¿Será que soy tan importante? Esa es una pregunta que muchos de nosotros nos hacemos cuando estamos en una fase en la que no nos sentimos muy importantes y en la cual las personas al nuestro alrededor tampoco nos ayudan a mejorar. ¡Nos sentimos desanimados, inútil y sin valor!

Joven, esa es la presión del mundo sobre tu vida. El enemigo te quiere destruir y para eso te genera angustia, aparta de ti las personas que te aman y también te aparta de la Palabra de Dios. Su objetivo es aislarte para que te conviertas en una “presa fácil”.

¿Será que soy tan importante?

Cuando nos estamos frustrados, lo primero que pensamos es: ¿será que soy tan importante? ¡Todo lo hago mal, nada me sale bien! Todo lo que intento hacer no funciona. Entonces nos decepcionamos con nosotros mismos. Esta es la chance que el enemigo tiene para derribarnos y hacernos creer que realmente no hacemos nada bien (Juan 10:10).

Somos jóvenes y estamos en la era de la tecnología y globalización, donde el tiempo es precioso para realizar todas las actividades diarias. ¡Y es ahí donde encontramos el peligro! El enemigo de Dios aprovecha nuestro momento de distracción y apuro para lanzar dardos en nuestra mente (Efesios 6:16).

¿Ya has percibido cómo nuestros sentimientos oscilan? Por momentos estamos felices, en comunión con Dios, alegres, sonrientes y de la nada estamos tristes, pensativos, dudosos y quietos. Parecemos una montaña rusa, ¿no es verdad? Llenos de curvas, altos y bajos.

Las oscilaciones son frutos de no estar viviendo por la fe y sí por nuestros propios sentimientos. En Salmos 32:11 dice: “Alegraos en Jehová, y gozaos, justos: Y cantad todos vosotros los rectos de corazón”. Cuando nos alegramos en el Señor, vivimos por fe y pasamos a mirarlo solamente a Él sin basarnos en las situaciones en las que estamos pasando, buscando un vivir constante en Su presencia (Hebreos 10:38).

¿Joven, quieres saber por qué, en Dios, tú eres tan importante?

¡Un ejemplo simple!

Recientemente estaba escuchando un mensaje que hablaba sobre el cuerpo de Cristo y percibí cuán importante soy para Cristo y la iglesia. Es por eso que quiero compartirles sobre esa experiencia.

El cuerpo humano tiene varios miembros, articulaciones, músculos, huesos… cada parte con su función e importancia. ¿Alguna vez te has imaginado sin uno de tus dedos? ¿O incluso sin una parte de la uña? Sentiríamos dolor en ausencia de esas partes, no seriamos más los mismos y, entonces, percibiríamos que todos los miembros son importantes. Si un miembro se pierde todo el cuerpo sufre (1 Corintios 12:26).

El cuerpo también tiene sus defensas. Si siente que hay algún intruso, entonces activa los anticuerpos para expulsarlo. Ese es nuestro cuerpo, que busca siempre mantener la vida.

¿Pero sabes de una cosa interesante? Existen miembros o partes de nuestro cuerpo que cortamos y regresan, pero hay aquellas que nunca más vuelven.

Existen algunos órganos capaces de regenerar, como el hígado. Esos órganos son llamados regenerativos. Sin embargo, la mayor parte de nuestro organismo es constituida de órganos que, una vez heridos, pierden sus funciones e importancia.

No permitas que el enemigo te dañe a tal punto de que pierdas tu función e importancia, y ya no puedas volver a la vida. ¡Reacciona!

La vida de Dios que está dentro de nosotros es preciosa y es eso que el enemigo quiere robar, intentando hacer que no consigamos regresar más a esa vida; es decir, que tengamos dificultades de orar, invocar el nombre del Señor, glorificar Su nombre y alabarlo. ¡Reacciona!

¡Nada es más precioso que Cristo en nuestro espíritu!

Así como nuestro cuerpo trabaja en justa cooperación para vivir, el Cuerpo de Cristo trabaja de la misma manera en pro de la vida de Dios. Cristo es nuestro cabeza sobre todas las cosas (1 Colosenses 1:18). De la misma manera que nuestro cerebro manda órdenes para que nuestro cuerpo haga lo necesario para vivir, Cristo habla con nosotros.

Nuestros miembros renuncian a lo que ellos podrían hacer por si solos, para obedecer y funcionar en armonía con todo el resto, poniendo en primer lugar a la vida. Como cuando la voluntad del cerebro envía ordenes para que ambas piernas se muevan en una misma dirección para que el desplazamiento sea efectivo, por ejemplo.

¿Imagina si un miembro de nuestro cuerpo decide que no es más importante y para de funcionar? Tendríamos secuelas o anomalías. ¿Con todo esto, todavía creemos que no somos tan importantes? ¡Sin ti el cuerpo de Cristo estaría incompleto! (1 Corintios 12:27)

¡Una gran sorpresa!

Joven, tú haces parte del cuerpo de Cristo, el cuerpo que es vivo y que busca la vida. ¡Tú eres uno de los miembros de ese único cuerpo, que es de Cristo, encabezado por Él mismo y no te quiere perder! ¡Que privilegio! (1 Corintios 12:14)

Satanás intentará herirte varias veces para que pierdas la comunión con Cristo y te aísles, haciendo con que dejes de tener contacto con Dios para desanimarte y creer que no eres importante. Él es el intruso que penetra por las brechas del cuerpo de Cristo para contaminar todos los miembros.

Existen anticuerpos e incluso antídotos que actúan rápidamente y que sanan los venenos. ¡Esos “protectores” son la Palabra de Dios, la oración, la consagración y Cristo  mismo que no te quiere perder! El nombre de Jesús tiene poder contra todas las armadillas del enemigo.

Joven, quiero que sepas que nuestra suficiencia proviene de Dios y nuestra importancia no depende de nosotros, sino que es don de Dios. Solamente en Cristo Jesús somos firmes, constantes y tenemos tal importancia y utilidad.

¿Y ahora, todavía tienes dudas si eres o no tan importante? ¡Jesús es nuestro Señor!

Yo estoy seguro que has conseguido percibir tu importancia en el Cuerpo de Cristo. Esa puede ser la diferencia entre un cristiano vencedor y un cristiano que se deja derrotar.

Comparte también el texto en tus redes sociales y hasta la próxima!! 😊

Autor: Thayná Fernandes

Traducción del texto original en portugués “SERÁ QUE SOU TÃO IMPORTANTE ASSIM? UM EXEMPLO SIMPLES E UMA GRANDE SURPRESA!” del Blog Eu Vos Escrevi.

Anuncios