¿Cuántas veces ya nos hemos justificado o confesado delante de Dios: “mi carne es débil” o “siempre estoy cometiendo el mismo pecado”? ¿Será que el problema está en nuestra carne que es débil o en que nosotros que nos quedamos contemplando la fragilidad de nuestra carne? Seguir leyendo “LOS ANTÍDOTOS CONTRA LA CARNE”