Pasó el examen de ingreso a la universidad y transbordaba de alegría.  El Señor la bendijo y se llenó de gratitud, se consagró nuevamente. En respuesta, ella recibió un llamado. Cruzaría el océano y llevaría la palabra de Dios a otros pueblos. Extraña promesa. No tenía los recursos ni para cubrir los costos del pasaporte. Aún así ella creyó.

“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” Génesis 15:5.

Comenzó a estudiar el idioma que necesitaría, buscó los medios para ir y encontró una forma viable que involucraba sus estudios. Se esforzó mucho, pero aún no estaba bien por completo, pues sentía una incomodidad todos los días, porque tenía un llamado y no lograba atenderlo. Su Señor le dio todo y por eso le quería agradar.

Por la gracia de Dios, ella ganó la única beca que cubría los costos de un examen costoso y necesario. Claramente era una señal. Su ida involucraba sus estudios, entonces estudió, estudió y estudió por dos largos años. Hizo contactos, intentó varias veces, pero las puertas siguieron cerradas. Realizó el examen, pero no pasó, le faltaron pocos puntos y por eso su corazón se entristeció.

Habían pasado dos años desde esa promesa. Fue entonces cuando recibió la ofrenda de una litera, ya que su habitación era demasiado pequeña para la cama doble que compartía con su hermana, las ofrendas de los santos siempre las han suplido durante toda su vida. No tenía nada ni le faltaba nada. Era amada por Dios. Había milagros. No había necesidades grandes o pequeñas, no tenía deseos, grandes o pequeños que su Señor no supliese, o atendiese. Él siempre se mostró como un Padre proveedor. Oía hasta sus pensamientos. Eso alimentaba su amor por Él. Quería retribuirle. Su oración no cambiaba. Solamente no había recibido lo que más quería.

¡Por cierto! Tenía dos hermanos. Un hermano y una hermana. Su hermana fue a una conferencia con su novio. La futura pareja recibió un llamado. Fue el mismo llamado que ella un día oyó. Por la misericordia y bondad del Señor, se casaría y  tres meses después irían juntos hacia allá. No pregunten como, pero cruzarían el océano y llevarían la palabra de Dios a otros pueblos, como por un milagro, así como el que ella esperaba para sí. En su interior estaba celosa. Sin embargo, de hecho, estaba feliz, solo que pensó que Dios la había olvidado.

Y entonces le surgió una brillante y terrible idea en su mente, verificar cuales de sus colegas habían sido enviados por la universidad, y creyéndolo o no, su nombre estaba ahí. Pero no te alegres. No había posibilidad. Pues no había alcanzado los puntos en el exámen , ella no conocía esta posibilidad, los plazos estaban vencidos, los había perdido hace mucho tiempo, no había nada que hacer, entonces solo lloró.

“Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. ” Salmos 30:5b

Estando aún con sus ojos llorosos y la nariz roja, su hermano encendió el sonido, él en el cuarto, ella estaba en la sala, entre todo lo que podía colocar para escuchar, puso un himno que decía:

Creeré, creeré, creeré, oh!

Cuando sientas desmayar

Que no tienes fuerza para continuar

Has pensado abandonar

Ese sueño, ese anhelo que en tu alma está.

La mente dice no, nada puedes hacer

Pero tu corazón no para de creer

Y la montaña se encuentra frente a ti

Más yo sé que la cruzaras, si lo puedes creer.

El Señor le estaba pidiendo que creyera. Ella se rió, no tenía nada en sus manos. Sus dos años de esfuerzo fueron inútiles. Sus métodos fallaron. Sus planes se acabaron. A veces no es necesaria una gran fe. Solo un grano de mostaza de fe real. Solo un grano de mostaza de una fe que no está basada en lo que tú tengas o puedas hacer. Ella se río y creyó.

“¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” Génesis 18:13b-14a

“No temas, cree solamente.” Marcos 5:36b

Llegó la mañana. ¿Te acuerdas del hermano que ofrendó la litera? Esa litera no llegó, por la generosidad de la ofrenda, que sido muy costosa, porque era una tienda muy nombrada,  era tan caros como los pasajes que separaban a la joven de su llamado. Y lo peor era que, la litera ya no era  necesaria, pues en tres meses su hermana se casaría. Esa mañana apareció el hermano que ofrendó con una idea loca. No tenía más dinero para enviarle, y enterándose de lo que había en el corazón de ella, de viajar, y le pregunta: ¿Y si, por un milagro, consiguieras el dinero de la litera de vuelta, y los usas para otro fin?

Esa mañana fueron a la tienda. Reglas del comercio: los muebles deben venir defectuosos; la sustitución de los muebles defectuosos debería ser imposible durante un período de tres meses. Situación complicada. Inmediatamente, llegó un empleado con la respuesta clara: la devolución de recursos era imposible. Vuelve el funcionario y hace unas llamadas. Tal vez podrían conseguir al menos cambiar aquella litera por otro mueble. Esperaron, esperaron, esperaron, oraron y alabaron. ¡Que se hiciera la voluntad del Padre, amén! Entonces volvió el funcionario con una cara de espanto. Diciendo que no entendía lo que había sucedido. ¡La compra se iba a cancelar y el dinero sería devuelto!  Se abrazaron, alabaron más, le explicaron al funcionario lo que ocurrió, y oraron.

Llegó la mañana. Hicieron contactos, y se abrieron las puertas. Ya todo estaba listo: una casa que la recibiría, un medio de sustento y hasta un nativo para acompañarla en el proceso de inmigración. Ni parecía que la noche anterior estaba llorando por no tener ningún camino. Todo resuelto, canceló la universidad, cruzó el océano y llevó la palabra de Dios a otros pueblos. ¿Cómo le fue? ¡Fue el mejor año de su vida!

¿Y tú? ¿Tienes una promesa?

Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra. ” Jeremías 1:12

Las promesas del Señor nunca fallan. Si tienes la palabra del Señor con respecto a cualquier otra cosa, por más difícil que parezca ser la situación, debes confiar. La Biblia dice que el hombre que confía en el Señor es feliz y es inamovible (Salmos 84:12; 125:1). ¡Ora deseando aprender a confiar más en Dios! Ciertamente responderá. La palabra dice que el Señor cambia los tiempos y las estaciones (Daniel 2:21). Él sabe cuánto tiempo es necesario que permanezcamos en cada “estación”. Él quiere que lo conozcamos más y las experiencias que tenemos nos vuelven quienes somos delante de Dios. Él tiene una visión sobre ti, y es por eso que Él preparó un camino especial para ti. No te compares con otros. No te aflijas tratando de apresurar a Dios. Cada día tuyo está escrito y cada cabello de tu cabeza fue contado por Dios. Cree en Su bondad, soberanía y amor.

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. ” Jeremías 29:11

Colaboración enviada por Lorena Barbosa.

Autor: Colaborador

Traducción del texto original en portugués PROMESSAS del blog Eu vos escrevi.