Querido joven, este texto hablará a respecto de la importancia del hombre para Dios. Veremos lo que Señor pasó para salvarnos y cómo debemos actuar en relación a esa obra. Primero, hablaremos sobre la condición humana y después sobre lo que es el evangelio y su poder. Por último, terminaremos  hablando sobre la necesidad de madurar en la vida espiritual.

La condición del hombre

Romanos 3:10-12 “Como está escrito: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaran, a una se hicieron inútiles; no hay que haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Esta es la condición humana, nuestra condición. Esos versículos exponen lo que el hombre es. No somos dignos de Dios, somos inútiles, e incluso el hombre más justo aun es considerado injusto cuando es examinado sólo por el lado humano.

Isaías 64: 6 “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”.

Romanos 7: 18-19 “y yo se que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mi, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”.

En estos versículos podemos ver al hombre como un esclavo del pecado. Por eso estamos condenados a pecar y caer. Esta condición de que en la carne no mora bien ninguno (vs. 18), no sólo es la experiencia del apóstol, sino también de todos nosotros. Somos pecadores, el pecado habita en ti y en mí.

Génesis 4:7b “el pecado está a la puerta; con todo esto; a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”.

De acuerdo con este versículo vemos que tenemos que dominar el pecado. Sin embargo, ¿cómo podemos dominar algo que está en nosotros? ¿Cómo podemos dominar algo a lo cual todo nuestro cuerpo se inclina?

¡La única cosa que puede ayudarnos a dominar y vencer el pecado es el evangelio!

El evangelio

¿Por qué el evangelio puede salvarnos? ¿Qué es el evangelio?

Tal vez algunos ya sepan las respuestas; tal vez otros piensen que es sólo un contenido de la Biblia, sin embargo el evangelio ¡es una persona!

Sí, ¡el evangelio es el propio Jesucristo!

Cristo, el evangelio, puede salvarnos, pues Él vino y vivió como hombre por 33 años y medio, habiendo sufrido todo lo que un hombre sufre. Era Dios mismo y aun así pasó 9 meses en el vientre de una mujer. Pasó por todas las angustias que nosotros pasamos. Sufrió.

Querido joven, en este momento me gustaría pedirte que trates de reflexionar sobre lo que nuestro Dios pasó. ¡Él es Dios, el dueño de todo, omnisciente, omnipresente, omnipotente e inmutable! Él se restringió a vivir como un hombre estando apenas en un sólo lugar, en un cuerpo mortal, Él se libró de toda su gloria por nosotros, para que fuésemos libres de la ley del pecado.

Por esa causa, después de sufrir y morir lentamente por nosotros en la cruz, Él se tornó el evangelio, se volvió nuestra redención. Y a causa de todo sufrimiento, Jesús, cuando murió, llevó consigo nuestros pecados y no sólo eso, sino también el pecado que habitaba en nosotros, este pecado era el que nos hacia seres tan desagradables, como fue dicho en el primer asunto.

El poder del Evangelio

Ahora llegamos a un punto interesante. ¿Cómo validamos el evangelio en nosotros, para que nos libre de nuestra condición abominable?

Romanos 10:9-10,13 “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levanto de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

De acuerdo con estos versículos de Romanos, vemos que el señor, aún después de tanto sufrimiento que pasó por nosotros, no creó ninguna exigencia, es decir, Él sufrió y realizó una inmensa obra, pero no nos impone que lo aceptemos. ¡Cuánto amor! El señor nos ama de tal manera, que nos da el derecho de escoger si utilizar, o no, los beneficios generados por Su muerte. Él murió por nosotros aun sabiendo que muchos lo rechazarían.

Para usar y aplicar toda la obra realizada por Jesús en nosotros, es necesario que sigamos los versículos de Romanos. Debemos creer de todo nuestro corazón en la obra del Señor e inmediatamente debemos invocar Su nombre. Invocar el nombre del señor es clamar por Su propio nombre, que es Jesús.

Querido joven, ¿qué tal si hacemos una pausa en este momento para aprovechar esta gloriosa obra del Señor? Cierra tus ojos, cree en tu corazón en esta obra hecha por Jesús y por último llámalo, y dile de todo corazón “Señor Jesús”.

Después de creer, existe una etapa llamada bautismo. El bautismo, es sólo una demostración de tu fe y una confirmación para el mundo de tu salvación, este acto es un paso muy importante, la cual funciona como una declaración pública de tu fe.

Por causa del poder de este evangelio podemos librarnos de nuestra condición caída y nos volvemos hijos de Dios. Este es el resultado de creer en el evangelio, creer en Cristo. Dios nos transporta de una situación pecaminosa y nos vuelve sus hijos.

Madurar: de Teknon a Huíos

Después de volvernos hijos de Dios por la maravillosa obra de nuestro Señor Jesús, existe otro paso importante a tomar: la madurez.

Un niño después de nacer, crece poco a poco, hasta volverse un adulto, así también es nuestra vida espiritual. Después que recibimos el “titulo” de hijos, debemos crecer espiritualmente hasta convertirnos en herederos.

Un hijo después de alcanzar la mayoría de edad, está capacitado para administrar los negocios del padre. De la misma manera, nosotros como hijos de Dios, debemos crecer espiritualmente hasta convertirnos en herederos, dignos de recibir la herencia de Dios.

Las palabras “Teknon” y “Huíos” son palabras usadas en la Biblia griega original, para diferenciar las dos formas de hijos. Teknon se refiere al hijo inmaduro, aún infantil. Este término es usado en el siguiente versículo:

Romanos 8:16 “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Aquí, el término “hijos”, se refiere a aquellos que recién fueron generados, es decir, aquellos que aún no maduran.

Sin embargo, en otro pasaje del mismo capítulo, vemos la palabra hijo refiriéndose al termino Huíos.

Romanos 8:14-15,17 “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibid el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba padre! Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con el seamos glorificados”.

Aquí vemos la asociación de la palabra “hijos” con la palabra “herederos”. Esto hace referencia a un hijo maduro, alguien crecido, lo cual nos lleva al siguiente principio: después de volvernos hijos de Dios debemos desear crecer espiritualmente y madurar. De esa manera, cada vez seremos más útiles para el Señor.

Gálatas 4:1-7 “Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su hijo, el cual clama: ¡Abba Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”.

Conclusión

Querido joven, después de leer este texto vemos el objetivo de Dios: tener herederos y no sólo hijos. El Señor quiere justificarnos, por nuestra fe en Él, confirmar nuestra filiación por el bautismo y por último, volvernos sus herederos. Debemos perfeccionarnos para que podamos aumentar cada vez más nuestra utilidad delante del Señor.

En este momento, querido joven, quiero invitarte a que analices tu vida.

Piensa en lo que eres, en la condición humana que hablamos al principio de este texto y, después de eso, piensa si realmente has valorizado todo el sufrimiento y el amor de Jesús por ti.

Lo único que hoy podemos hacer en retribución a todo lo que hizo por nosotros es entregarnos al señor de todo nuestro corazón. Si por acaso fuiste tocado por la lectura de este texto, comparte con tus amigos, lee junto con ellos, para que más personas puedan sentir lo que tu estas sintiendo ahora.

Salmos 37:5 “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y el hará”.

Romanos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque e poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”.

Autor: Edevaldo Henrique

Traducción del artículo “A CONDIÇÃO MISERÁVEL DO HOMEM E O PODER DO EVANGELHO”

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