Durante el segundo año viviendo lejos de la casa de mis padres, una dificultad aparentemente común, comenzó a afectar mi deseo de asistir a las reuniones del partimiento del pan. No porque no me guste participar, al contrario, sino porque no estaba dispuesta a levantarme temprano, debido a un problema personal. La alarma podía sonar varias veces y la habitación estaba iluminada, sin embargo, todavía estaba allí: acostada, como en un estado de sueño profundo. Esta escena se repitió todos los domingos durante cuatro meses, llegaba tarde a las reuniones e inclusive me perdía algunas.


Mi auto justificación era: “Ah, puedo orar y cantar algunos himnos aquí, donde estoy. Después de todo, el Señor vive en mí y puedo adorarlo en mi espíritu donde quiera que esté. Además, yo soy la iglesia». ¿En serio? ¿Estaría correcta esta afirmación o simplemente sería un intento fugaz de apaciguar mi conciencia y deshacerme de la carga que significa tal negligencia?
Para responder a la pregunta anterior, necesitamos entender qué es la iglesia. La palabra «iglesia» en griego es: ekklesía. Ek significa «fuera», mientras que klesía proviene del verbo kaléo, que significa «llamar, convocar, invitar». Por lo tanto, ekklesia quiere decir llamados para fuera (reunión, asamblea, reunión de aquellos que han sido convocados), y puede compararse con un sustantivo colectivo.
En la antigua Grecia, cuna de la democracia, las personas eran convocadas fuera de la casa para una asamblea, generalmente hecha en las plazas, para resolver asuntos importantes de la comunidad. Tú puedes preguntarte: Y hoy ¿Somos llamados para fuera de qué? Respondo: Fuera del kósmos, del mundo.
Concluimos que, al ser un colectivo, la iglesia no puede ser sólo una persona. Así que mi anterior argumento, ambicioso y tonto, que deseaba justificar mi inasistencia a las reuniones, se derrumbó como un castillo de naipes que se desmorona al enfrentar el primer viento de un simple soplo.
El significado de la palabra iglesia y el principio de que sus miembros deben reunirse, no pueden ser disociados. Por lo tanto, Hebreos 10:25 nos exhorta: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
Mientras estuvo en la tierra, Jesús siempre se reunió con sus discípulos. El Maestro se reunió con ellos en el monte (Mt 5: 1), en el desierto (Mc 6: 32-34), en la casa (Mc 2: 1-2), junto al mar (Mc 4: 1), en la última noche antes de la crucifixión (Marcos 14: 15-17) y aún después de la resurrección (Juan 20:19, 26; Hch 1: 4).
No podría ser diferente con la iglesia: el día de Pentecostés, los discípulos estaban juntos, unánimes(Hechos 2: 1). Luego, perseveraron en el templo y de casa en casa, en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (vs. 42, 46). Aún bajo persecución se reunían (Hechos 4: 23-31). Estos episodios revelan el principio fundamental de que la iglesia esté reunida.

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18:20)

-Ok, pero, además de ser un principio, ¿cuál es la importancia de las reuniones?

Primero debemos notar que Dios siempre deseó que su pueblo se reúna. En el Antiguo Testamento, cuyas historias representan sombras, tipos y figuras del Nuevo testamento, Dios ordenó que los israelitas se reunieran. Muchos pasajes bíblicos los mencionan como congregación, mostrando la necesidad de reunirse. En aquel tiempo, la gloria de Dios estaba en el Lugar Santísimo, donde habitaba. Actualmente, la iglesia es la morada de Dios en el espíritu y, como tal, la gloria divina está en ella.
Cuando los hermanos funcionan en las reuniones, vemos la gloria divina a través de ellos y percibimos a Cristo en ellos. Por lo tanto, no nos reunimos solo para escuchar la predicación, sino para encontrar al Señor. Es posible que ya hayas tenido la experiencia de llegar a la reunión triste, abatido, cansado, en las circunstancias más diversas, y a través de un himno solicitado por un hermano o una oración hecha por otro, te sentiste aliviado y renovado. Este es el refrigerio mutuo proporcionado por la reunión de la iglesia.
“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mt 18:19).
Watchman Nee, un ministro fiel de Dios que vivió en China a principios del siglo XX, dijo a respecto de este versículo:
“Podemos aprender a orar solos en casa; sin duda Dios escucha estas oraciones, porque Él escucha oraciones individuales. Pero hay otro tipo de oración que, para ser respondida, necesita ser hecha en las reuniones, de acuerdo con el princípio de que dos o tres pidan juntos en el nombre del Señor. Para que Dios responda muchas de las grandes preguntas, debemos orar por ellas en las reuniones”.
Además, las reuniones de la iglesia son una forma de servir al Señor. El servicio a Dios es muy importante; fue para eso que Él libró a Su pueblo de Egipto (Ex 8: 1b). En Efesios 4:12 vemos que el desempeño de los servicios es para la edificación del Cuerpo de Cristo. Todos recibimos dones y necesitamos desempeñarlos para que el Cuerpo de Cristo sea edificado en amor.
Por lo tanto ya obtuvimos la respuesta: reunirnos con la iglesia es muy importante, porque vemos la gloria divina, encontramos a Cristo, recibimos refrigerio, oramos juntos, tenemos la oportunidad de servir, edificamos el Cuerpo y, sobre todo: esto siempre ha sido un deseo de Dios. Si algo se interpone en el camino, ¡ora! Mientras oraba para que el Señor me librará de la condición descrita al inicio del texto, me pidieron que escribiera un texto sobre la importancia de las reuniones, basado en el libro «Lecciones para la vida cristiana». Esta solicitud fue la respuesta de Dios a mi oración. A través de la lectura me di cuenta de que aún mejor que disfrutar de ir a las reuniones es saber por qué ir. Eso es lo que da ánimo cuando no tenemos ganas de ir.
Estimado lector, ¡persevera! No dejes de congregarte como es costumbre de algunos.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! [….] Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna” (Sal 133: 1, 3).
Argumento inspirado en el capítulo 10 del libro “Lições para o viver cristão”, Watchman Nee.
Agradecimentos
A los amigos Gustavo Corrêa y Marco Antonio por toda la ayuda personal y por su contribución con el texto.


Autor: Carolina Lacerda.

Traducción del texto original en portugués “NÃO QUERO IR ÀS REUNIÕES DA IGREJA! E AGORA?” del blog EU VOS ESCREVI.