En los tiempos de Jesús, era necesario advertir a las personas para que no usen las cosas de Dios para exaltarse (Mt 6:1-6). Ya era así en la antigüedad. Hoy debemos tener cuidado con este asunto, pues estamos insertos en una época donde hay una gran presión por querer aparecer, principalmente con el acceso a las redes sociales. Existe una competencia en mostrar quien es más feliz, quien tiene más amigos, quien tiene más bienes materiales, entre otras cosas. Hay más preocupación con la apariencia que con la realidad, hay orgullo. Aun entre los cristianos, existen muchos con deseos de agradar más a los hombres que a Dios. No podemos dejarnos ser influenciados de esa manera. Existe el conflicto: “¿servicio o ser visto?”. Esta es una expresión que escuchamos algunas veces y que nos gustaría comentar aquí, mostrando algunos principios para que podamos no querer exaltarnos más, sino querer que ¡Él sea exaltado sobre todo!

El Peligro del Orgullo

Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.  Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mt 6:1-6)

En este pasaje, Jesús condena la exhibición innecesaria cuando alguien usa las buenas obras que deben ser hechas para servir a Dios con el objetivo de ganar elogios y alabanza para sí mismo. Con la exhibición está el riesgo del orgullo y la exaltación del ego, los cuales son condenados en la Palabra. No tenemos motivos para enorgullecernos, somos menos que nada (Is 41:24), nuestra suficiencia viene de Dios, no de nosotros mismos (2 Co 3:5). Todo lo que tenemos fue porque un día lo recibimos. (1 Co 4:7). Además, Dios es el único que debe ser exaltado en este universo (Is 42:8, Neh 9:6; Ap 15:4). Por eso, debemos conocer claramente lo que está en nuestro corazón, para que no tengamos más un alto concepto de nosotros mismos del que debemos tener (Rm 12:3). Actuando así, también lo conseguiremos…

 

No buscar nada para nosotros mismos

Es muy natural, diría yo, que las personas esperen que tal vez su servicio cristiano les dé una oportunidad de demostrar sus talentos. Verdaderamente quieren servir al Señor, mas también quieren que los demás sepan que están sirviendo al Señor. Ellos quieren tener reputación entre los santos.

Este es un terreno muy peligroso: buscar reputación entre los santos. Ya es bastante malo buscar reputación en el mundo, mas es peor buscar reputación entre el pueblo de Dios. Nuestro Señor desistió de Su reputación y, debemos hacer eso también. Meister Eckhart, en cierta ocasión predicó un sermón sobre la purificación que Cristo hizo en el templo. Él dice: “Pues, nada malo había con aquellos hombres que vendían y compraban allí. Nada erróneo había en cambiar dinero allí; aquello tenía que ser hecho. El pecado de ellos se resumía en el hecho de hacer eso para tener lucro. Ellos ganaban cierto porcentaje al servir al Señor”. Entonces Eckhart hizo la aplicación: “Quien sea que sirva por una comisión, por un poquito de gloria que pueda sacar de ese servicio, es un comerciante y debe ser expulsado del templo (…)”.

Si estás sirviendo al Señor, y casi sin percibir – tal vez inconscientemente -, esperas obtener una pequeña comisión de un cinco por ciento, ¡cuidado! Eso hará que huya el poder de Dios en tu espíritu. Necesitas estar determinado en que nunca más aceptarás cualquier tipo de gloria, sino que cuidarás para que Dios la reciba completamente.

  • Tozer – Cinco votos para obtener poder espiritual)

Nuestro servicio en la iglesia debe ser hecho de acuerdo con una motivación correcta. Una motivación pura: apenas agradar al Señor, lo cual es el resultado del amor de Cristo que nos constriñe (2 Co 5:14). No se puede agregar otras cosas, ni siquiera buscarlas para sí mismo. El Señor conoce nuestros corazones y sabe cuáles son nuestras reales motivaciones. El desea que vivamos y sirvamos con Su…

Humildad

        Que el nombre de George Whitefield sea olvidado y borrado, en la medida que el nombre del Señor Jesús sea conocido.

                                                                            (George Whitefield)

El nombre de George Whitefield no fue olvidado, pues el Señor quiso que su testimonio fuese recordado. Ese debe ser nuestro sentimiento: querer que apenas el Señor sea recordado y exaltado por las cosas que hacemos, no buscando ser exaltados nosotros mismos. Como hijos de Dios debemos negarnos a nosotros mismos y buscar que Él crezca en nosotros, según el principio: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3:30). Es claro que hay dificultades en este camino y pueden aparecer preguntas como:

¿Y cuando alguien es elogiado y reconocido por lo que hizo y yo no?

  El espíritu de Aquel que lavó los pies de los discípulos hace que seamos, en realidad, felices de ser los menores, ser siervos unos de los otros. El hombre humilde no siente celos o envidia. El puede alabar a Dios cuando otros son preferidos y bendecidos antes que él. Él puede soportar escuchar que otros sean exaltados y que él sea olvidado, pues en la presencia de Dios, él aprendió a decir como Pablo: “Nada soy” (2 Co 2:11). Él recibió el espíritu de Jesús – que no Se agrado a Si mismo y no busco Su propia honra – como el espíritu de su vida.

(Andrew Murray – Humildad, La Belleza de la Santidad)

La humildad de Jesús no busca competir con otros. Además, es una alegría ser libre de ese tipo de presión. Juan 21: 19-22 nos muestra una importante lección. Cuando Jesús le dice a Pedro que le siguiese, Pedro pregunto sobre Juan: “¿y qué de éste?”, Jesús respondió: “si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿Qué a ti? Sígueme tú”. Seamos fieles en apenas aquello que el Señor nos llamo, Jesús no aprueba comparaciones. Lo que nos debe importar es la obra de Dios avanzando, independientemente si los instrumentos usado por Él son reconocidos por los hombres o no. Y claro que existen…

  Excepciones para ser vistos

Los únicos casos en que puede ser bueno alguien ser visto mientras sirve es para ejemplo, ánimo (1 Co 11), para dar testimonio y para estar accesible a la comunión. Ser visto sirviendo puede encorajar a las personas, como hermanos nuevos, puede ser una manera de predicar el evangelio, y puede ser útil en el caso de que alguien quiera tener comunión con la persona que está sirviendo. Mas debemos tener mucho cuidado con la idea de ser visto, pues esa no debe ser nuestra inclinación. Sin embargo…

Eso no debe desanimarnos a servir

No debemos quedar desanimados en servir por miedo al orgullo, eso es realmente peligroso. Si buscamos tener un corazón puro delante del Señor en el servicio a Él, cuando los sentimientos del orgullo vengan a nuestro corazón podremos rechazarlos. De ese modo, ¡el Señor mismo nos recompensará! ¡Aleluya por la oportunidad que se nos fue dada para servirlo! Hay otro ítem que intenta desanimarnos: ser acusados por el enemigo. Él nos acusa de día y de noche por nuestras debilidades, fallas, dificultades diarias, pecados pasados (que ya fueron confesados y perdonados por el Señor), por mentiras terribles de que no somos importantes para el Señor soplando todo tipo de pensamientos en nosotros: “¿para qué servir? No soy digno… ¡Otros son mejores y más capaces!”. Por eso, es necesario acordarse siempre que lo que nos capacita para servir no es nuestra capacidad, nuestra fuerza, nuestra simpatía, nuestras habilidades, ¡sino la gracia del Señor!

Lo que a Él le importa es ver cómo está nuestro corazón al servirlo, y no con lo que podemos o no hacer por nuestros propios esfuerzos. Si te entregas al Señor para servirle, reconociendo que nada puedes hacer solo, Él podrá usarte de la manera que Le agrade. ¿Te sientes débil? ¡La gracia del Señor te basta! ¿Te sientes incapaz? ¡La gracia del Señor te basta!

Hay una estrofa en el himno 334 (del “Himnario” publicado por la Editora Árbol de la Vida) que nos muestra la gracia del Señor debe ser nuestra satisfacción y ánimo en el servicio:

“Su gracia me basta en dolencias,

Sostiene y renueva mi ser.

Me basta también en tristezas,

Cuando agobian mi corazón.

Su gracia me basta al servirlo,

Librándome del ego así.

Y para decirle al que sufre:

“Su gracia te basta a ti””

 

¡Nuestra satisfacción y alegría cada día es la gracia de Jesús!                         Conociendo nuestra importancia en el servicio al Señor, mas sabiendo de la necesidad de no darle espacio al orgullo, debemos proseguir animados en la vida de servir. Sin embargo, aún nos deparamos con una pregunta:

  ¿Cómo vencer el deseo de querer ser vistos?

Ya vimos que el Señor concedió la gracia. Gracia para recibir su vida y andar como el anduvo (1 Juan 2:6). Por eso, las virtudes que Él tiene, nosotros las podemos tener. El Señor Jesús fue alguien que tuvo una extraordinaria capacidad de mantener silencio delante de las situaciones que harían a cualquier otra persona hablar. Esa capacidad puede ser nuestra: una vida de silencio esperando hasta treinta años de edad antes de entrar en su ministerio de manera pública y que hizo Su camino como un cordero para la cruz; una vida de silencio sobre la gloria inefable con su Padre y sufrimiento indecible por las manos de los hombres; de suave silencio en cuanto a Su bendición sobre otros (Mr 12:16) y sobre el camino de Judas, el traidor. Ese es el padrón para todos los que siguen Sus pasos (…)       

(Jessie Penn Lewis)

Es apenas por la vida de Cristo en nosotros que tenemos capacidad para mantenernos discretos en cuanto a nuestros hechos. No hay como encontrar esa humildad y paciencia en nosotros mismos. Gracias a Dios, Él nos concedió todo lo que necesitamos para presentarle un servicio adecuado y agradable (2 Pe 1:3). Esa provisión es Su Espíritu en nosotros. ¡Vivamos entonces en ese Espíritu!

Oh Cristo ungido, Cordero de Dios, apenas Tú puedes vivir esa vida de silenciosa auto-anulación en un mundo de auto-afirmación y amor propio. Viva esta vida en mí.                                                             

(Jessie Penn Lewis)

Autor: Gustavo Corrêa

Traducción del texto “Serviço ou ser visto?” (Blog Eu Vos Escrevi)

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