El ser humano, por naturaleza, es un ser social y no le agrada vivir aisladamente. En el trabajo, entre los empleados, es necesario que haya interacción y cooperación. Estos elementos también son necesarios en los deportes colectivos y en varias otras actividades. En el vivir de la iglesia, también es de vital importancia el funcionamiento de cada miembro. Pablo compara la iglesia a un cuerpo que tiene varios miembros, sin embargo, es sólo uno. No hay explicación más clara del deseo de Dios con relación a su iglesia a parte de esa, pues es necesario que todos sirvan de acuerdo con el don que Dios les confió (Rm 12:5).

En Éxodo 17: 11-13, Moisés muestra la historia de la batalla contra Amalec, que representa la carne, nuestra naturaleza pecaminosa. En este caso, Moisés estaba con las manos levantadas, indicando la oración, súplica, petición y acción de gracias. El verso 11 muestra que, cuando Moisés levantaba las manos, Israel prevalecía, sin embargo cuando las bajaba, Amalec prevalecía. En el versículo 12, el relato bíblico habla que las manos de Moisés eran pesadas, señalando simbólicamente que nos es fácil mantenerse firme en la oración y tener una vida de consagración solo, Dios no opera en el individualismo.

En la vida de la Iglesia, que engloba los aspectos sociales, familiar y profesional (entre otros) del vivir humano, el papel de liderar es fundamental, por eso, insistir en la individualidad es una tontería,  provoca enfermedades como ansiedad y estrés, y puede ser un principio de decadencia espiritual, pues el “enemigo está a nuestro alrededor  como un león buscar tragarnos” (1 Pe 5:8).

Todavía en el versículo 12, Aarón y Hur levantan para apoyar las manos de Moisés. Ahí vemos la cooperación  que sostuvo las manos levantadas hasta que el sol se pone. Esto es aún un principio bíblico, como dice el predicador, “Mejores son dos que uno (…) Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Ec 4: 9-10). Es en la unidad, en la unión y en la cooperación que Dios opera y da la victoria a su pueblo, así como hizo con Israel.

Este episodio es alentador para toda la familia de Dios (Ef 2:2). La intercesión de los santos es para la edificación del cuerpo de Cristo. De esa manera, el interceder de unos para otros, de forma mutua, es de gran importancia para que exista una cooperación en el servicio de la iglesia. Por lo tanto, es necesaria la oración con fin de derrotar el enemigo y ejercer la autoridad de Dios.

Todos los hombres de Dios tuvieron que enfrentar Amalec. Desde José, pasando por Moisés y David. De la misma manera, nosotros también tenemos que enfrentarse con Amalec hasta que el Señor Jesús vuelva. Esa guerra contra la carne es de generación a generación (Gl 5:17). No obstante, contra la carne, no debemos seguir en modelo de David en 2 Samuel 11, tampoco de Sansón en Jueces 16, pues ambos intentaron enfrentarla.

Lo que necesitamos es mortificar la carne por el Espíritu (Rm 8:13), en el poder de la obra que el Señor realizó en la cruz (Rm 6:6). Nunca debemos enfrentarla por nosotros mismos, Y es en la comunión con nuestros hermanos que experimentamos más fácilmente el operar de Dios en nosotros.

Con relación a las tentaciones, las apelaciones externar que incitan nuestra carne, el ejemplo a ser seguido es lo de José que huió de la aparición de mal (Gn 39). El apóstol Pablo escribe una carta al joven cooperador Timoteo diciendo: “Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón”. El secreto es huir a la presencia del Señor invocando su nombre y eso junto de los hermanos. Pues “el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma” (Mt 26:41).

Para que el Señor vuelva, es necesario que el evangelio del Reino sea anunciado por toda lengua y nación (Mt 24:14). El evangelio del reino consiste en cuidar de vidas para llevar todos a un crecimiento espiritual. La cuestión de cuidar no debe ser solamente una tarea cumplida por el pastor, presbítero o otra persona que está al frente de la iglesia. Cuanto más gente cooperando, mejores serán los frutos cosechados.

Por lo tanto, si la carga ha sido pesada por el motivo de la individualidad egoísta en la obra, es necesario arrepentirse y tomar el ejemplo de Moisés: “ Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; constituirás á éstos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez” (Ex 18:21). Aquí, Moisés reaccionó de manera correcta: al mismo tiempo que cuidamos de vidas, debemos llevar otros a cuidaren de otras vidas también. Conducir vidas es difícil, pero esa es la prueba que amamos al Señor (Ju 21: 15-17) y que seremos recompensados por esa administración (Mt 24: 45-46).

Al cuidar de los hermanos, los conduciremos al entrar en la buena tierra, el Reino de los Cielos (Num 11:10-17). No haga nada según su proprio entendimiento, antes hable con el Señor Jesús, para que el pueda conducir y organizar todos los detalles con usted. Si permanecer intentando hacer todo solo, el camino es la muerte espiritual. La iglesia existe y es colectiva.

Autor: -colaborador-

Traducción del artículo en portugués “NECESSIDADE DE COOPERAÇÃO” del blog Eu Vos Escrevi.

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