Este texto habla sobre otro libro de los Profetas Menores del Antiguo Testamento: Habacuc. Este profeta de nombre peculiar fue contemporáneo de Nahúm y Sofonías (más dos del grupo de Profetas Menores) y vivió en la tierra de Judá alrededor de 600 años antes de Cristo.  Una característica del profeta queda muy clara a lo largo del libro: Habacuc era muy cuestionador. Y su libro ya empieza con la indagación:

“¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de violencia sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?” Hc 1:2-3a.

El profeta mostró un cuadro de violencia e injusticia en Jerusalén y preguntó hasta cuándo esa situación sucedería con el pueblo elegido por Dios. Habacuc pidió por justicia y liberación para el pueblo, entretanto, la respuesta de Dios no fue exactamente lo que él esperaba. Primero, Dios estuvo de acuerdo con la situación expuesta: el pueblo injusto y violento necesitaba ser castigado, y Dios había determinado que sean seriamente castigados por los caldeos (Hc 1:5).

El pueblo caldeo era amargo e impetuoso (Hc 1:6), destruyeron varias tierras, poseían su proprio derecho, o sea, seguían las decisiones de acuerdo con sus voluntades y, además, hacían de su poder, un dios (Hc 1:7-11).

Viendo lo que Dios había determinado, el profeta Habacuc intentó más de una vez interceder por el pueblo, cuestionando la decisión del Señor. 

“¡Tú, Señor, existes desde la eternidad! ¡Tú, mi Santo Dios, eres inmortal! Tú, Señor, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, lo has puesto para ejecutar tu castigo.” Hc 1:12 

En los versículos 12 a 17 del primer capítulo, hay un intento del profeta de convencer a Dios de que aquella decisión no era la mejor para Judá. Él argumentó mostrando que Dios no podría destruir Su pueblo elegido y, además, Dios no utilizaría un pueblo impío para castigar un pueblo relativamente justo como Judá. El profeta no actuó con arrogancia ni prepotencia, antes bien, esperó para oír la respuesta de Dios a sus cuestionamientos. Sin embargo, el Señor respondió:

“Y el Señor me respondió: Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tabillas, para que pueda leerse de corrido. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.” Hc 2:2-4 

Y después de esta declaración, el Señor hasta detalló en 15 versículos -Hc 2:5-20- todas las cosas que pasaría con los caldeos en virtud de aquellos que se excedieron en la disciplina para con el pueblo de Dios, profecía conocida con los cincos “ayes” de los caldeos. Después de dos respuestas de Dios, Habacuc fue iluminado. El Señor le aseguró que la palabra se cumpliría, pero él necesitaba tener fe.

La lección que el profeta deja con su libro es una ya conocida en el medio cristiano: “el justo vivirá por fe”. Cuando cuestionamos las cosas que suceden a nuestro al rededor, cuando las situaciones nos presionan y empezamos a reclamar, necesitamos tener una actitud: creer. Debemos creer que nuestro Dios es poderoso para suplir cada una de nuestras necesidades (Fp 4:19) porque Él conoció nuestro corazón (1 Rs 8:38-39). Habacuc, primero, cuestionó la demora de Dios cumplir la justicia. Lo que necesitamos entender acá es que Dios no demora en cumplir Su palabra, Dios es paciente. Él quería darle la oportunidad al pueblo para arrepentirse; y Él actúa de la misma forma con nosotros hoy. El Señor no nos deja sin respuesta: toda petición será respondida (Mt 7:7-8). Sin embargo, si Él nos hace esperar es porque está siendo longánimo.

Habacuc era como nosotros, carentes de fe; pero después de ser iluminado por el Señor, él pudo probar Su gracia y alabar el nombre del Señor con un cántico.

 “Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela u me hace caminar por las alturas.” Habacuc 3:17-19 

¡Joven, que podamos ser como Habacuc! El profeta creyó en la promesa de Dios para Su pueblo y pudo alegrarse y exaltar el nombre del Señor. Muchas veces no entendemos el plan de Dios, pero una certeza debe arder en nuestros corazones: Hay un plan diseñado para cada uno de nosotros. Y fue el nuestro maravilloso Padre quien hizo.  Por más que anhelemos tener el control sobre nuestra vida, una cosa es cierta, sólo seremos completamente felices cuando entreguemos todo – absolutamente todo – en las manos del Autor y Consumador de nuestra fe.

“Dios es muy bueno con aquellos que confían en Él, y frecuentemente nos sorprende con bendiciones inesperadas” (Charles Spurgeon).

Autor: Fernanda Amorim

Traducción del texto original en portugués “HABACUQUE: UM PROFETA CHEIO DE QUESTIONAMENTOS” del Blog Eu Vos Escrevi.

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