En el texto anterior, vimos que Rut era extranjera, pero eso no le impidió adorar al Dios de Noemí. Por el contrario, ella se entregó totalmente al Señor, quien no titubeó en bendecirla e insertarla en la genealogía de Jesús. Para Dios no hay distinción entre judío ni griego, pues el mismo es el Señor de todos (Rm. 10:12). Amada hermana, ¡entrégate, sin reservas, a ese Dios supremo y poderoso! ¡Él te ama!

La historia de Ester ocurre en el período en que el pueblo de Israel se encontraba cautivo en el imperio medo-persa. Ester y su tío Mardoqueo (Ester 2:7) hacían parte del pueblo que no había retornado para la reconstrucción del templo. Por lo tanto, ellos estaban humillados, dispersos y cautivos (Ester 2:5).

La situación era difícil, pues no había profetas en aquella época. No hay ningún registro de la palabra “Dios” en todo el libro de Ester. Dios estaba oculto, silencioso. De hecho, ¡fue un Dios presente que se ocultaba!

¿Y tú, amada hermana? ¿Cómo estás en este momento? ¿Cómo está tu relación con Dios? ¿Él está oculto y silencioso para ti? (Sl 33: 13-15, 18). Sin embargo, ¿será que Dios no está actuando en tu vida aún estando en silencio?

Después de la insumisión de la reina Vasti (Ester 1:17), el rey Asuero ordenó a sus súbditos que buscaran una joven hermosa y virgen para presentarla delante del (Ester 2:2).

Ester fue una de las escogidas para estar delante del rey (Ester 2:9). Después de eso, ella tuvo que pasar por un tratamiento de belleza por doce meses (Ester 2:12).

Aun siendo una joven bella, ella tuvo que pasar por un proceso de lapidación. Te podrías estar preguntando: “¿Cuál es el motivo de ese proceso de embellecimiento si ella ya era hermosa?”.

Muchas veces le cuestionamos exactamente eso al Señor: “¿Por qué aun necesito pasar por este sufrimiento Dios? ¿Por qué es necesario tanto tiempo de prueba en mi vida?”. Mi querida hermana cree: “Dios hizo TODO hermoso en SU momento” (Eclesiastés 3:11).

Por cierto, Ester también hizo esas mismas preguntas en su interior, pero ella fue obediente y recibió de corazón todo el tratamiento que necesitaba para su vida. Ella sabía que solamente así podría tornarse una reina.

El tratamiento de Ester duró un año. Durante los primeros seis meses, ella recibió un tratamiento de mirra, la cual es una planta medicinal cuyo aceite era usado en la antigüedad para ungir los cadáveres antes del entierro. Por lo tanto, la mirra tipifica la muerte.

Durante los otros seis meses, ella fue tratada con especias, perfumes y ungüentos. Entre las especies más conocidas, estaba el aloe y la casia. El aloe posee un zumo amargo y laxante. La acacia es una flor bella y aromática, y su fruto se da en una vaina. Ambos poseen propiedades medicinales. El aloe y la casia representan resurrección. En otras palabras, para poder estar en presencia del rey, necesitamos pasar por seis meses de muerte y seis meses de resurrección. Pero, ¿qué es lo que tipifica la muerte y la resurrección?

La muerte es el estado de nuestro ser natural. Cuando no permitimos el trabajar de Dios en nuestra vida, permanecemos en nuestro viejo Adán, con nuestras opiniones y maneras personales, solo preocupándonos con cosas de esta vida terrenal.

La resurrección es el resultado del trabajar de Dios en nosotros. Cuando permitimos que Él nos pula, nos volvemos como Él en vida y naturaleza (1 Juan 3:2), pero sin la deidad.

 “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente;y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (Efesios 4:22-24).

Podemos estar listas físicamente, con una salud y apariencia perfecta, pero ¿en cuanto a nuestro interior? ¿Nuestra vida espiritual? ¿Nuestra vida con Dios? ¿Cuán bellas estamos para Él?

 “Al rey le gustó Ester más que todas las demás mujeres, y ella se ganó su aprobación y simpatía más que todas las otras vírgenes. Así que él le ciñó la corona real y la proclamó reina en lugar de Vasti…” (Ester 2:17).

Al final del tratamiento, ¡Ester fue escogida por el rey! Y lo mismo ocurrirá con nosotras al final de toda prueba, de toda “muerte”. ¡El Señor quiere que alcancemos el favor y benevolencia sobre todas!  ¡Él nos quiere tornar deseables y preparadas para Él!

Por eso, amada hermana, no desistas ni te desanimes si tu lapidación ha sido dolorosa. Solo ten un corazón que desea todo aquello que el Señor tiene para ti, incluso los “tratamientos”. Muchas veces no sabemos el motivo, pero sabemos una cosa: ¡NADA HUYE DE SU DOMINIO! Cree: ¡Él te está cuidando, aunque sea ocultamente! ¡Confía!

 “Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre” (Salmos 55:22).

Conclusión de la serie

Cuando la serie “Basta tener un corazón” comenzó a ser producida, nuestra intención era dividir un poco lo que Dios nos había hablado en el Congreso de las Mujeres, en el Espíritu Santo. Agradecemos a Dios porque Él sobreabundó y nos dio la gracia de transcribir el sentimiento hablado por esas 4 mujeres tan especiales.

Esperamos que, así como nosotras, tú, mujer, también hayas experimentado Su amor por ti. Como vimos, esas mujeres se destacaron no por lo que tenían en esta tierra, como riquezas o fama, sino que ellas fueron especiales por ser decididas por Cristo, por dejar a Dios dirigir sus corazones. Debes saber que tú también puedes ser una mujer que hace la diferencia: ¡BASTA TENER UN CORAZÓN para Sus cosas!

¡Bendicioes!

 “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33).

Autor: Mariana Fogaça

Traducción del texto original en portugués BASTA TER UM CORAÇÃO (4): ESTER del blog Eu vos escrevi.