A leer la Biblia, nos encontramos con los maravillosos relatos de aquellos que siguieron a nuestro Señor.  Sin embargo, al comparar nuestra historia con las historias de estos grandiosos hombres y mujeres, nos sentimos derrotados. Mas, yo tengo una buena noticia: el Señor no ve como tú ves:

“porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.” (1 Sm 16:7b)

En ese texto, veremos la historia de Sara, una de estas grandes personas, contada de dos maneras: la que está delante de nuestros ojos, relatada en el Antiguo Testamento, y la que el Señor vio, registrada en el pasaje de Hebreos.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir simiente; y parió aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser fiel el que lo había prometido.” (Hb 11:11)

Es decir, según Hebreos, por la fe, Sara confió en la promesa. Génesis nos dice que el Señor prometió hacer que la descendencia de Abraham sea como el número de las estrellas en el cielo (Gn 15:5); aún así, Sara entregó su esclava a Abraham para que tuvieran hijos. Sara tenía en claro que no podía concebir y cuando el Señor se le apareció con dos ángeles en su casa y le dijo que ella sí tendría hijos, ella se rió. (Gn 18:10-12)

¿Puedes percibir la diferencia entre estos dos pasajes? En Génesis, vemos a alguien que, por falta de Fe, se rió cuando escuchó la promesa del Señor. Pero, en el libro de Hebreos, leemos la historia de una mujer que por Fe recibió el poder para ser madre, sin mirar su avanzada edad.

Es probable que, si fuera yo, la historia de Sara sería diferente. Yo destacaría todas sus fallas y la usaría como un ejemplo negativo. Del mismo modo, cuando veo mi propia historia, lo que mis ojos ven, mi punto de visión diverge mucho de lo que el Señor escribe.

“Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Sl 139:16b)

Al final, Dios no atentó para todas las veces que Sara dudó, y sí para el momento en el que su corazón creyó. Además de eso, todas las veces en que ella hesitó, sirvió para llevarla más cerca de la plena seguridad de la Fe. Luego, lo que importa no es lo que pensamos de nosotros mismos o de nuestras capacidades, más lo que permitimos que Él haga en nosotros. No son las fallas o debilidades, sino la transformación operada por Dios. Cuando nos arrepentimos hay relevancia. Los errores y faltas, por más graves que sean, nos conduce al arrepentimiento y, así, el Señor nos usa para hacernos crecer. Es decir, Él puede moldearnos. Nosotros somos “los de la Fe”. No es la auto-perfección que nos llevará a ser lo que Dios desea, mas sí el acercarnos confiadamente al trono de Su gracia. Él dijo a Abraham en Génesis:

“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.” (Gn 17:1b)

La perfección que tanto buscamos está en el andar en la presencia del Dios Todo-Poderoso; para Él nada es difícil (Gn 18:14). De esa manera, ¡el Señor nos hace perfectos!

“Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.” (Jn 12:47)

A menudo, nos fijamos en nuestro pasado y vemos todas aquellas fallas y la persistencia de ciertos errores. Mas de ahora en adelante, cuando te mires a ti mismo, no te quedes pensando en cómo reparar tus errores, vuélvete al Señor y Él te dirá exactamente lo que hacer. Tienes que recordar que el Señor no ve como el hombre ve y es Él quien escribe nuestra historia.

“En el cual tenemos redención por Su sangre, la remisión de pecados” (Cl 1:14)

Que el Señor te bendiga y siga escribiendo esta linda historia. Anda en la presencia de Él y sé perfecto. Si somos uno, dale me gusta, comparte y comenta; ¡tu respuesta nos incentiva a continuar!

“Yo no tenía nada y ahora yo tengo vida y una historia nueva y linda escrita por los dedos de Dios” -Thalles Roberto

Autor: Ana Rosa Nascimento

Traducción del artículo en portugués “DEUS ESCREVE A MINHA HISTÓRIA” del blog Eu Vos Escrevi.

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