¿En algún momento de tu vida cuestionaste a Dios? ¿Llegaste a pensar que Él se había olvidado de tus sueños? “¿Por qué demoras, Señor?” o “¿qué hice mal para que no vuelvas realidad mis sueños?”. Entiende los motivos por los cuales Dios todavía no ha atendido los deseos de tu corazón; pero cree: ¡existe un motivo muy especial!

En primera de Samuel 1 conocemos la historia de Ana, una mujer que amaba a Dios y que tenía un sueño. Ella estaba casada con Elcana, pero su vida estaba vacía: no podía tener hijos porque era estéril y en su cultura, la esterilidad era una maldición, una vergüenza.

Querido lector, ¿cuántas veces has pasado por situaciones en las cuales no has entendido el porqué? ¿Qué podemos hacer? ¿Reclamar como lo hace la mayoría de las personas? ¿Poner la culpa en nuestros familiares? ¿Enojarnos? ¡Claro que no!  Ana oró. Ella presentó su sueño al Señor.

¿Más por qué Ana era estéril? ¿Por qué su sueño de ser madre estaba siendo postergado? ¿Por qué era víctima de algo incurable? El problema de Ana no fue por causa de algún pecado que puedo haber cometido; tampoco se originó de alguna maldición hereditaria, ni de alguna acción satánica. La Bíblia es muy clara al afirmar que Dios la hizo estéril (1 Sm 1:5-6).

Exactamente, el Señor mismo no le concedió tener hijos. “Pero Mari, ¡qué malo es Dios! ¿Cómo pudo hacerle eso a Ana? Una mujer que era temerosa de Dios…” ¡Sí! Dios sabe lo que hace. Por causa de ser una mujer fiel, el Señor quería darle lo mejor. Dios ya había oído la oración de Ana, sólo que Él actúa a Su tiempo. ¡Y Su tiempo es perfecto! Muchas personas se equivocan al pensar que las enfermedades tienen procedencia maligna. Ese no era el caso de Ana, pues Dios mismo la hizo estéril. Pero ¿por qué? Dios no es un Dios sádico. Él no se complace en ver el sufrimiento de Sus hijos. Él siempre tiene lo mejor para nosotros. Entonces ¿por qué Él tarda en realizar nuestros sueños?

1) Para que comprendamos que el Dios de las bendiciones es mejor de que las bendiciones de Dios

En general, los sueños que no son realizados y los deseos que no son satisfechos nos llevan a la presencia de Dios. El sufrimiento en sí no es un bien. Es cuando Dios trabaja en nuestras vidas que los sufriemientos se transforman en un bien para nosotros. El sufrimiento no es el fin en sí mismo, sino que sirve como un recurso pedagógico para un propósito positivo. Las tribulaciones producen paciencia y la paciencia resulta en una profunda experiencia con Dios (Rm 5:3-5). Es por eso que debemos alegrarnos cuando pasamos por probaciones que nos quebrantan, nos vuelven humildes y dependientes del Dios Todopoderoso (StTg 1:2). Asimismo, esto nos muestra que nuestras mayores necesidades no son de cosas, sino de Dios.

Veamos este ejemplo: si yo no tengo un corazón entero para Dios, si no le sirvo con alegría, si no le venero en las situaciones (independientemente si son buenas o malas), si no le reconozco como el Dios proveedor, ¿por qué Dios tendría que atender a todas mis súplicas? Dios es misericordioso, pero no sólo eso: ¡Él es justo! No es en vano que nos dio el libre albedrío. El Señor podría haber creado robots en lugar de seres humanos con alma capaz de elegir. Sin embargo, aún así, Él nos hizo para que pudiéramos elegirlo!

Muchas veces el Señor no nos atiende porque nos olvidamos a quién servimos. Priorizamos lo que Él puede darnos y nos olvidamos del Dios de las bendiciones. Aún en una  situación difícil, Ana priorizó a su Dios. Ella hizo un voto con el Señor (v 11a), se rindió delante de Él y acertó en la necesidad de Su Dios. 

2) Para que reconozcamos que los sueños de Dios son mayores que los nuestros 

El sueño de Ana era muy limitado. Sus aspiraciones no eran suficientemente osadas. Ella solamente quería ver su vientre transformándose en una escena de vida. Ella aspiraba engendrar un niño; cargar en los brazos a su hijo. Mas Dios no realizó en su tiempo el sueño de Ana porque tenía algo mayor para hacer en su vida. ¡Los pensamientos de Dios son más elevados que los nuestros! ¡Los sueños de Dios son mayores de que los nuestros! El sueño de Dios para Ana no era apenas hacerla madre, sino convertirla en la madre del mayor profeta de aquella generación. Samuel sería el gran instrumento que Dios usara para ungir a Saul como el primer rey de Israel y a David.

Aunque sientas que las cosas perdieron sentido, el Señor está sobre el control de las situaciones. Todas las cosas tienen un tiempo determinado por el Padre (Ec 3:1). Él sabe exactamente las cosas por las que has  pasado. Él es un Dios que sondea los corazones (Rm 8:27). Él jamás te haría Su hijo o hija para que seas avergonzado. A pesar de que el mundo difunde la necesidad de ser rápido al tomar decisiones, nosotros, como hijos de Dios, necesitamos tener comunión con Él y esperar sin reclamaciones. ¡Esto es una virtud!

Veamos el ejemplo de José: él fue despreciado por sus hermanos, tirado vivo en una cueva, vendido como mercadería barata, injusticiado por su patrona y estuvo preso por dos años. ¿Pero por qué  Dios dejaría a una persona inocente tanto tiempo en la cárcel? ¿Será que es Dios tan injusto? Aun así, si José hubiese salido de la prisión por medio de la ayuda del mayordomo jefe, lo máximo que hubiese alcanzado sería trabajar como lavador de vasos en el palacio de Faraón. Dios permitió que se quedara dos años más en la prisión para que al sacarlo se convirtiera en el gobernador de Egipto.

Querido lector, ¡los sueños de Dios son perfectos! Jamás se pierden en las curvas por el camino. Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora (Ec 3:1b). El Señor tiene lo mejor para ti, pero desea oir de tu boca los deseos de tu corazón. No digas: “¡Ahh! ¡Si Dios sabe lo que necesito, entonces no es necesario orar!”. No es de esa manera que las cosas funcionan… Necesitamos orar, confesar todo lo que esta quitándonos la paz. Recuerda este versículo: 

 «¿Quién es el hombre que teme a Jehová?

El le enseñará el camino que ha de escoger.

La comunión íntima de Jehová es con los que le temen,

Y a ellos hará conocer su pacto.»  (Salmos 25:12, 14)

¡Qué privilegio es poder contar nuestros sueños al Señor! Nuestras súplicas necesitan ser regadas por la lluvia de la esperanza y rociadas por el rocío de la fé. Necesitamos creer, tener fe y no desistir (Rm 4:18). Nuestro Dios no es un colecionador de derrotas, sino un campeón invicto en todas las batallas y ¡Él ya nos dió la victoria! Acuérdate de que Él trabaja por nosotros, y nuestra vida está en Sus manos. Él puede todas las cosas. Si somos compañeros de Dios debemos tener grandes sueños. Si caminamos con Dios, nuestra jornada será victoriosa. Si deseas ver tus sueños realizados, ¡cree en Sus promesas! No te desanimes si Dios todavía no concretizo tus sueños. ¡Lo mejor está por venir! ¡Oh Señor Jesús!

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Mt 24:35

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo.” (Ec 3:11a)

 

Autor: Mariana Frigulha

Traducción del texto original en portugués “POR QUE, SENHOR?” – ENTENDA PORQUE DEUS ADIA A REALIZAÇÃO DOS NOSSOS SONHOS!» del blog Eu Vos Escrevi.