En el último post de la serie “Vida Social” hablamos de “Familia: 3 actitudes esenciales para convertirte en un hijo vencedor”. Si no lo has leído, te recomendamos que lo leas, pues este texto es su continuación. De esa forma, cuando leas entenderás mejor los puntos que vamos a desarrollar a continuación. Entonces, detén todo, haz clic aquí y lee. ¿Ya lo leíste? ¡Súper! … ahora puedes seguir con este post…

#1 – Cierra la brecha en oración: ora con tus padres.

En relación al tema de la oración, es importante que oremos junto con nuestros padres.

Suele suceder que uno de los padres esté más débil en la fe que el otro. En esa situación, a veces, los hijos se unen al cónyuge que está más fortalecido espiritualmente y critican al que está debilitado. Y los resultados son desastrosos. Aun siendo críticas “ocultas”, sólo generan intriga y raíces de amargura que no traen la presencia del Señor.

Pero, cuando oramos por aquellos que están más débiles, el Señor se complace. Tus sentimientos por tu papá o tu mamá comienzan a cambiar (Pv. 26:20), y ves que lo que está ocurriendo no es sólo culpa de la persona que está débil, “porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados y potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales” (Efesios 6: 12). La persona está debilitada por cuestiones personales, humanas y espirituales -nuestros padres también pasan por guerra espirituales-. Así que orar con nuestros padres nos ayuda a tapar las brechas personales, humanas y espirituales, y nos ayuda a superar nuestros desafíos.

Somos del mismo ejército y de la misma familia. Si no intentamos ayudarnos, nos debilitaremos aún más. Ten en cuenta que, en la batalla espiritual, los jóvenes forman parte de primera fila y los padres son la parte trasera. Los padres son los que están detrás de nosotros y nos protegen, mientras que somos atacados en la línea de frente en la batalla espiritual. Tenemos que prestar atención a esto porque si el enemigo alcanza a nuestros padres, nos llegará por detrás, seremos sorprendidos e incluso podremos perder la batalla en ese momento.

Así que ora con tus padres, ora por las dificultades personales, humanas y espirituales que puedan llegar a tener. Colócalo delante de Dios, pídele una salida, una alternativa y para que te conceda la sabiduría que viene de los cielos para superar las dificultades. Créeme, ¡Dios escuchará! Y mantente firme en oración, porque las oraciones son como flechas.

#2 – Cierra la brecha en la intimidad: entiende de que tus padres cometen errores y que las familias pueden tener problemas, pero que eso no necesita estar abierto al público.

Otro elemento importante, del cual siempre debemos preocuparnos, es cubrir la “desnudez” de nuestros padres. Esto significa que tenemos que saber cómo lidiar con los fracasos de nuestros padres.

En el Antiguo Testamento vemos que Noé plantó una viña, bebió del vino, se embriagó y se desnudó en la tienda. Uno de sus tres hijos a ver la desnudez de su padre, fue a contarle a sus hermanos. La actitud de los dos hermanos fue de ir a su padre, de forma sabia, caminando hacia atrás con los rostros desviados, y, así, cubrían la desnudez de su padre sin verla (Gn. 9: 20-23).Cuando Noé volvió a estar sobrio y supo lo que había ocurrido, maldijo a su hijo que lo había expuesto y bendijo a los otros dos que lo cubrieron.

Esta es una gran lección para nosotros. La moraleja de esta historia es que ciertas cosas deben permanecer dentro de la tienda. Algunos eventos deben permanecer en privado. Joven, tu casa debe ser una ambiente privado. El problema descrito en el texto, fue el hecho de que el hijo había entrado en la tienda de su padre y luego quiso traer a sus hermanos también para que sean testigos de la desnudez del padre, lo cual era algo muy privado. Mira, el hijo no sólo excedió los límites, sino que también quiso hacer público algo que era privado.

En esta historia, la desnudez es algo muy íntimo que debe permanecer dentro de la tienda, debe permanecer en privado. El hijo chismoso quería que los otros hermanos violasen la intimidad de su padre. Ese hijo no entendió que la casa es un ambiente privado.

Joven entiende: tu casa es un ambiente privado. No todo lo que sucede en el interior debe convertirse en público. Entender y practicar este principio trae bendición. La desnudez de tus padres debe permanecer dentro de la tienda.

Cuando te das cuenta de que tus padres fallan y/o pecan, la mejor que puedes hacer es orar por ellos. Contar la situación a otros jóvenes que no pueden ayudarte y/o dan testimonio público hablando de las fallas de tus padres, es una mala salida y que hasta puede hacerles daño.  Si deseas obtener más ayuda, busca al hermano responsable (presbítero) o a un hermano del servicio de jóvenes (diácono) de la iglesia.  Ellos tienen experiencia y evitarán que la situación se haga pública. Esto guardará a tus padres ¡y te traerá bendición!

#3 – Cierra la brecha en tu consagración personal: santifícate por tus hermanos menores y mayores convirtiéndote en un ejemplo que refuerza lo que los padres enseñan acerca de Dios.

Con respecto a la santificación, que mencionamos en post anterior, tenemos que santificarnos, también, por nuestros hermanos mayores y menores. Cuando miran nuestro ejemplo, nuestros hermanos que no han tenido una experiencia con el Señor pueden sentirse inspirados.  Especialmente los más jóvenes, que no apartan la mirada de nosotros, los mayores. Quieras o no, eres su ejemplo más cercano en edad.

Nuestros padres nos enseñan que el Señor es bueno; nuestro ejemplo positivo de santificación lo refuerza y crear una mayor seguridad en nuestros hermanos. Si tus padres dicen que el Señor es bueno, pero pruebas y aún sigues probando el sabor del mundo, tu ejemplo contradice lo que tus padres enseñan. En esa situación, ¿cómo tus hermanitos creerán que el Señor es verdaderamente bueno? En ese momento eres como una piedra de tropiezo y obstaculizas la fe de los más jóvenes (Rm.14: 13). Se un ejemplo positivo de santificación, refuerza lo que tus padres enseñan y ¡ve cómo crecer la fe de tu familia!

¿Y si mis hermanos ya tienen un vivir de disfrute con el Señor? Aun así, también es necesario santificarse. Eso asegurará que tus hermanos siempre sean alentados por tu testimonio.

#4 – Cierra la brecha en la amistad: charla con tus padres y hermanos para construir un ambiente de libertad en el hogar.

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, misericordiosos, amigables” (1 Pe.3: 8).

Joven, cultiva amistad con tus padres. Debemos cultivar la amistad con nuestros padres para que nos ayudan en las diferentes dificultades que se encuentran en esta fase de la juventud y durante toda la vida. Ellos son consejeros maravillosos porque buscan al Señor y tratan de mostrarnos cuál es Su voluntad. Cuando los oímos, el Señor nos bendice.

“Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra” (Prov. 22:18).

Jóvenes, tengan el valor para hablar con sus padres porque ellos sirven al Señor y tienen mucha experiencia con Él para ayudarnos. Ellos pueden orar, leer la Biblia, el Alimento Diario o un libro espiritual con nosotros y más allá de pedir ayuda, podemos hablar con ellos sobre otros asuntos.  ¡Eso los aproximará más y les dará una vida mucho más saludable!  (¿Recuerdas cuándo fue la última vez que saliste con sus padres a caminar? ¿Qué tal si le invitas tú la próxima vez? Incluso si en tu casa todos están muy atareados, seguramente ellos se alegrarán de que te preocupas por eso. Toma el primer paso).

También hay casos en que los jóvenes, a pesar de estar en una familia que se reúne, casi no tienen diálogo con los padres. Es necesario buscar acercarse a ellos.  Puedes iniciar, por ejemplo, preguntándoles cómo fue su día, cómo están… Aunque parezca difícil al principio, crea el hábito de hablar con ellos. Te sentirás más feliz y más cómodo en tu casa, teniendo a tus padres como amigos (¡que realmente son!). Tendrás libertad.  

Por otra parte, hay que cultivar amistad con nuestros hermanos mayores o menores, ya que ¡están de nuestro lado en el campo de batalla!  Si no estamos unidos, las peleas traerán dificultades a nuestros padres, y no nos dejarán contentos.

En la mayoría de los casos, nuestros hermanos tienen diferentes gustos de los nuestros, pero son únicos y especiales.  Quizás no lo notes mucho por causa de siempre ver sus actitudes negativas. Si te detienes un momento y tratas de entender a tus hermanos, verás que tienen mucho que ofrecer, pero primero tienes que abrirles tu corazón. Si eres amigo de tus hermanos en los momentos difíciles, juntos buscarán al Señor y eso les traerá bendiciones.

#5: Cierra la brecha en la zona de conflicto: esfuérzate por practicar lo que tus padres consideran que está bien para tener paz con ellos.

Hay una gran fuente de brechas que se puede evitar: la zona de conflicto. Antes de explicarte lo que es una zona de conflicto, vamos a ver un ejemplo.

Nuestras madres se quedan muy, muy, muy, muy enojadas cuando ponemos la toalla mojada sobre la cama. Es cierto que no lo hacemos a propósito, ¿verdad? Es que, quizás, mientras hacemos otras cosas, dejamos la toalla allí y nos olvidamos de que a mamá no le gusta. ¿Y cuándo nos acordamos que dejamos la toalla encima de la cama? ¡Cuando nuestra madre se enoja!

Mira, esto parece algo muy insignificante como para pensar que puede llegar a abrir una brecha en tu relación con tu familia. Sin embargo, con el tiempo, al continuar haciéndolo, nuestros padres se quedan muy infelices con nuestras actitudes y los regaños merecidos vienen. Esto trae un desgaste innecesario para ellos y para nosotros mismos.

Siendo así, la zona de conflicto es un momento que nosotros mismos lo creamos y hace que las probabilidades de conflictos sean más altas. Por lo general, ese momento se crea cuando ignoramos las órdenes que nos dan nuestros padres sobre lo que consideran bueno y correcto. ¿Y cómo huyo de la zona de conflicto? La salida está en 1 Pedro 3:11, que dice: “Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala”.

¿Quieres tener días felices? Debes esforzarte. ¡Tener actitud!  Aquí dice que tenemos que buscar la paz y seguirla; esforzarnos por alcanzarla. ¿Has pasado por esa situación en la que tus padres te dicen algo bueno y correcto para hacer, y lo terminas ignorando? Bueno… es el momento de prestar atención, esforzarse por hacer aquello que consideran bueno y correcto para tener derecho paz con ellos. Eso es lo que significa el cerrar de la brecha de la zona de conflicto.

¡Si cierras los huecos en las zonas de conflicto ni bien los identificas, con el tiempo, tus prácticas cambiarán y las orientaciones de tus padres, que antes te parecían imposibles, se volverán posible! Tus problemas y conflictos van a terminar, ya que has buscado y luchado por la paz en tu hogar. ¡Gracias al Señor!

#6: Cierra la brecha de la exigencia: entiende que tus padres tienen limitaciones financieras, aun así te dan lo mejor.

Debemos ser comprensivos y conformarnos con lo que nuestros padres y el Señor nos dan.  A veces nuestros padres no tienen condición financiera para darnos ropa de marca o lo último en tecnología. Quizás no sea muy caro pero, en ese momento, para tu padres, no les es posible comprar. Cuando sabemos que la situación financiera no está bien en casa, no debemos poner más presión sobre nuestros padres. 

En primer lugar porque ya sufren esa presión por los medios de comunicación día a día. En segundo lugar, podemos aprovechar este momento para tener una experiencia con el Señor en oración. El Señor viste los lirios del campo de la mejor manera y es Él quien alimenta a las aves del cielo. ¡Nosotros somos Sus hijos! ¿¡Cuánto más cuidará de nosotros!? Sólo basta orar que Dios puede hasta superabundar.

Es importante recordar todo eso para animar a nuestros padres. Para satisfacer económicamente lo que queremos -y que va más allá de nuestras necesidades-, nuestros padres tienen que trabajar el doble, perder energía física, disfrute espiritual y, además, pasar poco tiempo con nosotros.

Nuestros padres tienen limitaciones financieras, pero nos dan lo mejor. Es importante saberlo para no obligarlos a comprometerse de más con el mundo del trabajo sólo para satisfacer nuestros deseos egoístas. Además, al entenderlo, desarrollamos el valor de ir al Señor y pedir que superabunden los recursos que nuestros padres ya tienen.

#7: Cierra la brecha en el carácter: trabajar nuestro carácter genera una humanidad adecuada que fortalece la predicación del evangelio y fortifica la calidad de ayuda espiritual que ofrecemos a los demás.

Además de no hacer lo que a nuestros padres no les gusta que hagamos, también debemos hacer lo que les gusta. “¿Ese ítem incluye, lavar los platos, por ejemplo?”  ¡Exacto! Es un ítem muy práctico sobre la obediencia, del cual hablamos en el post anterior, que moldea nuestro carácter.

Querido joven, somos instrumentos que el Señor desea usar. Somos como un vaso en el cual cabe un contenido maravilloso, ¡Cristo! Pero, ¿cómo la gente va a beber de ese “vaso” si está sucio o mordido en los bordes? Por más de que el contenido sea puro, ¿cómo podrá la gente tocar en ese Cristo que está en nosotros, si humanamente no tenemos un carácter adecuado? Si no podemos obedecer a nuestros padres para hacer las tareas de la casa, nuestro testimonio se ve afectado.

Por lo tanto, incluso si ayudamos a nuestros amigos a disfrutar de Cristo, en algún momento pueden mirar nuestro testimonio y cuestionar si realmente los podemos ayudar. Nuestro vivir diario construye nuestras prácticas y las personas prestan mayor atención a lo que nosotros, los cristianos, hacemos. Las personas a las que predicamos el Evangelio o a las que ofrecemos ayuda espiritual buscan una humanidad adecuada.  Ellos ven cómo hablamos, cómo comemos, si somos cuidadosos o relajados. Después de juzgar nuestra humanidad, elijen si quieren o no oír lo que decimos.

Tal vez te sientas que es un poco injusto tener que obedecer y hacer muchas cosas que no quieres, pero podemos ver en el ejemplo de José (historia de un joven muy especial del Antiguo Testamento, que buscó al Señor), que sufrió mucho. Fue vendido por sus propios hermanos a los egipcios como esclavo y hasta fue encarcelado injustamente. Pero ¡todas las situaciones que parecían ser negativas lo prepararon para reinar!

Todo cambia cuando vemos las cosas de otra manera.  Por eso, si queremos ser vencedores, debemos aprovechar las oportunidades para que el Señor trabaje Señor en nuestro carácter. Ya sea, por ejemplo, lavando platos, o el baño, ordenando el armario, o barriendo… ¡todo esto ayuda a moldear nuestro carácter. Si tenemos un carácter adecuado, ¡seremos útiles al Señor!

¡Que podamos buscar, delante del Señor, ser personas con un carácter trabajando y una humanidad adecuada! Joven, recuerda: la mejor manera de predicar el Evangelio y ser ayuda espiritual proviene de aquellos que son seres humanos adecuados. Por lo tanto, busca a Dios y deja que trabaje en ti, para que puedas tener un testimonio que refleje un carácter y una humanidad adecuada. Esto fortalecerá la manera en que predicas el Evangelio y fortalecerá la calidad de ayuda espiritual.

#8: Cierra la brecha en tu corazón: reconoce tu valor, enfócate en las palabras positivas de tus padres y reconoce que a veces ellos se expresan mal.

Hablamos mucho de cómo debería ser nuestra actitud para con nuestros padres. Y sabemos que, a veces, en un momento difícil, atareado o triste, ellos pueden decir cosas que nos entristecen. Por ejemplo, si tus padres te dicen, “¡NUNCA ordenas tu cuarto!” o “SIEMPRE se te olvida la luz encendida”, no debes concentrarte en palabras fuertes. El hecho de que hayan utilizado las palabras “siempre” o “nunca” no significa que literalmente sea así. Es más como una expresión…

Cuando ellos repitieren esas palabras nuevamente, -si realmente te preocupas por cumplir tus obligaciones como hijo- recuerda que fue la situación quien los llevó a usar esas palabras. Nuestros padres se expresan mal a veces, pero ante esos comentarios debemos reconocer nuestro valor y concentrarnos en las palabras positivas.

Esos detalles son los que hacen la diferencia. Cuando son para cosas positivas, marcan positivamente. Pero cuando son cosas negativas, generan tristeza y raíces de amargura, que pueden crecer en nosotros si alimentamos esos pensamientos negativos. Es por eso que debes enfocarte en lo positivo.  Debes extraer una lección positiva de las cosas negativas.  Por ejemplo, cuando tus padres te dicen que SIEMPRE se te olvida la luz encendida, en realidad quieren decir que se te olvidó apagarla EN ESE MOMENTO. La lección aquí es: apagar la luz en ese momento.

Es por eso que no te debes enfocar en lo negativo. Joven reconoce tu valor y enfócate en lo positivo, entiende que tus padres se expresan mal a veces. Utiliza el espíritu que Dios te dio, deja de lado los sofismas de los pensamientos negativos. Lleva tus pensamientos a ser positivos y a someterse a la obediencia a Cristo (2 Co.10: 3-5). Eso revolucionará tu relación con tus padres.

Si aprendemos a pasar por esos momentos, aprovechando la oportunidad para crecer en el Señor, vamos a cosechar buenos frutos en el futuro, pues de la forma en que cuidamos de nuestra familia hoy, influirá en la manera de cuidar nuestro futuro hogar.  Recuerda que lo que cultivas hoy, es lo que vamos a cosechar más adelante: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gl 6: 7).

Que podamos buscar vivir sabiamente, obedeciendo a nuestros padres, honrándolos y siendo agradecidos con ellos; siempre buscando al Señor para que nuestra vida en el hogar exprese Cristo, con el fin de fructificar para Dios y ¡convertirnos en vencedores en Él todos los días!

¡Que el Señor te bendiga, querido joven!

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Autora: Débora Moreno

Traducción del artículo “8 BRECHAS PARA CERRAR EN TU RELACIÓN CON TU FAMILIA – SERIE ‘VIDA SOCIAL’ 6″ (Blog Eu vos Escrevi).

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