Escribo intentando traducir los sentimientos de mi corazón. Pido disculpas, lector, porque esta vez no te escribo a ti, sino que hago una oración a mi Padre. Sin embargo, quiero que me acompañes en mi Getsemaní.

Mi amado Jesús, cuando me dices que si quiero ir en pos de Ti, necesito tomar mi cruz (Mt 16:24); confieso que mi corazón se llena de miedo. ¡Perdóname! Amo Tu obra en el calvario ya que me permite estar en Tus brazos. No obstante, aún tengo miedo, miedo de la muerte, de las pruebas y de la madera.

Muchas veces pido que pase de mi este cáliz, pero que sea hecha Tu voluntad y no la mía. Y así, casi siempre termino bebiendo ese cáliz de renuncia. Aunque mi corazón se llena de agonía y no entiende Tu querer, Tu ángeles me consuelan (Lc 22: 42-44).

Quiero ser oro, pero cuando el fuego aumenta mi corazón se desmaya (1 Pe 1:6-7). Quiero ser un vaso de honra, mas cuando el Alfarero me toca, yo me retraigo (2 Tm 2:21). Pero si en mi interior opera la vida eterna, no hay por que tener miedo de la muerte. Si Aquel que me purifica y me moldea es mi Amado, mi Amigo y hace que todo coopere para mi bien; no hay por que temer.

“En el amor no hay temor, sino que el el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18a).

Por lo tanto, para calmarme me cuentas sobre alguien que Te amó mucho: Pedro. Él pidió que su cruz sea invertida, ya que se sentía indigno de estar sujeto a Tu misma muerte.El amor echó fuera el miedo. Él miró hacia la cruz y vio honra; comprendió lo que María había entendido un tiempo atrás, cuando enjugó Tus pies con sus cabellos. Sufrir por Ti no es dolor o deshonra, sino ¡privilegio!

Entonces, mi Amado Jesús, si me ofreces la oportunidad de sufrir por Ti, correré para tomarla. Aún temo que sean mucho los sufrimientos y no los pueda soportar. Sin embargo, mi Señor, ¡quédate conmigo, te ruego!

Acepto mi cruz, aún teniendo temor en mi corazón. ¡Mírame, Amado de mi alma! Lo que tengas que hacer, hazlo. Si es necesario aumentar el fuego, auméntalo. No tengo miedo de someterme a Ti. No temo entregarme a los planes que tienes para mi. Porque Te conocí; mis ojos vieron los Tuyos estando en la cruz. Es por eso que sé que al entregarme sin reservarme a mi Amado Señor ¡es un privilegio, no un dolor!

Autor: Ana Rosa Nascimento

Texto traducido del artículo en portugués “SENHOR, EU TENHO MEDO DA CRUZ” del blog Eu Vos Escrevi.

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