Antes de todo, necesito explicarte una enfermedad espiritual llamada “introspección”. Esto ocurre cuando consideramos todas las situaciones según lo que sentimos. Los cristianos introspectivos son controlados por el “yo creo, yo siento, yo no siento…”. Siendo así, cuando se sienten bien, piensan que Dios les está preparando algún sufrimiento y al pasar por un día de tribulación creen que “mañana será mejor”.

Una vez, Watchman Nee dijo: “Entre los hijos de Dios no existe nada más perjudicial para el alma que la introspección. Tengamos en miente que lo más destructivo para el alma es volver nuestra mirada hacia adentro de nosotros mismos. La introspección es una enfermedad.” De esa manera, es necesario diagnosticar, curar y prevenir este mal. Ese es mi objetivo en este texto: no llenarte con teorías, más sí conducirte a una charla de mi corazón al tuyo.

 

Cuidado: En la Introspección Puedes Perder Lo Más Importante Para Ti

Todo empezó hace algunos años, cuando viví una experiencia muy intensa: conocí el Señor. Antes, conocía la historia de la creación, del arca de Noé, da la crucifixión pero a partir de ese momento me di cuenta que Lo amaba a Él y Él me amaba a mí.

“Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (Ct 6: 3a)

Esa experiencia con el Señor me llevó a enloquecer de amor por Él:

“Porque estoy enferma de amor” (Ct 2: 5b)

Todo lo que yo más quería era quedarme en los brazos de mi Amado mas Él me decía lleno de ternura y compasión: “Tengo mucho más para ti. Es muy bueno amar y ser amado, pero mi deseo es confiarte personas, escribirte una linda historia, sólo que para eso, tú necesitas madurar y dejar de ser conducida por tus sentimientos y emociones.”

Sin embargo, mi corazón no salía de la intimidad entre mi Amado y yo; no comprendía el motivo de no poder quedarme allí en Sus brazos para siempre, sin preocuparme con nada más.

Entonces intenté aislarme en mis sentimientos inmaduros y egoístas de toda dificultad exterior, creyendo que el Señor habitaría allí conmigo. Pero Él insistía en hacerme avanzar porque aquello que yo había construido era insuficiente para contenerlo.

Toda mi vida pasó a ser conducida por mis sentimientos y las circunstancias. En esta introspección, perdí Aquel que más importaba para mí:

“Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: lo busqué, y no lo hallé.” (Ct 3:1)

Esa esfera sin comunión con el Señor me hizo creer en todo lo que decía mi miente, poniéndome bajo una carga tan pesada al punto de no soportarla más y exploté.

Nunca había experimentado algo tan negativo. Yo, que siempre fui alegre, de repente me encontré llorando sin motivos, esperando constantemente a que suceda lo peor. Perdí el sentido de mi vida y pasé a sentirme vulnerable y sola. Mi cárcel interior, que yo misma  creé, me hizo prisionera de mi rutina. Parecía el fin mas no lo era.

La Palabra y El Contacto con La Familia Me Salvó de la Introspección

Juan 16:22: “También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo”.

La palabra del Señor me salvó. Reconocí que Él nunca me dejó sola, sino que yo había dejado que Él se fuera. Entonces, empecé a llevar mis ansiedades delante del Señor, orando por la mañana:

“Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, más a ti volvemos nuestros ojos.” (2 Cr 20:12b).

Ese versículo me llevó a poner mis ojos, que antes sólo miraban mis sentimientos, en el Señor. Los hijos de Dios no deben mirar la “gran multitud” de problemas ni tampoco el miedo que sienten al reconocer que solos no tenemos la fuerza para resistir, sino que debemos poner los ojos en el Dios de victorias y de amor.

Además, todas las veces que mi miente intentaba hablarme, yo reconocía que era mentira y que era Satanás queriendo atacarme. Aprendí, a expulsar esas mentiras dentro de mí en el nombre de Jesús. Por último, pero no menos importante, pasé a hablar con las personas que me amaban. Sin el apoyo y soporte de mi familia yo no me hubiera liberado.

Si tú también te encuentras en esta situación, quiero recordarte que el Señor aún está cuidando de ti. Cuando mires hacía atrás, verás que todo tiene sentido y eso te traerá paz. Sin embargo, la primera cosa que tienes que hacer es buscar ayuda rápidamente de tus papás o hermanos de la iglesia. Tú no tienes que pasar por eso solo, no intentes convencerte a ti mismo que puedes tú solo.

Hoy día el Señor me trajo la madurez de Su amor. Yo pensaba que mi primera experiencia fue la mejor, mas Él aún tenía mucho más preparado para mí. ¡En realidad aún hay mucho para experimentar!

“Hallé luego al que ama mí alma; Lo así, y no lo dejé.” (Ct 3:4b)

¡Yo sólo descubrí lo que era introspección cuando ya me estaba recuperando! Espero que estas palabras lleguen a tu corazón en la hora correcta y de manera perfecta. Confieso que es un tema complejo, poco comentado y que fue uno de mis textos más difíciles de escribir. Abrí mi corazón y espero que llegue al tuyo.

Si necesitas ayuda, quiero ayudarte en mis oraciones y, además, sabes dónde encontrarme. Dale “me gusta” en este texto, comenta y comparte para que otros puedan ser salvos. ¡Que la gracia del Señor continúe bendiciéndote y haciéndote feliz!

Autor: Ana Rosa Nascimento

Traducción del artículo “Prisionera dos meus própios sentimentos” (Blog Eu vos Escrevi)

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