Uno de los motivos por los cuales podemos sentirnos fríos espiritualmente es que puede haber en nosotros un pecado oculto. Un pecado no confesado nos deja abatidos, fríos, y, en consecuencia, no logramos tener la misma relación con Dios que tenemos cuando no estamos viviendo en la práctica del pecado o cuando no hay en nosotros un pecado que aún no fue confesado. Por eso, si te sientes frío espiritualmente, lo primero que debes hacer es orar y preguntar: “Señor, ¿hay pecado en mí? Si hay pecado en mí, Señor, muéstrame, examina mi corazón, prueba aquello que hay en mi interior, muéstrame si hay algo de que necesito arrepentirme”.

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