“PERO JESÚS DIJO: ALGUIEN ME HA TOCADO; PORQUE YO HE CONOCIDO QUE HA SALIDO PODER DE MÍ”. (LC 8:46)

Jesús estaba rodeado de personas. La multitud Le seguía y Le tocaba todo el tiempo. Sin embargo, un toque Le hizo parar. «Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?». Los discípulos intentaron explicarle que la multitud lo apretaba, pero Él insistía «¿quién me tocó?». No fue sólo un toque.

La persona que tocó a Jesús era una mujer enferma, de quien no hay registros de su nombre en la Biblia. Aún así, podemos sacar algunas lecciones de su historia. La Biblia nos dice que la mujer sufría de una hemorragia que le desbastaba hace doce años (Lc 8:43). Ella buscó innumerables médicos y metodos, pero nada le hacía recuperar su salud. En Levíticos 17:11,14 y en Génesis 9:4 nos dicen que la sangre representa la vida. Es decir, la vida de esa mujer se estaba desvaciando a lo largo de esos doce años.

La mujer había perdido las esperanzas… hasta que oyó hablar de un hombre. Un hombre que estaba curando enfermos. Un hombre que estaba llevando vida a las personas: JESÚS. El Señor Jesús está dispuesto a curarnos, pero primero debemos tomar una actitud.

“He aquí que no se ha cortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír”. Is 59:1

La mujer Lo vio en la multitud y no dudó. Aun estando débil –porque según la ley de esa época ella no podía estar en medio de tantas personas porque era considerada impura (Lv 15:25-27) —, ella se adentró a la multitud para tocar a Aquel que podía liberarla. El pasaje bíblico dice que la mujer tocó las vestimentas de Jesús y fue curada. Su fe fue tan grande al punto de ser curada con un simple toque. Su toque fue tan especial que Jesús sintió poder saliendo de Si mismo.

“PERO JESÚS DIJO: ALGUIEN ME HA TOCADO; PORQUE YO HE CONOCIDO QUE HA SALIDO PODER DE MÍ”. (Lc 8:46)

La enfermedad de esa mujer tipifica el pecado que nos aprisiona. Si dejamos que permanezaca el pecado, la vida que está en nosotros será disipada. Cuanto más tiempo el pecado permanece en nosotros, menos fuerza tendremos para continuar. Por doce años la enfermedad atacó la vida de aquella mujer, hasta que ella tuvo la actitud de liberarse. No dudes. No esperes tanto tiempo. Toma la actitud de tocar en las vestimentas del Señor por medio de la oración y libérate de aquello que te aprisiona.

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convertieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecado, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a la oración en este lugar”. 2 Cr 7:14-15

Autora: Fernanda Amorim

Traducción del texto “Alguém me tocou” (Blog Eu Vos Escrevi)

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