Sabemos que para los universitarios, junio y noviembre son los meses más temidos. A pesar de que ya tenemos la noción de la ola de trabajos y exámenes finales que se nos aproximan, la mayoría de las veces no nos preparamos con anticipación. Cada inicio de semestre hacemos aquella vieja promesa: ¨¡Este semestre voy a estudiar desde el comienzo!¨, “este semestre voy a ser más dedicado”, “ahora sí”. Todas esas promesas tienen como objetivo no volver a repetir el mismo error del final del semestre anterior.

¿Recuerdas cuando estuviste casi 2 noches enteras sin dormir? ¿Cuando pasaste la madrugada estudiando para un examen que tenías a las 8 de la mañana? ¿Cuando tomaste litros de café y energizantes? ¿Cuando almorzaste galletas y fideos por algunos días porque no tenías tiempo ni para cocinar?

No estás solo…cada uno de nosotros que enfrentamos la vida universitaria también pasamos por eso. Independientemente del área, sea ciencias humanas, exactas o biológicas, ¡todos sufrimos al final del semestre!

Observando esta situación, algunos universitarios de OHE se reunieron para compartir experiencias y tips para aprender a lidiar con el fin de semestre. Como resultado, fue escrito este texto. Esperamos que los principios presentados aquí puedan ayudarte en tu vida académica.

Responsabilidad y motivación

Antes de cualquier cosa, es importante percibir que nuestra dedicación a los estudios es algo importante para Dios. Primero está la gratitud. El Señor nos permitió entrar en un curso y nos dio la oportunidad de estudiar, entonces, necesitamos ser agradecidos con Él y mostrar dedicación y responsabilidad. Así, Dios es glorificado. No podemos pensar que sólo por medio de cosas aparentemente “espirituales” podemos servirlo. Nuestras ocupaciones en esta tierra también son para la gloria de Dios. Al hablar acerca del trabajo, Pablo dice:

Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” Ef 6:5-7

Dios se pone feliz con nuestro trabajo. El trabajo ya existía antes de la caída del hombre, solo que después se puso más difícil. (Gn 3:17).  Adán tenía que trabajar, cultivar y guardar el jardín (Gn 2:15).

Hay algunos versículos en la Biblia que dicen que Dios trabaja (Is 64:4, Jn 5:17). Recuerda:

“Jesús, para la gloria del Padre en este mundo, vivió más tiempo como carpintero que como predicador” -Josemar Bessa

La Biblia nos ordena que seamos diligentes y a condenar la pereza (Pv 13:4). Tales pensamientos nos conciencian de nuestra responsabilidad y nos motivan, pues lo que hacemos, lo hacemos para Dios. Al mismo tiempo que necesitamos depender de Él con un corazón humilde, también necesitamos hacer nuestra parte y estudiar diligentemente.

“Ore como si todo dependiese de Dios y trabaje como si todo dependiese de ti” -Agostinho

También es necesario ser responsable para tener un buen testimonio. No pienses que las personas no ven tu comportamiento. Ellas lo ven. Nuestra misión es expresar a Cristo por medio de nuestro carácter y nuestras acciones. Podemos pedir al Señor que nos capacite para poder ayudar a nuestros compañeros de estudio. Esa es una gran oportunidad de expresar el amor de Cristo.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mt 5:16

Conoce tus limitaciones

Dios ordena a su pueblo que sea diligente, mas también les ordenó que descansen en algunas ocasiones. Él le había ordenado a su pueblo, en el antiguo testamento, a que separasen un día de la semana para descansar, sin trabajar. Así como Él mismo había descansado de sus obras el séptimo día de la creación. (Ex 20:9-11).  Él también había establecido días de fiesta en los cuales no se podía trabajar (Ex 12:16). Es importante que tengamos momentos de descanso. Necesitamos buscar delante de Él, el equilibrio correcto.

En los días actuales, hay una gran presión por la productividad, lo que termina influenciándonos de forma sutil.  Muchas veces, queremos hacer la mayor cantidad de cosas posibles teniendo poco tiempo disponible. Sean estudios o actividades extracurriculares. Muchas veces nosotros mismos nos imponemos presiones así.

Sin embargo, necesitamos concienciarnos de que no somos maquinas. Tenemos varias limitaciones, de las cuales debemos estar conscientes para no causarnos problemas en cuanto a la salud física, psicológica y espiritual.

Hay casos de personas que tuvieron trastornos psicológicos por pasar la noche entera estudiando.

De hecho, es imposible lidiar con todas las cosas de manera perfecta en momentos de presión y apuros. No tenemos todo el tiempo que quisiéramos para dedicar a las actividades de la Iglesia, por ejemplo. Puede ser que necesitemos hacer grandes esfuerzos para realizar algunas tareas. Todo eso es perfectamente comprensible.

Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Pero esas medidas no pueden ir en contra de los principios importantes que tenemos, haciéndonos olvidar de Dios, por ejemplo.

Es necesario saber la hora en la que debemos parar. Por tanto cabe a cada uno buscar conocer sus límites, reflexionando delante de Dios en cuanto a sus particularidades. Y, claro, estar siempre sensibles al hablar de Dios, porque Él es quien nos guía con respecto a qué es lo mejor que podemos hacer.

Cuidar la salud Espiritual, Psicológica y Física.

Aquí les van, algunos principios a considerar en relación a nuestra salud espiritual, psicológica y física.

Usamos el término “espiritual” para referirnos a nuestra vida de comunión y adoración a Dios, que debe ocupar el lugar de prioritario en nuestros corazones. Recibimos la orden de amar a Dios sobre todas las cosas (Mt 22:36-37) y es Él quien nos sustenta y nos concede la vida y todo lo demás.

A demás de eso, somos pecadores y estamos llenos de debilidades. Todo tipo de tentaciones y adversidades acontecen en nuestro día a día y sólo a través de una vida de oración y lectura de la Palabra de Dios, estaremos firmes y seguros en medio de las adversidades.

En cuanto a la salud psicológica, necesitamos cuidar del estado en que se encuentra nuestra mente, nuestro humor, emociones y sentimientos. Necesitamos evitar el estrés excesivo y todo lo que pueda hacernos perder el dominio propio.

En cuanto a la salud física, necesitamos respetar nuestro cuerpo, que, según la Palabra es el templo del Espíritu Santo, el cual fue hecho para glorificar a Dios (1 Co 6:19-20). La alimentación y sueño inadecuados tienen sus límites.

 “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos”. (Ef 5:29-30).

En la parte superior hicimos una división, pero todas esas áreas son importantes para el servicio y adoración al Señor:

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Ts 5:23).

Los bendecimos con las mismas palabras de Pablo. Sabiendo quién nos motiva y nos hace responsables; aprendamos de Él a cómo vivir de manera prudente. Y, aun en la pequeñas cosas de esta tierra, sea que comamos o bebamos, que podamos hacer todo para la gloria de Dios (1 Co 10:31).

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Autor: Equipo Eu Vos Escrevi

Traducción del artículo “FIM DE SEMESTRE (1) – À BEIRA DE UM COLAPSO, PORÉM VIVOS” (Blog Eu vos Escrevi)

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