¿Cuántas veces ya nos hemos justificado o confesado delante de Dios: “mi carne es débil” o “siempre estoy cometiendo el mismo pecado”? ¿Será que el problema está en nuestra carne que es débil o en que nosotros que nos quedamos contemplando la fragilidad de nuestra carne?

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

En este pasaje el Señor va al Getsemaní a orar y lleva consigo a Pedro, Juan y Jacobo. Adelantándose un poco de los discípulos para orar, los encontró dormidos al retornar. Entonces, los instruyó a vigilar y orar para que no cayesen en tentación debido a la fragilidad de la carne.

Antes de mencionar que la carne es débil, el Señor presentó tres puntos muy importantes: VIGILAR, ORAR Y TENER UN ESPÍRITU DISPUESTO.

Durante toda nuestra caminata, cuando caemos en una situación negativa y vamos delante del Señor, por lo general nos justificamos diciendo que nuestra carne es débil, que se inclina fácilmente al pecado. Entretanto, cuando vio a sus discípulos durmiendo, cayendo en sueño cuando deberían orar, el Señor, en vez de culpar a la carne, les trasmitió tres palabras de alerta, dirección y vida.

Vigilar: así nos mantenemos como un guardia en estado de alerta. Un militar que está vigilando una base siempre está preparado para combatir los ataques de su enemigo. Quien está vigilando, al ver el peligro, no espera que el cuartel sea invadido para luego atacar. Antes de que ocurra el ataque, el centinela ya intenta aniquilar al enemigo, sin permitir que algo peor acontezca.

¡El Señor nos alerta a desviarnos del pecado y de todo lo que nos engendre muerte!

 “El sabio teme y se aparta del mal, mas el insensato se muestra insolente y confiado”

(Pv. 14:16)

Oración: es la llave para buscar la comunión y conocer a Dios. Si tenemos dificultades en nuestra caminata, debemos presentar eso delante de Dios, pues con frecuencia hay cosas terrenas que ganan nuestro corazón o el pecado que está siempre a la puerta. ¡El Señor espera que tengamos un corazón puro y verdadero, no tenemos que esconder nuestras fragilidades de Dios. Jesús es aquel que nos conoce, que vino a la tierra y sabe cada cosa que pasamos, Él vivió cada experiencia, ¡pero sin pecado!

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15)

Al presentar nuestra oración delante del Señor, Él reconocerá no sólo nuestra fragilidad, sino principalmente, ¡nuestra dependencia!

Espíritu dispuesto: nuestro ser es formado por el espíritu, el cual está listo para recibir al Espíritu de Dios. Cuando vigilamos y oramos en medio de cualquier tentación, tenemos un refugio, una opción, que es volvernos a nuestro espíritu y contactar a Dios. Cuando estemos en una situación fuera de control, cuando la tentación se aproxime y el pecado esté en la puerta, tenemos un refugio: buscar la presencia de Dios, a través de himnos, alabanzas, palabra, oración y comunión.

Solamente después de presentar esos tres refrigerios (VIGILAR, ORAR Y TENER UN ESPÍRITU DISPUESTO), el Señor les recordó a sus discípulos que la carne es débil. No debemos escondernos detrás de esa justificativa, sino que debemos usar nuestro espíritu, buscar al Señor, tener un vivir de oración y estar siempre vigilantes.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro(Hebreos 4:16).

 

Autor: Luthuli Akanni Paixão

Traducción del artículo “Os Antídotos para a carne” (Blog Eu Vos Escrevi)

 

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