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Consagración

LA RESPUESTA DE DIOS PARA EL HOMBRE

Desde mi angustia clamé al Señor, y él respondió dándome libertad. (Sal. 118:5 NVI)

En el mar más lejano busqué una respuesta. 

En los cielos más altos anhelé una solución que pudiera satisfacer mi corazón. 

Pero no, aparentemente no había respuesta, no había solución. Me encontré en un abismo profundo. Tenía la sensación nostálgica y fría de que nuevamente todos mis planes estaban frustrados, que no había aprendido a desistir de mí, “del viejo yo”. Estaba cansado, y en ese punto reconocí que no estaba permitiendo que los planes del altísimo fueran cumplidos en mi interior y a través de mí. 

– ¿Por qué? – preguntó rápidamente mi corazón en aquel momento tan incierto, teniendo, (a pesar de no admitir), la falsa idea de que podía hacer algo bueno por sí mismo.

– Absolutamente todo lo que soy, lo que quiero, todo, todo y todo, fue entregado a mi Señor – respondió acelerado, inconforme y lleno de emoción. Y tenía sentido. ¿Cómo podría ser diferente?, después de encontrar al Señor, ¿Cómo no entregarle todo?

Pero la verdad es que no todo había sido entregado. 

– “¿Qué debo hacer?”, – Esta es la incesante pregunta de la mente. Y no solo pregunta, también analiza, después busca, comprueba y calcula arduamente un camino. Y cuando finalmente lo encuentra… En realidad, no lo encuentra. Y ¿Cómo podría encontrarlo? ¿el camino no es de Él? ¿no fue dado todo al amado Señor? ¿No es Él quien produce, en el interior del hombre, tanto el querer como las acciones? (Fil. 2:13)

– ¡Oh alma! ¡Ya me cansé! ¿No te importa vivir sin el Señor? – grité 

¿Respuestas? No, sólo silencio. 

En una fase en la que mi corazón tenía mil preguntas, realmente no sabía cuál podría ser la respuesta, para mí, que venía de la boca de Dios. Entonces clamé. Cansado, rogué por Gracia. Y así como en la experiencia del salmista, el Señor tuvo misericordia de mí. (Sal. 119:58)

– ¡Oh Jesús! ¡Oh amado! ¡Sé mi Gracia! – ¡llamé! ¡clamé! Y de repente, algo había cambiado en mi interior.  No es que ese dolor atribuido de sacrificio ya no estuviera conmigo. Al menos, en ese instante, aún estaba. Pero las dudas y preguntas no me incomodaban más. No era que había entregado la parte de mi corazón que aún no había entregado. No era que mi querer había sido cumplido y mi alma acariciada, por el contrario, estaba siendo machacado. Pero ¿Cómo no alegrarme al tocar al Señor en medio del fuego? ¡Una vez más estaba fuertemente, en la dulce presencia del Señor! Qué espléndido. Nada más me traería satisfacción. Él no solo vino como Gracia, también me presentó la única y real respuesta posible: Cristo. 

Porque aún en los días más nublados de mi alma, Él está aquí. Y aunque no lo vea, sé que Él está presente, consolándome lleno de cuidado, como el sol sobre las nubes en un día de lluvia. Así como la aurora que trae luz al lugar donde sólo había tinieblas – ¡que luz! El Señor vino a probar mi corazón una vez entregado al Grandioso Amor con tanta ternura. Cristo vino. Abundante en gracia y misericordia (Ef. 2:4). ¡Él es suficiente! ¡Él es la respuesta! ¡Cristo es todo en nosotros! (Col 3:10-11; Ro.11:36) ¡Él es la esperanza de gloria!

Sometiendo la fuerte lluvia, el corazón que ahora recibió gran luz, supo que hasta las lágrimas de arrepentimiento necesitan ser limpiadas por la sangre del Cordero. Y que, en aquel exacto instante, iluminado por la poderosa Luz de Dios, no necesitaba preocuparse en cambiar o resolver cualquier cosa, pues la misma Luz se había encargado de quemar todo aquello que Dios deseaba mostrar y eliminar. ¡Oh Señor Jesús!

– Siento paz. Aquí todo está bien- dijo todo mi interior al Señor, por el simple hecho de ser mi Señor. ¡Él es! Él no viene únicamente a responder preguntas. Mucho más que eso, Él viene como la única respuesta real y existente. Viene a ser la fuerte convicción, la única realidad – Alabado sea el Señor, porque ¡Cristo es suficiente! ¡La gracia es suficiente! Solo la palabra de Dios es verdadera. La voz del enemigo y la del alma no dicen lo que es real. Por eso, en el Señor debe estar nuestra plena convicción y atención. ¡Fuimos hechos para Él! en Él está la luz. En Él podemos entregar cada parte de nuestro corazón al padre. 

En medio de la tempestad, Pablo sabía que el barco naufragaría. Sabía que la lluvia no cesaría en días. Todo era para el Señor. Su viaje era para Dios, su vida era de Él. Por eso Pablo no dudó, su convicción más grande era que el mismo Dios, por su Gracia, ¡haría que todos se despertaran en tierra firme! “Y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.” (Hch. 27:24b- 25).

En nuestra vida cristiana, Dios permite que pasemos por muchas luchas y momentos problemáticos, pero cuando probamos la Gracia de Dios y contemplamos Su presencia, Él nos reanima de manera espontánea con el fluir de su vida vencedora. Cuanto más nos miramos a nosotros mismos o a las situaciones que tocan nuestro corazón, será mayor el dolor y la pobreza interior. Por eso, en medio de nuestras luchas humanas y espirituales, clamemos al Señor Jesús por Gracia y miremos hacia Él y Su gloria. Él es rico para con nosotros (Ro. 10:12). No importa cuantas veces sea necesario, o cual es nuestra petición, pongamos los ojos en Cristo y clamemos por Su Gracia. Cuanto más miramos a Dios, menos nos miramos a nosotros mismos. Cuanto más probamos Su gracia y Su Espíritu,  más satisfechos estaremos. Si te sientes necesitado, no te angusties, Cristo es Amor. Si tu necesidad es tener un vivir separado del mundo, no te preocupes, Cristo es Santo y justo para separarte y perdonarte. Si hay algo dentro de ti que te lleva fuera de la presencia de Dios, ve a Cristo, porque Él es Liberación (1 Co 1:30). Si no sabes cómo o qué camino elegir, no temas, porque Dios es luz y no hay ninguna tiniebla en Él. (1 Jn. 1:5). Cuando el gobierno de tu corazón esté en crisis, no dudes, simplemente ve al encuentro de la única respuesta real del universo: Cristo.

Autor: Celso Junior

Traducción del texto original en portugués A RESPOSTA DE DEUS PARA O HOMEM del blog Eu vos escrevi.

TEN TUS PROPIAS CERTEZAS

Certeza…  podemos decir que no nos resulta muy fácil encontrarla en estos días. Si eres una de esas personas que siempre tiene dudas, debes saber, así como yo, que no hay nada peor que la presión que ejercemos sobre nosotros mismos para encontrarla. Algunos afirman que lo mejor es decidir por el lado emocional, siguiendo a nuestro corazón; otros, por el lado racional, pensando en cada detalle. La verdad es que ambas formas de decidir son sumamente confusas. Y peor aún, las dudas nos detienen, nos estancan en la vida y nos paralizan. Por ejemplo: necesitas decidir qué camino tomar, pero no lo logras, y entonces te estancas o tomas una mala decisión.

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DÍA DE LA REUNIÓN DE IGLESIA

Es el día de la reunión de iglesia. Es ahí donde todo comienza. Te colocas la máscara y luego compruebas su utilidad.  Primeramente, en los umbrales de la entrada… un “¡amén! ¡Qué bueno verte aquí!”. Y tú respondes. Luego, suspiras… ya pasó. Aquel hermano no lo percibió.

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EL SECRETO ESPIRITUAL DE AQUELLOS QUE PERSEVERAN FIRMEMENTE

“En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron…” (Stg 5:11 NVI)
Sin duda, Ana fue alguien que perseveró y —como cualquier otro ser humano— a pesar de ser una mujer de espíritu fuerte, tuvo sus días de tristeza y de corazón abatido.

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¿TÚ ME AMAS?

¡Ah, hijo mío! Quería que supieras lo que es el verdadero amor …

 Te veo intentar complacerme e impresionarme con la fuerza de tu brazo, haciendo tu “camino”, con tu propia habilidad… Pero eres carnal. Nada de lo que provenga de ti puede complacerme. ¡Nada de lo que intentes puede satisfacerme! Te digo eso todos los días, pero parece que no me oyes.  ¿Cuánto tiempo correrás tras el viento? (Eclesiastés 2:11).

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¿CUÁL SERÁ TU ACTITUD?

Esta vez, queremos contarles a nuestros amados lectores acerca de dos hermanos, específicamente, de su actitud hacia una misma palabra recibida. Estos hermanos son Caín y Abel. Creo que muchos aquí ya conocen la historia, pero trataremos de extraer algunos puntos espirituales y prácticos para nuestra vida cristiana.

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“¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?” – ¿POR QUÉ DIOS SE AUSENTA?

¿Alguna vez ha pasado por la experiencia de orar y sentir que tu oración no tuvo efecto? ¿Ya te has sentido abandonado por Dios? Veamos algunos motivos por lo cual esto puede suceder.

Aun después de tantos años en la iglesia y de servir al Señor, muchos cristianos han experimentado la sensación de que Dios está ausente. Pero ¿por qué ocurre esto? En los seres humanos no mora el bien (Rm 7:18; Is 59:2), y por ello, existe una tendencia de echar siempre la culpa a una tercera persona. No es común que una persona reconozca que se equivocó, y de esto hablaremos en el texto. Perdemos la presencia de Dios porque nos equivocamos y pensamos que Dios dejó de amarnos. Nuestra naturaleza es orgullosa. Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos transforme en siervos humildes.

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¡NO QUEDARÁ NI UNA PEZUÑA! – DEJANDO EL MUNDO

Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré.  Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso (2 Corintios 6:17,18)

Así como Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, Él también desea liberarnos del dominio del sistema mundano. Sin embargo, no podemos estar relajados, pues sabemos que existen los sabotajes del Faraón. Por eso debemos ser diligentes.

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YA BASTA DE ESTA MONTAÑA RUSA DE SENTIMIENTOS

Ella acababa de regresar de la Conferencia de Jóvenes y ni siquiera podía explicar todo lo que sentía. Cuando le preguntaban si estuvo bueno, ella decía que había sido increíble. Pasó todo el día contándole a su familia cómo había sido la conferencia. Respondió los mensajes de WhatsApp que parecían interminables. Los que se quedaron la extrañaron, pero ella extrañaba la Estancia Árvore da Vida. Un sentimiento en el corazón le decía: “¡Ahora, sí! ¡Mañana mi vida cambiará!”. Y así fue: ella leía la Biblia y el alimento diario; los disfrutaba y compartía. Pero, a medida que pasó el tiempo, ese sentimiento cambió. Ella ya no tenía el mismo deseo de buscar al Señor y recordó: “¡Oh, cómo extraño la Estancia! Allí estaban mis hermanos, mis amigos y tenía la presencia del Señor en todo momento. Me equivoqué cuando pensé que ahora todo iba a cambiar. Lo que viví allí fue como un fuego de paja, fue algo pasajero. Es verdad… no tengo remedio”.

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