amigos en la vida de la iglesia. En este texto hablaremos sobre la relación con nuestros familiares – especialmente con aquellos que se reúnen.

Sin embargo, si tu familia no se reúne, ¡no te desanimes! Continúa leyendo porque podrás aprovechar estas palabras y aplicarlas en tu vida. También puedes orar por aquello que el Señor quiere y desea hacer en tu hogar: conquistar a todos los que están en tu casa (Jeremías 24:15). ¿Vamos a disfrutar juntos?

LOS HIJOS FUERON CRIADOS COMO UNA EXPANSIÓN DE LA FAMILIA

Cuando Dios creó a Adán, vio que tenía una necesidad especial -necesitaba de alguien semejante a él para completarlo. Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, y “vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”, descansó al día siguiente. Los hijos no estaban junto a Adán y a Eva cuando Dios descansó de su obra creadora. Por lo tanto, nosotros, los hijos, somos la expansión de la familia, pues el núcleo son nuestros padres. El Señor te escogió de una manera muy especial para formar parte de tu familia y el motivo es soberano: Él ya sabía que era exactamente de esa familia de quien necesitarías.

Vamos a hablar más abajo sobre puntos muy importantes, que podemos y necesitamos siempre recordarnos en la convivencia con nuestra familia. Son 3 actitudes necesarias para convertirte en un hijo vencedor:

#1 – SER OBEDIENTE

Colosenses 3:20 dice: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”. Este versículo no da lugar a ninguna excusa, porque dice a los hijos que obedezcan a sus padres en todo. Muchas veces decidimos obedecer a nuestros padres sólo en las cuestiones que consideramos que están bien. Pero aquí está escrito que lo debemos hacer “en todo”. Ellos nos pueden decir “no puedes ir a tal lugar” o “haz tal cosa”, nuestra actitud aún debe ser de obediencia.

Otra parte importante de ese versículo es “porque esto es grato al Señor”. La cuestión de la obediencia está ligado al Señor. ¡Tenemos un tesoro en ese versículo! Si quieres ser grato al Señor, es extremamente necesario que obedezcas a tus padres.

También es importante recordar que la naturaleza que hay dentro del hombre, no es una naturaleza a la cual le gusta obedecer. ¡La obediencia viene de Dios! Por eso Pablo dice: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo”. Aunque no quieras obedecer, cuanto más busques, delante del Señor, obedecer a tus padres y practicar, más se perfeccionará la obediencia en ti.

¡Busquemos a Dios, pues de Él procede la obediencia, para que la podamos practicar como el Señor desea!  De esa manera, no veremos a la obediencia sólamente como un ítem por cumplir, sino que veremos la necesidad, delante del Señor, de obedecer a nuestros padres.

Vamos a ver otros versículos sobre la obediencia:

“Y aunque era Hijo, por lo que padeció, aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8). Jesús, el Hijo de Dios, aprendió la obediencia por medio de lo que padeció. No es tan simple obedecer, porque exige dejar nuestras voluntades y esa actitud nos hace sufrir. Pero, a través de los sufrimientos, nuestro Señor Jesús aprendió la obediencia.

“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos” (Lucas 2:51). Jesús podía escoger obedecer o no a sus padres, pero Él no hacía Su propia voluntad, porque Él siempre era guiado por la voluntad del Padre. De la misma forma, debemos siempre ser guiados por la voluntad del Señor. Cuando leemos Su palabra, encontramos Su voluntad y la Palabra nos dice que obedezcamos a nuestros padres. Si obedecemos, el resultado será maravilloso, pues, como Cristo, ¡aprenderemos la obediencia! Recuerda: la voluntad de Dios es que obedezcamos a nuestros padres.  

En Romanos 13:1 leemos: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridades sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”. Siempre necesitamos identificar la autoridad en lugar donde estamos, y serle sumiso para ser bendecidos. En el contexto de la familia, las autoridades son los padres. Nuestros padres son las autoridades establecidas por Dios y, si los obedecemos, seremos bendecidos.

Ellos también son ministros de Dios para tu bien (Romanos 13:4a -RVA). ¡Qué lindo! Nuestros padres no son sargentos que nos torturan y nos maltratan. ¡Nuestros padres quieren nuestro bien! ¿No crees que tus padres oran por ti? Antes de que duerman a la noche, ellos no traman un plan maligno en tu contra, por el contrario, ¡ellos oran por ti! Ellos se preocupan por ti.

#2 – TRATAR CON RESPETO Y HONRA, SIENDO GRATOS

En el capítulo 13 de Romanos, el versículo 7 dice: “Pagad a todos lo que debéis, al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”. Nuestros padres necesitan que les entreguemos lo que les corresponde. Nuestros padres necesitan respeto y honra.

Vimos, anteriormente, que obedecer a nuestros padres es ser grato al Señor. La gratitud debe ser algo constante en la vida de los cristianos y algo que debemos cultivar. Cuanta más gratitud existe en nuestro corazón, más respetaremos y honraremos a nuestros padres. No es el hecho de que seamos cercanos a ellos lo que los vuelve la “excepción” a la nuestra necesidad de mostrarles gratitud. En realidad, antes de expresar esa gratitud a los de afuera, es necesario que practiquemos eso en nuestras casas. Y ¡practicar gratitud en nuestras casas es algo totalmente posible!

Podemos ver algunos ejemplos prácticos. Cuando tus padres compran tus ropas, un teléfono celular nuevo, o tus útiles escolares… ¿qué piensas sobre eso? ¿Piensas que “es su obligación”? ¿O piensas “quizás mis padres no tuvieron cómo pagarlo, pero aún así me lo dieron”? ¿Cuál sería tu actitud en ese momento?

Es importante pensar en esas preguntas para saber si estamos tratando a nuestros padres de una manera en la que el Señor se agrada o no. Por más de que te parezca “pequeña” alguna acción que tus padres hagan por ti, aún así puedes ser práctico y darles las “gracias” de manera simple y sincera. ¡Eso ya les causa mucha alegría! Nuestros padres necesitan de nuestra gratitud. Joven, se grato y agradece a tus padres hasta por las cosas más simples. Agradece por tus ropas, por tu teléfono, tus materiales escolares… agradece por todo lo que te dan. Cultiva la gratitud como un estilo de vida.

Si tuviésemos esa gratitud en nuestros corazones, agradaríamos al Señor y a nuestros padres. Y cuando seamos mayores y nuestros padres necesiten de nosotros, debemos continuar siendo gratos con ellos. En el futuro no debemos despreciarlos, sino recordarnos de que ellos son la prueba de amor de Dios por cada uno de nosotros, pues ellos prepararon nuestros corazones para recibir a nuestros Amado Señor (Proverbios 22:6).

Nuestra gratitud con ellos también los encoraja en la vida con el Señor; recuerda que nuestras actitudes pueden traer vida o desánimo espiritual para ellos.

#3 – SANTIFICARSE A FAVOR DE ELLOS

Juan 17:19 dice: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”. Nuestro Señor Jesús, que ya era santo, se santificó a favor de los discípulos para que ellos también pudiesen ser santificados. Nuestros padres se santifican por nosotros, pero ¡nosotros también necesitamos santificarnos por ellos!

¿Qué? ¿Necesito santificarme por mis padres? ¡Sí! Cada uno de nosotros necesitamos santificarnos. A medida que nuestro vivir con Cristo se intensifica y somos santificados, nuestra vida familiar se vuelve más agradable. Amar sin esperar algo a cambio se vuelve posible. Eso hace que nuestros padres disfruten más del Señor.

Además, debemos santificarnos porque nuestros padres también son humanos, tienen sus fallas y también están en medio de una batalla espiritual. ¿Puedes imaginarte cuántas veces Satanás intentó destruir tu familia? El enemigo ha intentado varias veces destruirte a ti, a tus hermanos y al matrimonio de tus padres.

1 Pedro 5:8 dice: “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor, buscando a quien devorar”. Si dejas de santificarte y de preocuparte por tu familia, abres una brecha. Mira tu casa. ¿Puedes percibir las brechas en tu familia? ¿Será que el Señor está predominando en tu casa o será que el enemigo pudo entrar por las brechas y está causando sufrimiento en tu familia? ¿Cómo está tu disfrute con el Señor?

Tenemos que estar atentos a todos esos ítems. Si antes no pensábamos que orar por nuestras familias era importante, pues debemos pensarlo ahora. Quizás tu seas quien es más fuerte espiritualmente en tu casa. Si esta es tu situación, no te enorgullezcas y pienses que eres mejor que tus padres. Por el contrario, suple de vida a tu familia, lo que hace la diferencia no es juzgarlos, sino suplirlos de vida.

Si percibes que las cosas en tu casa andan muy “atacadas” por el enemigo y existen brechas, ora al Señor desesperadamente para que cambie esa situación. Él los puede librar de los ataques del enemigo y reparar esa brecha. ¡Aún hay tiempo! ¡Nuestro Señor nos ama! Él no te dejará solo.

(Si estás cuidando bien ese tema de las brechas, es importante que perseveres en la oración).

¡Gracias al Señor que podemos confiar en Él para volvernos vencedores! Él preparó a tutores y curadores próximos a nosotros que nos aman y nos ayudan a crecer en vida (Gálatas 4:2).

Vimos en la primera parte del post sobre la familia que se reúne, que necesitamos ser obedientes a nuestros padres, ser agradecidos y santificarnos a su favor. Quería animarlos, porque sabemos que no siempre conseguimos vivir de esa forma. En algunas situaciones vamos a errar, seguramente. Pero lo importante es que recibamos la luz del Señor, que nos arrepintamos delante de Él, pidamos perdón a nuestros padres y ¡prosigamos! Un hijo vencedor es aquel que aprende de sus errores.

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Autora: Debora Moreno

Traducción del artículo “Família: 3 atitudes essenciais para você se tornar um vencedor – Série ‘Vida Social’ (5)” (Blog Eu vos Escrevi).

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