Uno de los motivos por los cuales podemos sentirnos fríos espiritualmente es que puede haber en nosotros un pecado oculto. Un pecado no confesado nos deja abatidos, fríos, y, en consecuencia, no logramos tener la misma relación con Dios que tenemos cuando no estamos viviendo en la práctica del pecado o cuando no hay en nosotros un pecado que aún no fue confesado. Por eso, si te sientes frío espiritualmente, lo primero que debes hacer es orar y preguntar: “Señor, ¿hay pecado en mí? Si hay pecado en mí, Señor, muéstrame, examina mi corazón, prueba aquello que hay en mi interior, muéstrame si hay algo de que necesito arrepentirme”.

Si descubres que hay un pecado del que aún no te has arrepentido y aún no has confesado, confiesa y pide perdón al Señor; Él perdona un corazón arrepentido, Su gracia te concederá paz y conseguirás estar en la presencia del Señor sin el peso del pecado que te aparta; Recuerda: no debes cargar ese peso, Cristo ya pagó tu deuda en la cruz, solo cree, confiesa y sé santificado por la vida Divina. Aún somos pecadores y eventualmente pecaremos. La diferencia entre nosotros y los otros es que cuando caemos en pecado, el Espíritu nos constriñe, reconocemos, recibimos gracia y dejamos aquella práctica por la acción de la santificación de Cristo en nosotros.

¡No podemos estar en pecado! El pecado nos aparta de Dios, por eso es importante tener la práctica de confesar y pedir perdón. Esto es aplicar la obra de la cruz, es estar revestido por la sangre. Así, cuando Dios nos mira, ve a Cristo y la redención, no nuestros pecados; y si es un pecado que cometiste contra alguien, busca a la persona, confiesa y pídele perdón también.

Además, existe la posibilidad de que no sea algo que debas confesar a alguien por haber pecado contra esa persona, sino que debas practicar la confesión orientada por Santiago en su epístola: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (5:16). Tal actitud te hace sentir más leve y seguro; tener a alguien que sabe cuáles son tus dificultades, luchas y tentaciones, puede ser de gran valor. Esa persona podrá orar contigo y por ti y te podrá alertar cuando estés en una situación de la que debas huir o resistir la tentación.

Ahora, avancemos un poco más. Si tienes la seguridad de que no estás viviendo en pecado, no necesitas pedir perdón a nadie, el Señor ya examinó tu corazón, y, aun así, dices que tienes la sensación de que estás frío espiritualmente, debemos analizar de dónde procede ese pensamiento y si es verdadero. Tal vez tu fe tenga como referencia a los sentimientos, tal vez hayas experimentado muchas emociones en tu relación con El Señor y aprendido a tener una vida cristiana que dependa de las emociones. Puedes haber aprendido a usarlas como indicativo para saber si estás frío espiritualmente; por ejemplo: si te acostumbraste a oír a Dios de una determinada manera, puedes pensar que Él no está hablando más contigo por no oirlo de la misma manera; puedes también haberte acostumbrado a reaccionar de un determinado modo cuando te impresionas con algo que Dios hace, por ejemplo, reaccionar llorando cuando cantas un himno bello.

Sin embargo, no es porque Dios no está hablando contigo de la forma como estabas habituado, que Él no está hablando. Dios habla por medio de la unción interior, por medio de las escrituras, de nuestros pastores y maestros y de las circunstancias. Nuestros sentimientos varían, no poseen estabilidad ni son confiables. Un día estás alegre, otro triste; un día te gusta determinada cosa, otro no; de mañana estás de mal humor y en la tarde destilando gentileza.

No podemos ser solo emocionales. Debemos usar las emociones pero también debemos ser racionales; las convicciones y el entendimiento están en nuestra mente; la fe es racional. No perdemos la fe porque tenemos certeza, convicción de lo que creemos, no creemos cuando estamos de buen humor y dejamos de creer cuando estamos de mal humor; sabemos quién es Dios y lo que Él hizo, quienes somos nosotros y lo que recibimos. Ningún sentimiento puede ser capaz de cambiar esas certezas, ningún sentimiento puede ser capaz de cambiar aquello que está escrito en la Biblia.

Recuerde: no debemos esperar tener deseo de leer la Biblia para leerla, no debemos esperar sentir deseo de orar para orar, sabemos que debemos orar y que debemos leer la Biblia, eso es suficiente para que lo hagamos. Sin embargo, ¿cómo hacerlo?

Ya vimos que no es adecuado que usemos solo las emociones al relacionarnos con Dios, más, ¿sería adecuado usar solo emociones y razón? Tampoco, las emociones no deben estar sujetas a la mente, donde no hay estabilidad, sino que la mente debe estar sujeta al espíritu. Una vida cristiana adecuada debe ser controlada por el espíritu.

Primero, sujetamos las emociones a la mente y dejamos lo que sentimos por aquello que sabemos que debemos hacer. Después, es el turno de que la mente se sujete al Espíritu, así, no solo haremos, sino que lo haremos en el Espíritu. Pensando en lo que es celestial, no en lo que es terrenal. No para cumplir un manual de instrucciones, sino para tener una relación con Dios. No para buscar mero conocimiento, sino para buscar vida.

Hay días en que me despierto con ganas de orar, de leer la Biblia, de compartir con los hermanos; hay otros en que no siento ganas. Pero no importa lo que siento, lo importante es que soy cristiana, soy hija de Dios y debo tener una relación con Él. Hay veces en que escucho a Dios hablar conmigo de forma muy perceptible, y en otras hay sólo silencio ¿Cuál es el problema en eso? ¿Él dejó de ser Dios? ¿Él dejó de oírme? ¡De ninguna manera! Es probable que Él no me responda en aquel momento y de la forma como a mí me gustaría, pero Él me responderá, Él me orientará por medio de la Palabra o usará las circunstancias y los hermanos para ello. Hay reuniones en las cuales lloro al escuchar un himno, pero existen otras ocasiones en las cuales el mismo himno no me hace llorar. Esto no quiere decir que estoy fría espiritualmente, sino que debo aprender a saber lo que Dios me quiere dar como experiencia en ese momento. Ora hasta que logres orar, lee la Biblia hasta que la ames. Por el ejercicio de la oración y de la lectura de la palabra, la vida divina se infundirá en ti, tu mente comenzará a ser renovada y todo tu ser será transformado.

¡No te quedes mirando a ti mismo! ¡Mira al Dios Triuno! mira lo que el Padre es, lo que el Hijo es y lo que el Espíritu es ¡Los tres siendo eternamente uno! Observa la relación perfecta que hay entre la trinidad y la relación perfecta que ella quiere tener contigo ¡El único, eterno y santo Dios quiere relacionarse contigo! Vuelve tu mente a lo que Él realizó desde antes de la fundación del mundo cuando te escogió, hacia lo que Jesús hizo en la cruz cuando se entregó para redimirte, hacia la salvación que el Espíritu te trajo y como Dios te sostiene y hace perseverar hasta que Él complete Su obra en ti.

No mires tu imperfección, tus fallas o sentimientos cambiantes, sino más bien mantente mirando firmemente hacia aquel en quien no hay cambio o sombra de variación. Dios no cambia. Dios no tiene sentimientos variables. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Te invito a tener una relación con Él, independientemente de tus sentimientos volátiles, confía en Dios, entrégate a la relación con Él.

Dicho esto, a continuación daremos algunos consejos prácticos en caso de que realmente estés frío espiritualmente y no hayas sido apenas confundido por tus emociones.

5 consejos para vencer la frialdad espiritual:

1. Busca leña temprano por la mañana, caliéntate temprano.

 ¿Qué quiere decir esto? –puedes indagar. Es sencillo. Comienza el día orando y consagrándote a Dios. Pide andar con Dios en ese día, no pienses en el día siguiente, en el mes siguiente, en el año siguiente. Piensa en vivir aquel día en la presencia del Señor, piensa en vivir como hijo de Dios y ciudadano del Reino. El vivir cristiano es diario.

2. Lee la Biblia y practica lo que lees. Antes de leer la Biblia, ora y pide entendimiento a Dios, pide que Él hable contigo de modo que la letra se vuelva vida. Avanza en el conocimiento de Cristo y no te quedes solo en lo que entendiste, cuando la Palabra se transforma en vida, pasamos a practicarla. Vive de acuerdo a las Escrituras.

3. Ten buenos compañeros espirituales. Sé amigo de personas con quienes puedes contar para madurar espiritualmente; amigos que van a orar por ti y contigo, amigos con quienes podrás desahogarte, pedir ayuda, de quien podrás recibir buenos consejos.

4. Ten un vivir colectivo. Estamos en un cuerpo, no somos miembros alejados. Es necesario tener un vivir colectivo, un vivir en comunidad con los hermanos. Participa de las reuniones de la iglesia, aprende con los maestros, sé apacentado por los pastores, aprende de las experiencias compartidas por los hermanos. Watchman Nee, en sus lecciones para el vivir cristiano, dice que en las reuniones de la iglesia vemos la gloria de Dios de una manera diferente y también recibimos refrigerio mutuo. Tal refrigerio se obtiene cuando vemos el disfrute de los hermanos y la vida que cada uno comparte, esa es la edificación del cuerpo y si al momento no puedes hacer eso presencialmente, hazlo de modo virtual, lo importante es que no dejes de vivir ese aspecto colectivo.

5. Confesión de pecados. Aquí retomamos lo que fue dicho al inicio, ten el hábito de orar pidiendo que El Señor sondee tu corazón, confiesa tus pecados, pide perdón a Él y pide perdón a los hermanos, si pecaste contra ellos, aplica la sangre de Cristo.

Prosigamos juntos, ayudándonos unos a otros, perseverando, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y seamos hijos maduros, hijos Huios.


Sabiendo Abigail de lo que intentaba hacer David contra su marido, rápidamente preparó provisiones y, junto a sus siervos, salió al encuentro de David (v. 18-19). La cantidad de comida – doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de pasas de uva y doscientos panes de higos secos – que Abigail preparó, aún con la ayuda de muchos siervos, no podría haber sido preparada de forma inmediata, lo que demuestra que ella estaba preparada.

Por el diálogo entre David y Abigail, podemos ver que ella conocía al SEÑOR y, por eso, ella sabía administrar su casa y ver más allá de lo convencional. La crisis no formó su carácter, sino solamente lo reveló.

Es curioso notar que ella fue advertida por uno de los siervos de su casa (v.14). Él hizo eso porque muy probablemente había una fama al respecto de la sabiduría de ella, y él esperaba que ella pudiese resolver esta situación, ya que el mal estaba determinado para su casa. (v.17).

Al encontrar a David, Abigail, humildemente, se postró ante él (v.23) y tomó la responsabilidad por Nabal (v.24), intercediendo por él delante del futuro rey (v.25). Ella era una mujer intercesora.

Lo que sigue ahora es sorprendente: Si David atacara a Nabal, no solo la familia de este sería afectada, sino todo el reino de Israel. Abigail vio eso, ella vio el reino. David debía luchar las batallas del Señor (v.28); si él hubiera derramado la sangre de Nabal, tal vez su reinado hubiese sido, en aquel momento, comprometido. A partir de ese versículo, Abigail pasa a profetizar, o sea, vemos también que ella era una profetiza.

A pesar de tener un marido vil, ella ganó entendimiento de Cristo, y así, un carácter según el corazón de Dios. Probablemente, por sufrir tanto con su marido, ella desenvolvió tal carácter. Muchas veces, es a través de sufrimientos que Cristo es formado en nosotros. Los problemas exponen cosas en nuestro corazón con las cuales necesitamos tratar.

La preparación para la crisis no surge de un día para el otro, el carácter no se desarrolla en una noche. Esto surge con años de entrenamiento, día tras día, entonces, ¡cuando surge un problema hay sabiduría! Lance Lambert decía: “Si no puedes reinar con Cristo en el fregadero de la cocina, no puedes reinar con Cristo en Su reino”. Son en las pequeñas situaciones que Él nos prepara. ¡Tenemos que aprender a reinar con Cristo todos los días! Tenemos que vigilar diariamente, estar despiertas y alertas para reconocer las señales del Señor.

Finalmente, David reconoció a Abigail como una mujer prudente y complaciente (v.33) y, cuando su marido falleció, herido por el Señor (v.38), él la tomó por esposa (v.39, 42).

Y en cuanto a ti ¿En tiempos de crisis, las personas te buscan esperando que sepas que hacer? La sabiduría solamente viene cuando aceptamos la disciplina del Señor (Pv. 29:15a).

Autor: Carolina Lacerda

Traducción del texto original en portugués COMO VENCER A FRIEZA ESPIRITUAL del blog Eu vos escrevi.