¿Sabías que Dios te hizo a Su imagen y semejanza? Entonces, ¿cómo podría desistir de ti? Dios quiere alcanzarte en cada situación de tu vida, así como los brazos de un río que alcanzan varios lugares.

En el Antiguo Testamento, podemos ver un símbolo del evangelio de la gracia a través de la acción de Dios para rescatar al hombre que se distrajo y se alejó de Dios. A pesar de que el Señor aprecia la presencia del hombre y de la mujer, por causa del veneno del pecado que entró en ellos, Dios tuvo que expulsarlos del jardín del Edén, cuyo acceso fue cerrado por un querubín con una espada encendida que se revolvía por todos lados (Génesis 3:24). De esa manera, toda la humanidad se mantuvo alejada del Árbol de la Vida y de la presencia divina.

Dios, sin embargo, no desistió y, por amar tanto al hombre, fue a buscarlo. La acción de llevar el hombre a Sí mismo se cumplió plenamente por medio de Jesucristo, el Hijo amado de Dios, que murió en la cruz por nosotros. Pero antes de entregar Su hijo por nosotros, Él ya estaba actuando para rescatar al hombre perdido. Podemos ver esto a través del río que salía de Edén y que se dividió en cuatro brazos (Génesis 2: 10-14).

Pero ¿por qué comparar la caída del hombre con el río del Edén?

Con la caída, el hombre empezó a vivir de forma independiente de Dios y manejaba sus acciones para su propio beneficio. Pero Dios quiere ser todo lo que necesitamos. Por lo tanto, el río tipifica nuestro amado Señor Jesús que constantemente busca satisfacer nuestras necesidades como una fuente de agua de vida eterna. Los brazos de este río son las situaciones cotidianas que Él permite que nos suceda para que nos acerquemos más a Él. Como somos pecadores, en la mayoría de las situaciones, murmuramos. Pero, ¡aleluya por el cuidado insistente que el Señor tiene con cada uno de nosotros, jóvenes! Él prepara todas las situaciones para que nos volvamos a Él. Para que nos demos cuenta de que sólo Jesucristo puede satisfacer nuestra, como sucedió con la mujer samaritana (Juan 4:14).

En aquel tempo, los ríos eran sinónimo de prosperidad. Las inundaciones del Nilo, por ejemplo, eran motivo de fertilidad de varias tierras egipcias. Así que, ¡tener agua, significa ter vida, tener salvación! Joven, nuestro Dios reconoce nuestras necesidades y Él nos alcanza en cada una de ellas. En cualquier circunstancia que pueda surgir, ¡ya tiene todo listo para salvarnos! ¡Oh, Señor Jesús! ¡Qué Dios amoroso!

El funcionamiento de cada brazo del río en busca de nuestra salvación

Como dijimos anteriormente, después de la caída, el hombre fue expulsado del Jardín del Edén. Por causa del pecado, fue apartado del ambiente donde tenía la presencia de Dios. Pero aun así, había un río que salía del Edén y regaba toda la tierra, dividido en cuatro brazos, que significa el mover de Dios para suplir de vida al hombre, garantizar su supervivencia y salvación.

También podemos decir que esos brazos representan el mover de los hijos de Dios, utilizados por Él por medio de la predicación del Evangelio, para buscar a los perdidos, llevándolos a la salvación y ayudándolos a crecer en la vida de Dios para ser hijos maduros (Col. 1: 28-29).

Te mostraré cómo es posible aplicar cada uno de esos brazos:

El primer brazo es el Pisón que representa el curso normal, el flujo saludable, la plena comunión con Dios, nuestro Creador, que nos hace material útil para Su edificación.

El segundo brazo es Gihón, que pasa a través de la tierra de Cus, nombre de uno de los hijos de Cam, cuya descendencia habitó y se desarrolló junto a Egipto, en África del Norte, un lugar donde la vida era muy fácil (Gn 2: 13; 10: 6).

Al hombre le gusta vivir en lugares muy cómodos. Así como el Faraón oprimió al pueblo de Dios en aquella época, Satanás intenta utilizar todos los medios para usurparnos y mantenernos distraídos de la voluntad divina. Mucha gente piensa que la vida humana es una mera búsqueda de supervivencia. De ahí viene la necesidad de que estas personas sean encontradas “por el río Gihón.”

El tercer brazo es Hidekel, que va del oriente de Asiria, una tierra caracterizada por el pecado. El Hidekel tiene muchas aguas que corren rápido. Eso representa el hecho de que, para salvarnos y librarnos de la esclavitud del pecado, se requiere una intensa acción del Espíritu Santo. Como un río, tan impetuoso, que derriba todo lo que encuentra por el camino, el Espíritu Santo tiene que actuar de una manera similar con el pecador.

El cuarto brazo del río es el Eufrates, que corría a Babilonia, una tierra de ídolos que representa las religiones. Cuando se habla de religión, nos referimos a toda acción humana para adorar a Dios a través de su esfuerzo natural, un servicio que se basa en el conocimiento del bien y del mal – lo cual no es suficiente para agradar a Dios. Si recibimos las aguas de este río, poco a poco nos libraremos de la religión y de la tradición  y así podemos servir a Dios en novedad de vida.

 ¿Has pensado alguna vez en entregar tu único hijo a favor de tus enemigos y hacerle morir para dar su vida por los que no lo aman? ¡No podemos medir el tamaño de ese amor por nosotros (Ef 3: 17-19)! Dios podría haber renunciado a nosotros como sus enemigos y pecadores. Pero, ¡aleluya, Dios ama la presencia del hombre! Y hoy, Él hace todo por nosotros para alcanzarnos. Al igual que el hijo pródigo que regresó a la casa de su Padre (Lucas 15:20), ¡vuélvete a Cristo hoy!

¡Lánzate en ese río, joven!

No pierdas el tiempo. Recibe todo el cuidado preparado por Él, personalmente para ti. Por eso, no tengas una vida de murmuración. ¡Vive con alegría! Cada día, recuérdate que Él está para ti, no te abandonará. Él nos da esos brazos para que no nos alejamos de Él. Permite que el Señor te guíe en cada situación y así tendrás la oportunidad de experimentar este amor perfecto. ¡Jesús te ama!

¿Finalizamos con una oración? Abre tu corazón y recibe etas palabras como si fueran tuyas:

“Señor, ¡gracias por siempre alcanzarme! Nadie podría cuidarme mejor como lo haces Tú. Oh Jesús, perdóname porque a veces no entiendo Tus  caminos y murmuro. Pero sé que el Señor nunca comete errores y tampoco se demora. Eres todo lo que necesito en esta tierra. ¡Nada ni nadie me puede satisfacer! ¡Sólo Tú! ¡Señor Jesús! Aquí estoy, llévame a Tus brazos de amor, rodéame con Tu vida. No permitas que me aleje de Ti. Soy tuyo(a). ¡Creo en ti! ¡Jesús, te amo!”

Texto inspirado en el capítulo 8 del libro “Los Grandes Diamantes de la Biblia”.

Autora: Mariana Frigulha

Traducción del artículo “Um fluir de amor em busca do homem” (Blog Eu vos Escrevi).

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