No es novedad, para nosotros, que el mundo impulsa a las personas para que corran atrás de la gloria y fama para formar parte de algún grupo o simplemente poseer un perfil social.  ¿Y nosotros, los siervos del Señor? Somos hijos de Dios, nuestra identidad esta firmada en Él. Mas, en la práctica, la manera de cómo Le servimos revela quién está siendo el objetivo de la gloria de nuestro servicio. Al servir, nuestros intereses propios necesitan ser colocados de lado para dar espacio únicamente al amor que tenemos por nuestro Señor. Querido lector, que el ejemplo de los personajes a continuación pueda traer luz, amor y armonía a tu servicio.

Sabemos que el tabernáculo fue hecho de acuerdo con lo que Dios habló a Moisés. Pero, ¿sabías quiénes fueron los encargados de realizar esa obra y “colocar las manos en la masa”? En Éxodo 31 tenemos la respuesta.

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado.” Éxodo 31: 1-3, 6

La obra a la cual Bezaleel y Aholiab fueron llamados no era pequeña, por eso merecía atención y vigilia. Ambos fueron convocados por el mismísimo Dios para servir como artesanos de alta calidad para dar fin a Su plan. Es interesante notar que Dios no escoge hombres habilidosos, sabios y llenos del Espíritu, sino que llenó de habilidad, sabiduría, inteligencia y Espíritu a los escogidos, los cuales ya eran hábiles, osea, aquellos que cumplían las exigencias con perfección y rapidez (Éxodo 36:1). Dios nos quiere como un vaso útil para que el Espíritu realice Su obra en nosotros. ¿Cuándo nos ha de usar y cómo? ¡depende solamente de Él!

Una vez terminado el tabernáculo, únicamente el sumo sacerdote entraba solo en el Lugar Santísimo una vez al año y podía contemplar las obras hechas por Bezaleel (Hebreos 9:6-7). Sin embargo, ninguno de los utensilios llevó la firma del nombre de los hombres separados para esa obra,  ni siquiera los dos querubines de oro labrados a martillo (Éxodo 37:7-9), que eran tan gloriosos y bellos (Hebreos 9:5).

Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.” (Éxodo 40:34)

¡Dios aprobó todo el trabajo hecho! Su gloria se apoderó de todo el tabernáculo. Si bien, aparentemente Bezaleel y Aholiab no recibieron ningún reconocimiento, sus obras eran valiosas por haber agradado a Dios. Para cualquiera de nuestro servicio al Señor necesitamos hacer morir nuestra persona, nuestro nombre y en resurrección agradar Su corazón, ¡haciendo que Su nombre permanecer ante todo!

La historia de estos personajes sirve de ejemplo para los que sirven a Dios. Todo servicio a Dios se debe basar en el principio de que toda obra espiritual se origina en Él, es sustentada por Él  y busca agradarle (Romanos 11:36). Es Él quien nos capacita. Su hablar es el único que trae a la existencia las cosas que no existen (Romanos 4:17), animándonos, iluminándonos y aumentando más nuestra fe y amor en nuestro servicio. Por ultimo: Dios es glorificado en nuestro servicio y al agradarlo, somos inmensamente bendecidos. Como resultado obtenemos alegría y satisfacción (Proverbios 10:22).

“Donde Su poder opera, todo acaba en gloria” (Watchman Nee)

Esto deber ser la motivación de nuestro corazón al servir: ¡agradar al Señor! Nuestra mente debe estar puesta en el espíritu, así disfrutaremos vida y paz en el servicio (Romanos 8:7). Que podamos dejar de lado la soberbia y la altivez (Salmos 131:1) y buscar servir, no mirando el reconocimiento ajeno, pero si mirando a Jesús, el Autor y Consumador de todas las cosas.

Esto deber ser la motivación de nuestro corazón al servir: ¡agradar al Señor!

Autora: Gabriele Ortiz

Traducción del artículo “A Ele, Pois, a Glória Eternamente” (Blog Eu Vos Escrevi)

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